El radar que más multa en La Rioja

El radar de El Villar de Arnedo, el más activo de La Rioja. / JUSTO RODRÍGUEZ
El radar de El Villar de Arnedo, el más activo de La Rioja. / JUSTO RODRÍGUEZ

El aparato instalado en la N-232 en El Villar de Arnedo, una pesadilla para los infractores al volante | La DGT detecta un repunte de los excesos de velocidad en la Nacional 232 desde el desvío obligatorio de camiones a la AP-68

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Trece radares fijos vigilan los excesos de velocidad en las carreteras riojanas. Especialmente controlan la AP-68 -en donde se han registrado algunas de las infracciones más graves- y la Nacional 232. Entre las dos vías acumulan siete de los trece dispositivos de vigilancia instalados en la región. Esos cinemómetros son los que más han contribuido a ampliar el volumen de sanciones impuestas en La Rioja que, tanto en el 2017 como hasta el pasado mes de agosto, han triplicado los registros habituales. Así, frente a las 12.037 multas impuestas en el 2015 o las 14.621 del 2016, durante el año 2017 los radares fijos sorprendieron a 42.360 conductores circulando a una velocidad excesiva. Al cierre del año en curso se batirán todos los récords toda vez que hasta el pasado 30 de agosto ya se habían tramitado 39.771 denuncias por exceso de velocidad, la sanción más frecuente en La Rioja y en el conjunto del Estado. La infracción, también, con mayor tasa de mortalidad y de lesionados de carácter grave.

A los datos anteriores hay que sumar los de los radares móviles, que mantienen una tónica similar a la de cursos anteriores: 15.000 infracciones en el 2017 y casi 5.000 hasta el cierre de agosto.

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De manera paralela, lo que también se ha disparado ha sido la recaudación -desde la DGT insisten en que la presencia de los radares, sobre todo la de los fijos, persigue un efecto meramente disuasorio-. A falta de los datos del 2017 y de cerrar el curso del 2018, y teniendo en cuenta que el importe medio de la multa impuesta por los radares fijos es de 178 euros, Tráfico facturará algo más de 7,5 millones de euros por las infracciones del primer año mientras que hasta el cierre de agosto habría tramitado multas valoradas en 7 millones. En el 2016 ese importe fue de 2,3 millones.

¿Han pisado los conductores riojanos más el acelerador desde el año 2017? ¿Qué hay detrás de ese repunte de las infracciones registradas por los radares fijos? Dos son las claves: la primera, el umbral de tolerancia de los cinemómetros; la segunda, la capacidad de los sistemas de control de discriminar por tipo de vehículo y vincular su velocidad máxima permitida con la real (camiones, vehículos articulados, tractocamiones, furgones y automóviles con remolque de hasta 750 kilogramos). A ello hay que sumar el plan INVIVE (intensificación de la vigilancia de la velocidad), que señalizó y aumentó el control de las infracciones en los tramos de carretera más peligrosos del país (30 de ellos en La Rioja) y que se revisan periódicamente.

Hasta 100 kilómetros por hora la tolerancia del radar es de 7 km; a partir de esa velocidad, del 7%

El punto de partida de las dos primeras medidas fue en el año 2015. Con el objetivo de «reducir la siniestralidad», además de reubicar radares en vías convencionales que antes controlaban autovías o autopistas, la DGT unificó en el territorio de su competencia el denominado umbral de tolerancia de los cinemómetros, esto es, el exceso de velocidad sobre el máximo permitido a partir del cual se detecta la infracción. «Antes había radares que según su ubicación, según las condiciones climatológicas, etc., tenían diferentes umbrales de tolerancia», explica Beatriz Zúñiga, jefa provincial de Tráfico de La Rioja. Ese cambio hizo que entrara en vigor la denominada 'regla del 7' de la velocidad. La explicación es sencilla: cuando la velocidad máxima permitida es inferior a 100 kilómetros por hora el umbral del tolerancia es de 7 kilómetros por hora. Superado ese margen, se activa el cinemómetro (38 en vías limitadas a 30; 48 en las de 40; 58 en las de 50 y así sucesivamente). A partir de los 100 kilómetros por hora la tolerancia es del 7% y los radares se activan a los 109, 120 y 131 kilómetros por hora en vías limitadas, respectivamente, a 100, 110 y 120.

Además, de manera progresiva los radares se han ido actualizando para poder distinguir qué tipo de vehículo comete la infracción de velocidad y así aplicar la sanción en función de la limitación específica aplicable a cada uno de ellos: camiones, autobuses y furgonetas no pueden superar los 90 kilómetros en autopistas y autovías, los 80 en carreteras convencionales y los 70 kilómetros por hora en el resto de vías fuera de población.

Con la Nacional 232 como la vía más controlada de la región, el desvío obligatorio del tráfico pesado a la AP-68 ha frenado de manera drástica la mortalidad (este año se ha registrado un único accidente mortal) pero, advierten desde la DGT, ha incrementado la velocidad de los conductores. «En la Nacional 232 se ha intensificado la vigilancia y se reubicaron los radares pero, por desgracia, estamos viendo que ante la disminución de camiones, los turismos que circulan por esa vía están excediendo la velocidad máxima. Quizá sea una cuestión de mayor confianza al no haber vehículos pesados, pero ese incremento de la velocidad es notable», lamenta Zúñiga, que recuerda que «las consecuencias de un accidente con exceso de velocidad siempre son mucho más graves».

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