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«Hay que ser cabrón para prenderle fuego al monte»

La Guardia Civil investiga el incendio de Ojacastro y la localidad agradece la eficiencia del operativo

Víctor Soto

Logroño

Una cinta de la Guardia Civil corta el acceso al camino que desemboca en el monte Goluzia, donde el domingo sobre las 15.00 horas ... se vieron los primeros penachos de una humareda que acabó con más de 11 hectáreas de superficie arbolada y monte bajo. En pleno corazón de la Demanda y ante las condiciones actuales, casi parece un milagro que no fuese a más. «No entró en el roble casi porque este guarda todavía humedad. En septiembre hubiera sido otra cosa», analiza Fortu Silvestre. «Quemó pinos malnacidos y matorral», añade.

Él fue uno de los primeros en intervenir, junto a su hermano, el alcalde y el alguacil. Se lamenta de la zona en que empezaron las llamas. «Cuando las vimos parecían poca cosa, pero estaban en lo alto y no podíamos hacer nada. Si hubiera sido más abajo, algo hubiéramos hecho aunque fuese con una escoba», añade.

Con su tractor, es uno de los pocos que puede eludir el rígido control policial para dar de comer a sus 150 vacas en un verano especialmente seco. El fuego se quedó a poco más de un kilómetro de su explotación. «Pasamos algo de miedo al principio, pero llamamos y enseguida vinieron. Aunque en ese momento los minutos nos parecían horas», recuerda. Y alaba el despliegue, como el alcalde de Ojacastro, Luis Martínez. «Vinieron de todo tipo de medios y muy rápidos. Eso te da mucha tranquilidad», analiza.

Lejos, en el barranco de Malarriña, todavía queda algún rescoldo. El puesto de mando avanzado, efectivos médicos y otros medios ya se han marchado pasadas las 10.00 horas de este lunes. También los medios aéreos dejaron sus descargas el domingo. Por la noche se controló el perímetro y en la zona una buldozer, dos autobombas, agentes forestales y agentes de la Guardia Civil trabajaban con un incendio controlado, que ya pasadas las 17.30 horas se daba por extinguido.

Después de realizar una inspección ocular pero ya lejos del foco, miembros del Seprona realizan las pesquisas para tratar de hallar la causa de un incendio extraño y, que desde la localidad, apuntan como intencionado. «A las 15.00 horas de un domingo no hay nadie en el monte», asegura Martínez. «Hay que ser cabrón para prenderle fuego al monte», remata enfadado Fortu Silvestre.

No es la primera vez, sino la tercera en los últimos quince años, en que esa zona se ve envuelta en humo. «Se le ha metido en la cabeza a alguien y no va a parar», añade Silvestre.

Mientras los trabajos de extinción se desarrollan herméticamente, la Vía Verde del Oja, que une Ezcaray y Ojacastro, es un continuo ir y venir de paseantes y ciclistas. «Llegamos ayer a Ezcaray y cuando pasábamos con el coche por la carretera le dije a mi mi mujer que olía a humo y lo vimos. Pero ya por la noche no se percibía nada», describe José María, un paseante vasco. «Yo ni tan siquiera me he enterado y eso que me han dicho que vinieron aviones, que desalojaron las piscinas...», tercia otro caminante todavía sorprendido.

A la espera de la extinción definitiva y cuando ya han pasado 24 horas desde ese primer momento de temor, resulta inevitable echar un vistazo al monte agostado por este verano inclemente y no soñar con alguna tormenta que refresque la pira natural en que parece convertirse el monte cada día que pasa. «Dentro de lo malo, lo bueno es lo bien y lo rápido que han actuado todos los medios. Ha sido asombroso», concluye el alcalde de Ojacastro.

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