EL TALISMÁN

MANUEL RUIZ HERNÁNDEZ EL ANÁLISIS

Como otros muchos enólogos, hemos tenido oportunidad de elaborar vinos tintos en otras regiones españolas. Haciendo uso de nuestro leal saber y entender, hemos logrado vinos de buena calidad y después hemos dirigido su crianza. El paso comercial ha sido perezoso y no acorde con su calidad. Nos ha costado introducirlo comercialmente y los industriales que nos llamaron comentaban, dentro de la decepción comercial, que la misma comercial bajo el nombre de Rioja habría abierto mejor el mercado. Realmente el nombre de Rioja es un talismán y, por ello, hemos de valorarlo, mantenerlo y transmitirlo a los riojanos del futuro. Este talismán nos obliga a considerar unas condiciones básicas morales y experimentales que debemos vigilar todos los riojanos: cuando hablamos de unidad familiar no nos limitamos a la unidad vitícola, sino también vitivinícola.

Hubo una época en que intentamos dar más conocimientos a bodegas pequeñas y, sorprendentemente, fue poco aconsejado por las grandes unidades. Luego el problema no es de bodegas versus viticultura, sino de competitividad.

Honestidad, raíces y ciencia. A partir de las raíces, prolongadas como ciencia, el logro ya solo necesita la honestidad comercial.

Hoy hablar de condiciones morales parece rancio, pero si hoy es tan rentable el nombre de Rioja es por la siembra en barbecho que hicieron riojanos del siglo XIX.

Los riesgos son los desajustes o deshonestidades comerciales que no basta sean penados por la CRDOC Rioja, sino que afectarían de modo contaminante al sector.

Pero el riesgo más importante sería el combate de ciencia contra raíces. Tal batalla se ha librado, ya hace más de 40 años, en alguna zona vinícola hispanoamericana, donde la ciencia cuestionó las raíces diciendo... «aumentando el rendimiento por hectárea no se resiente la calidad» cuando nuestros abuelos decían lo contrario, o cuestionando la edad del viñedo, cuando la ciencia logró descubrir que con viñedo joven no puede lograrse vino de calidad. Esta batalla de la ciencia contra las raíces ha llevado a regiones vitivinícolas al ahogamiento por superproducciones.

Tales planteamientos que se dicen científicos lo serían «seudo» y son uno de los modos taimados de aumentar rendimientos. No se trata de producir más, sino revertir más beneficio por hectárea.

 

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