El 'inquilino' del mayor patio del centro

Camilo, en el patio de Maristas, y 'habitación' que ha improvisado en uno de los porches de acceso al polideportivo. /
Camilo, en el patio de Maristas, y 'habitación' que ha improvisado en uno de los porches de acceso al polideportivo.

Trabajador del campo durante años, conocido de los Servicios Sociales y enfermo en rehabilitación, pide ayuda para salir de su dramática situación

JAVIER CAMPOS LOGROÑO.

«No estoy aquí por gusto». Camilo lo tiene claro y lanza su mensaje para quien quiera escucharle. Portugués de 46 años, tras más de 10 años de estancia en España, este braguense ha vuelto al punto de partida de una vida que no le ha sido fácil: vivía en la calle en Oporto de la misma manera que hoy lo hace en Logroño, solo que siendo enfermo en rehabilitación -drogas y alcohol, de las que ya asegura estar 'limpio'- y con mil y una dificultades para encontrar trabajo.

Otra de las diferencias sería que Camilo Alves da Silva, que así dice llamarse, lleva algunas semanas ocupando uno de los accesos 'atechados' del polideportivo de los antiguos Maristas, entrando y saliendo del hoy abandonado patio por una de las puertas de Ciriaco Garrido, que abre y cierra con un candado que él mismo ha puesto. «En cualquier portal o cajero no podría dejar mis cosas con la seguridad que aquí...».

Lo dice por decir algo, pues esta misma semana, al regresar a su improvisada 'habitación', comprobaba para su desesperación que alguien había entrado y hurgado en sus cosas quitándole una chaqueta y una bengala. «Con la falta que me hacían», explica. Y es que Camilo, pese a verse obligado a vivir en la calle, ha hecho de su refugio una especie de pequeño 'hogar': barre, saca la basura y lo deja todo recogido antes de dejar atrás el muro.

Diario LA RIOJA ha podido comprobar durante semanas cómo Camilo madruga, se quita su pijama y deja sus zapatillas junto al colchón... se asea, incluso desayuna algo... y sale a buscarse la vida o, cuanto menos, a tratar de ponerla en orden. Al menos como el porche que le cobija, donde los últimos días los mosquitos le hacen compañía para su desesperación.

Trabajador del campo durante años, conocido de los Servicios Sociales casi la mitad de ellos, Camilo llegó a ser uno de los 'viejos' del proyecto Alasca, teniendo en el centro de alojamiento de baja exigencia a, como él dice, su familia. Sin embargo, las cosas se torcieron y tras saltarse algunas de las obligaciones del mismo se vio obligado a deambular... y buscar alternativas: el albergue de Cáritas en La Estrella las dos últimas olas de frío, tres meses dentro del propio edificio del colegio San José que queda en pie ocupando un despacho... hasta que lo tapiaron, claro. Comer, lo hace a diario en la Cocina Económica.

Camilo, sabedor de que su aparición en el periódico tendrá consecuencias inmediatas -«vendrán y me echarán», dice-, únicamente pide ayuda. Y es que se da la circunstancia de que el luso, separado y padre de un hijo de 22 años que estudia en la Universidad de Madeira -él mismo vivió muchos años en Funchal dedicándose al sector de la hostelería-, ha perdido la documentación, teme por su empadronamiento -ya tuvo problemas por ello en el 2008 por 'asuntos pendientes' con la justicia: pequeños hurtos en comercios y supermercados de productos de primera necesidad, según cuenta- y necesita viajar a Madrid para recuperar sus papeles y tramitar la Renta Activa de Inserción para comenzar a cobrar los 426 euros de ayuda a los que dice tener derecho a partir de agosto. «Con eso podré alquilar una habitación y espero que cambie mi suerte», confía quien ahora obtiene algo de dinero vendiendo «lo que pilla» en el mercadillo.

Y es que él no siempre ha estado en la calle, pues antes de la crisis el trabajo no le faltaba. «Llegaba a trabajar hasta 10 de los 12 meses del año en el campo: que si la vendimia, que si la poda... físicamente estaba mucho mejor que ahora», cuenta. Hoy, con la crisis, el panorama es bien distinto. «El año pasado trabajé 10 días y sólo me dieron de alta uno», lamenta. «Yo lo sabía, pero no me quedaba otro remedio que aceptarlo». Igual que dormir en uno de los porches del polideportivo de Maristas, en el que es el mayor patio del centro de la ciudad «con bonitas vistas», según sus propias palabras... Camilo 'lucha' por quedarse con lo bueno.