El tiempo en el que las mafias de Portugal manejaban el corquete

El tiempo en el que las mafias de Portugal manejaban el corquete

Captaban y explotaban a personas sin recursos de los barrios marginales de Portugal a las que llegaban a imponer un régimen de semiesclavitud

L. J. R. LOGROÑO.

Las mafias, sobre todo las de origen portugués aunque no exclusivamente, han encontrado durante años en la vendimia riojana el caldo de cultivo perfecto para enriquecerse. Hasta límites insospechados. Su papel siempre es el de intermediarios. El de comerciales del esfuerzo ajeno. El de comisionistas del trabajo de los demás. La fórmula tampoco entiende mucho de innovación: captan trabajadores (en muchas ocasiones en origen), los traen hasta La Rioja y los van moviendo por diferentes zonas realizando labores de vendimia. Al final de la campaña se quedan una parte no menor del salario del temporero... cuando no con todo.

Son organizaciones perfectamente estructuradas que, sobre el terreno, controlan una o varias cuadrillas. Un capataz (principalmente de origen luso) va trasladando a los temporeros de un lugar a otro y ofreciendo sus servicios a los agricultores que solo se tienen que preocupar de pagar la cantidad acordada. Siempre al capataz. Él parte, él reparte...

No hay que remontarse mucho en la hemeroteca para encontrar casos de explotación laboral vinculados a la vendimia. Explotación laboral que roza la esclavitud. Hace ahora un año la Guardia Civil desarticuló una de estas mafias formada por tres portugueses que tenían trabajando a 40 compatriotas en condiciones de semiesclavitud. El cabecilla captaba a sus víctimas entre las clases bajas de Portugal. Allí les ofrecía buena remuneración, seguro, alojamiento y manutención. Al llegar a España la realidad era diferente: vivían hacinados en pésimas condiciones de higiene y salubridad en dos viviendas de Entrena y Sorzano, realizaban jornadas de hasta 10 horas de trabajo y de los 50 euros ofertados por día, en el mejor de los casos recibían 15 (les descontaban alojamiento, alimentación, transporte...). Además, eran sometidos a una estrecha vigilancia, les prohibían contactar con sus familiares y eran amenazados si querían dejar el trabajo. Fueron detenidos tres hombres de 40, 49 y 54 años de edad.

Pero la gran operación tuvo lugar entre los años 2005 y 2008 y en la que colaboró la Guardia Civil de La Rioja, la Policía Judiciaria de Oporto y Eurojust, el organismo europeo contra la delincuencia organizada. Aquel dispositivo se cerró con la detención de 28 personas acusadas de explotar a 3.000 temporeros portugueses en La Rioja, Navarra, Álava y Zaragoza.

El grupo mafioso estaba integrado por un centenar de personas de varios clanes que también captaban a sus víctimas entre los estratos más bajos de la sociedad portuguesa (de familias desestructuradas, adictos a drogas o alcohol) a los que se les prometía un sueldo de entre 600 y 700 euros además de alojamiento y manutención.

Una vez en La Rioja, responsables del clan abrían cuentas corrientes a sus nombres para que los empresarios españoles les ingresaran allí sus salarios, se quedaban con los números secretos de las cuentas, les retenían las cartillas para acceder a ellas y disponían libremente de sus ingresos.

Además los cabecillas de la red proporcionaban a los 'esclavos ' prostitutas y drogas, descontándoles por ello grandes sumas de dinero, de tal suerte que, al final, los trabajadores pasaban largas jornadas de trabajo en los campos riojanos prácticamente a cambio de comida, tabaco y un alojamiento muy precario. Estaban sometidos, describía en el 2008 el responsable de la Guardia Civil en La Rioja, «al régimen del terror».

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