La última coreografía del Vélez de Guevara

Natalia Oliván, en la última fila, asumió el mando de la actividad deportiva en 2005. :.

El colegio se despide de la rítmica con una actuación final dedicada a la fallecida Natalia Luján, origen y alma de la actividad durante más de tres décadas

Luismi Cámara
LUISMI CÁMARALogroño

Ha sido un año difícil para el equipo de gimnasia rítmica del colegio Vélez de Guevara de Logroño. El más difícil. La falta de niñas ha hecho que la última competición de la temporada haya sido también la que eche el cierre a más de tres décadas de este deporte en el centro.

Sin embargo, el día más duro para las niñas y entrenadoras que han competido a lo largo de todos estos años llegó el 21 de febrero. Ese día falleció a los 49 años tras una larga enfermedad Natalia Luján, origen y alma de un proyecto que se puso en marcha en 1987, cuando la Asociación de Padres y Madres de Alumnos consideró que era importante que en el colegio se realizaran actividades deportivas.

Natalia consiguió implicar cada vez a más niñas e hizo crecer el equipo con mucho esfuerzo. Años después, siguió tutelando las coreografías y los vestuarios en la distancia desde Madrid y, pese a mantener su implicación y compromiso con el colegio, cedió el testigo en 2005 y pasó la vara de mando a las buenas manos de sus pupilas Natalia Oliván y Carolina Muñoz aunque, poco después, fue la primera la que quedó como única responsable y cabeza visible del club A contratiempo.

Natalia Luján, arriba a la derecha, mantuvo el vínculo con el centro hasta el final.
Natalia Luján, arriba a la derecha, mantuvo el vínculo con el centro hasta el final.

El 26 de mayo, el Vélez de Guevara fue llamado por última vez por megafonía para saltar al tapiz

Se vivía entonces una época dorada, cada vez con más alumnas y entrenadoras implicadas, títulos en aeróbic y rítmica, participaciones en campeonatos nacionales...

Pero cada vez entraban menos alumnas del Vélez, llegaban más niñas de fuera del colegio y el gimnasio se quedó pequeño. «En su día nos parecía un lujo pero no podíamos mover las paredes y los aparatos chocaban con el techo», explica Oliván. «En una ocasión -desvela-, una lámpara acabó cayendo encima de una gimnasta».

Mientras tanto, «la competencia creció y se formaron clubes que contaban con mejores condiciones para entrenar», continúa contando la entrenadora.

El sueño por el que tanto se había peleado comenzaba a desvanecerse. Pero todavía en sus estertores mantuvo el nivel con un conjunto que en los últimos años siguió acaparando éxitos. Ese equipo, ya veterano, fue el encargado de decir adiós, el que recibió los últimos focos.

Natalia Luján afrontaba también en estos años su enfermedad con gran entereza, luchando hasta el desenlace fatal, pero sin romper el vínculo que le mantenía unida al Vélez de Guevara.

Por eso, la coreografía definitiva fue mucho más allá de la tristeza del final deportivo. El 26 de mayo, en el Palacio de los Deportes logroñés, el Vélez de Guevara fue llamado por última vez por megafonía para saltar al tapiz. La última exhibición.

Ataviadas con un pañuelo en la cabeza, mallas arlequinadas en blanco y negro y una camiseta blanca en la que destacaba un lazo negro, las trece muchachas le dedicaron a Natalia la última coreografía de la mejor manera posible, «con los nervios y las emociones a flor de piel». En ese momento, relata desde la emoción Natalia Oliván, «no importaban las medallas, importaban las razones».