Tatuajes con poca autoridad

Bruno muestra su antebrazo libre de tinta, después de borrarse el tatuaje que llevaba (imagen superior). :: B.c./
Bruno muestra su antebrazo libre de tinta, después de borrarse el tatuaje que llevaba (imagen superior). :: B.c.

El Ejército restringe la incorporación de personas tatuadas: un joven riojano cuenta su fallida experiencia

EDUARDO GARCÍA

Puedes intentarlo, pero con el tatuaje no te van a dejar entrar. Esto le dijeron a Bruno desde el Ejército. Su historia es curiosa, siempre quiso trabajar en las Fuerzas Armadas, así que en el 2013, cuando cumplió la mayoría de edad, decidió que era el momento de apuntarse a la convocatoria que se iba a celebrar en Burgos. «Yo siempre tuve la ilusión de ser militar, pero llevaba en el antebrazo izquierdo tatuado el nombre de mi hermano, así que el chico que trabajaba en Defensa me inscribió en la convocatoria pero luego me convenció de que lo mejor era que no acudiera porque me iban a rechazar cuando lo vieran».

En el año 2013 se endureció la normativa en el Ejército, por lo que Bruno no iba a pasar las pruebas ya que el tatuaje quedaba a la vista con el uniforme veraniego puesto. Persiguiendo su sueño, este joven najerino decidió borrarse a Saúl, el nombre de su hermano, de la piel, a través de cirugía láser, un tratamiento muy costoso (200 euros por sesión) en comparación con el precio del tatuaje (unos 80 euros). Al año siguiente volvió a presentarse, después de una larga preparación y con su piel libre de tinta. La sorpresa llegó cuando el propio Ejército le «multó» (le impidió examinarse por no haber acudido a la convocatoria anterior). «Me desmoralizaron, me dijeron que con el tatuaje no pasaba las pruebas, pero no me avisaron de que me penalizarían si no comparecía, creo que el Ejército cometió una injusticia conmigo».

La normativa actual prohíbe el acceso a las Fuerzas Armadas a todas aquellas personas que porten tatuajes «visibles con cualquiera de los uniformes reglamentarios del Ejército o de la Armada». Aunque una vez dentro, no hay código que regule el asunto, salvo aquel que prohíbe los tatuajes que atenten contra los valores constitucionales, ideológicos y, en general, todos aquellos que resulten ofensivos. Fuentes autorizadas del Ejército confirman a este diario la normativa, establecida en el Boletín Oficial del Estado desde el Ministerio de Defensa, y que no ha variado con los años. Desde entonces Bruno desistió en su empeño de ingresar en la brigada de cazadores de montaña, aunque no descarta volver a presentarse en un futuro. «El propio Ejército muchas veces no quiere a cierta gente en sus filas, y a mí como me vieron con tatuajes me convencieron para que no me presentara y al año siguiente me impidieron hacerlo», apunta este joven de 23 años.

El veto afecta a aquellos tatuajes que no sean cubiertos por los uniformes ordinarios

Fuentes de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, el mayor sindicato del cuerpo, también denuncian el estigma social existente contra la gente con tatuajes que, afirman, «no ha desaparecido con los años». Desde la organización aseguran que no entienden la normativa, similar a la del Ejército, «cuando el propio Grande-Marlaska (ministro de Interior) lleva tatuajes muy visibles en sus brazos».

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