«La vigilancia del lenguaje es la vigilancia de la democracia»

El periodista Tulio Hernández, en una estancia en Gijón. :: luis sevilla/
El periodista Tulio Hernández, en una estancia en Gijón. :: luis sevilla

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

El pasado mes de mayo, el periodista Tulio Hernández tuvo que salir a la carrera de Venezuela. Reclamó a los jóvenes de su país que se defendieran de los ataques de las fuerzas de Maduro y el presidente venezolano reclamó a la justicia que le buscara para internarlo en una prisión. Primero Colombia y después España, en donde reside, han sido el destino de su exilio. Esta semana participará en las Jornadas Futuro en Español.

- ¿En qué lado del Atlántico se habla mejor español?

- En ningún país se habla mejor español que en otro. Hay que diferenciar entre lengua y habla y lo que define la riqueza del español son esas particularidades, el hecho de que en cada país no haya una sola habla. El atropello al lenguaje, sobre todo en los medios, es común a todos los países. Una de los temas que voy a tratar en Logroño es cómo la vigilancia del lenguaje tiene que ver con la vigilancia de la democracia. Lo primero que hacen los gobierno totalitarios y los enemigos de la democracia es enturbiar la transparencia del lenguaje para que las cosas no signifiquen lo que significan.

«George Orwell habló de la neolengua y los venezolanos la sufrimos »

- Algo así como la neolengua de Orwell.

- Orwell habló de la neolengua y los venezolanos la sufrimos. En Venezuela está prohibido decir prostituta, hay que decir trabajadora del sexo. No se puede decir, con castigo de cárcel, preso, hay que decir privado de libertad. Es muy interesante cómo el poder, que conoce exactamente el sentido creador del lenguaje, trata de controlarlo.

- ¿Y cómo ve Venezuela desde el exilio?

- De muchas maneras. Veo lo malo, la represión, los presos políticos, el hambre que pasa la gente, las escenas de grupos de inmigrantes atravesando la frontera de Colombia. Desde fuera se hace más dolorosas esas imágenes por la impotencia. Cuando estaba allí me afectaba menos.

- ¿Y el periodismo venezolano?

- En Venezuela tienes dos posibilidades: una, trabajar para los medios que son mayoría, ya sean del Estado o medios privados comprados por empresarios al servicio del Gobierno. Eso no es periodismo, ya que el periodista pasa a ser una predicador de una verdad única, un prestidigitador que trata de que no se vea el horror de la realidad que vivimos y que sigue llamándose periodista. Los otros son los que ya no pueden hacer periodismo. Ha habido una estampida de periodistas venezolanos porque no hay donde trabajar y los que se han quedado han creado nuevos medios. Todavía queda algún medio libre, sobre todo radios y periódicos de provincias.

- ¿Entonces los venezolanos desconocen la realidad auténtica de su país?

- Lo más interesante ha sido que Venezuela es el país que más utiliza las redes sociales para informarse. El periodismo ha sido una de las grandes víctimas de la polarización del país. Los ciudadanos están permanentemente engañados por personas inescrupulosas de la oposición que inventan informaciones como por los laboratorios muy sofisticados de guerra sucia del Gobierno. Los periódicos libres no son censurados por el Gobierno sino que se les niega el papel. En Venezuela no se produce papel y se necesitan dólares, que son monopolio del Estado. No tenemos una dictadura militar tradicional ni un modelo comunista ni una democracia. Hay un modelo neototalitario que aspira al control absoluto de la vida social de las dictaduras manteniendo la máscara, el maquillaje de las democracias. Eso hace que sea tan difícil de comprender que las izquierdas europeas signa enamoradas del mito del gran revolucionario y que justifiquen para América Latina lo que nunca justificarían para sus países.