«El tratamiento es un incordio, pero te da la vida. Yo tenía pavor»

Miguel López. /L.R.
Miguel López. / L.R.

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

Miguel López ha recuperado la tranquilidad y vuelve a disfrutar del campo riojano. En el 2016 concluyó un tratamiento de cinco años de inyecciones hasta que la vacuna consiguió inmunizarle contra el veneno de la avispa.

«Yo tenía pavor porque la reacción es rapidísima y no te da tiempo a nada si no estás preparado con el antihistamínico y la ampolla de adrenalina. Era terror, porque por muchas precauciones que tomes, es muy difícil evitar que te piquen, así que ahora estoy feliz, es una tranquilidad porque, claro, te va la vida en ello», resume.

Todo ocurrió hace siete años, en el verano del 2011. «Fui a pasar unos días a un pueblecito de León para visitar a mi madre y allí me picó una avispa en la mano y se me inflamó un poco, pero sin más. Cuando volví aquí, bajando un día de Sorzano a Logroño, había entrado una avispa al coche y me picó y unos minutos después tuve que parar en el arcén porque empecé a sufrir mareos y enrojecimiento de la piel en todo el cuerpo. Llame rápido a mi mujer, que es enfermera, y me puso una inyección para parar la reacción».

Eso fue un sábado y el lunes fue al CARPA, a Alergología, donde, tras las pruebas, empezaron a administrarle la vacuna, primero semanal y, tras alcanzar la dosis de mantenimiento, mensual. «Hace dos años me hicieron revisiones semestrales y ahora ya anuales. El tratamiento es un incordio, pero te da la vida», remacha.

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