Y la luz vuelve a escalar

Y la luz vuelve a escalar

Cuatro meses de subida ininterrumpida reabren el debate sobre un mercado que no consigue ser eficiente | El recibo eléctrico alcanza máximos históricos por el precio de gas y carbón

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Y de nuevo hacia arriba. El recibo de la luz no deja de dar sorpresas. O, en realidad, no deja de hacer lo de siempre: encarecerse a tirones después de breves momentos de respiro. Septiembre ha llegado con récords en los precios de la energía, después de un agosto que fue nada menos que el 11% más caro que el del 2017. Según los cálculos que hace la agencia Efe eso supone 6,15 euros más en la factura media.

Unas subidas que vuelven al mismo: cómo (de mal) funciona el mecanismo de generación de precios y qué puede hacerse para que la factura sea menos volátil. Y, si puede ser, más barata.

¿Por qué ha subido la luz estos últimos meses? La explicación no es sencilla. Por un lado, porque en esta época se está usando más carbón y gas, al no funcionar tanto en esta época algunas renovables, como la eólica. Gas y carbón son siempre más caras que las renovables, pero en esta ocasión, más. La explicación: los llamados «derechos del carbono».

Agosto fue el 11% más caro que el mismo mes del 2017, y septiembre ha empezado con el 21% más

Las centrales de combustibles fósiles tienen que pagar, para poder funcionar, unos «derechos de emisión de CO2». Éste es un mecanismo que puso en marcha la UE para desincentivar el consumo de esos combustibles y luchar así contra el cambio climático.

Recientemente, la Unión dio una vuelta de tuerca más en ese empeño, anunciando una reforma legal por la que restringirá mucho el mercado de esos derechos. El resultado: los precios de los derechos de emisión han subido mucho en los últimos meses, y por tanto la generación eléctrica con gas y carbón es más cara.

. La política de la UE contra el cambio climático hace que las energías fósiles sean cada vez más caras

En realidad, estamos en un proceso en el que las cosas serán cada vez más así: las energías más sucias serán cada vez más caras, porque la idea es incentivar a que los consumidores, sobre todo los grandes, inviertan en energía limpia no por conciencia ecológica, sino porque les salga más rentable. El problema es que cuando, como ahora, el «mix» eléctrico (es decir, qué parte de la energía es de origen renovable y cuál no) tenga más de fósil, la factura subirá. A esto hay que añadirle que España tiene un sistema de subasta mayorista que no ayuda precisamente a la transparencia, ni a la contención de precios.

Septiembre, por ejemplo, no será mejor: los precios de los primeros días ya son el 21% superiores a los del año pasado. Y así el consumidor «tipo» acogido al Precio Voluntario al Pequeño Consumidor (PVPC) o tarifa regulada por el Gobierno -con una potencia contratada de 4,4 kilovatios y un consumo anual de 3.000 kilovatios hora (250 KWh al mes)- alcanzó los 62,51 euros, frente a los 56,36 euros de hace un año y los 60,94 euros a los que llegó en julio pasado.

En España hay once millones de clientes que tienen esta tarifa, que es para una potencia contratada menor o igual a 10 kilovatios (KW) y a la que deben estar acogidos los beneficiarios del bono social eléctrico (el descuento sobre la factura de la luz para colectivos definidos como vulnerables), mientras que más de 16 millones (cerca del 60 % del total de los consumidores eléctricos) tienen contratos en el mercado libre.

Las compañías eléctricas afirman que no se están beneficiando de estas últimas subidas y han recordado que la mayor parte de la factura regulada no lo constituye el coste de la electricidad, sino los peajes y los impuestos.

El recibo de la luz soporta ahora el 21 % de IVA y el impuesto especial de electricidad, del 5 %, a lo que hay que sumar los peajes, que el gobierno del PP mantuvo congelados durante cuatro años, aunque no consideró conveniente tocar los impuestos.

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