«Trabajaba de lunes a viernes, no hacía noches y cobraba 1.200 euros más; hay que estar loco para no cogerlo»

«Trabajaba de lunes a viernes, no hacía noches y cobraba 1.200 euros más; hay que estar loco para no cogerlo»

Raúl ha regresado a La Rioja tras obtener una plaza en las últimas oposiciones, pero asegura que las condiciones en el País Vasco le permitían ejercer «con otro ánimo»

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

Raúl es médico. Vaya por delante que no es su nombre real. Prefiere mantener su identidad a resguardo por temor a que compartir su testimonio con este diario tenga repercusiones en su carrera profesional. En el 2017 terminó su residencia en Logroño y nada más acabar le ofrecieron un contrato que llaman de refuerzo: «Es una especie de acúmulo de tareas, es decir, que es para lo que haga falta».

Así que con su primer contrato laboral en la mano se fue a Calahorra a suplir las vacaciones, bajas y demás de sus compañeros. Una tarea ingente, especialmente en verano. En agosto de hace dos años, trabajó 28 días de los 31 del mes y es que «La Rioja tiene una particularidad, te obligan a trabajar horas extra fuera de tu jornada normal, que en aquel momento eran 147 horas», señala. De ahí que hubo meses en los que casi hacía pleno y eso «te desgasta». Así aguantó prácticamente todo el verano y en invierno la situación se tranquilizó.

«Quemados de trabajar

Pero llegó el verano siguiente y la situación se repitió. Además, un compañero enfermó y, como no había nadie para cubrir su hueco, se repartieron su trabajo entre cuatro facultativos. «Era agotador -recuerda- en agosto del 2018, en quince días, tuve que trabajar siete u ocho noches y, en medio, alguna mañana para sustituir a algún compañero. Llegó un momento en el que no podía dormir ni de día ni de noche». No acabó ahí. Poco más tarde les dijeron que, además de Calahorra, debían ir a apoyar por las mañanas a los compañeros de Santo Domingo: «Estábamos quemados de tanto trabajar».

«Llegó un momento en el que no podía dormir ni de día ni de noche»

Le llegó una oferta del País Vasco y como las condiciones de trabajo «eran mucho mejores la acepté, pero no me incorporé hasta enero pasado por no perjudicar a mis compañeros, aunque la decisión la tenía tomada desde septiembre», relata. «La diferencia era trabajar de lunes a viernes, no haces noches ni fines de semana y además cobras 1.200 euros más; hay que estar loco para no cogerlo». En contraposición, aquí «era sábado 24 horas, domingo 24 horas, cuando fuera y noches, también las que fueran», explica.

El trabajo diario también era muy diferente. Diez minutos por paciente que «te permiten trabajar con más calidad y con otro ánimo, mientras que aquí son seis minutos y además, a día de hoy, la cantidad de pacientes que te pueden poner es infinita porque no hay un tope». Pero entre sus planes figuraba presentarse a las últimas oposiciones de sanidad celebradas en La Rioja, sobre todo porque ya había pagado el examen. Quizá porque iba relajado sacó plaza: «Por ese motivo volví, si no, no habría vuelto».

Diez minutos por paciente que «te permiten trabajar con más calidad y con otro ánimo

Finalmente se incorporó a su nuevo puesto de trabajo en un municipio de La Rioja el pasado mes de junio, pero antes había agotado el tiempo que le dan para hacerlo, y al final, el poso que le queda es que lo hizo «por la tranquilidad de tener trabajo a largo plazo, porque económicamente he salido perdiendo». En su caso, le pesó más el hecho de tener una plaza en propiedad, pero cuenta que hay compañeros que la rechazaron incluso porque no les compensaba.