Salud administra a 35 riojanos las vacunas contra la alergia al veneno de avispa y abeja

Salud administra a 35 riojanos las vacunas contra la alergia al veneno de avispa y abeja

La Rioja registra una media anual de nueve casos de reacciones graves a las picaduras de los himenópteros

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

La llegada del buen tiempo alegra los ánimos, adorna los campos y vuelve a llenar la vida al aire libre de la latosa compañía de los insectos, especialmente cuando el verano arranca tras meses de intensas lluvias, como el actual. Moscas, mosquitos, tábanos... y el riesgo añadido de los picotazos de los himenópteros, abejas y avispas, una experiencia simplemente molesta para la mayoría de la población, pero en la que a algunos ciudadanos les va la vida en el encontronazo con el aguijón por su alergia al veneno de estas especies. Como ocurrió el pasado julio en Galicia, donde en apenas semana y media tres personas fallecieron tras sufrir un shock anafiláctico, una reacción alérgica generalizada letal.

Un peligro del que en principio ha escapado el casi centenar de pacientes diagnosticados en La Rioja que están siendo sometidos al tratamiento con vacunas o que ya lo han concluido tras cinco años de visitas mensuales al servicio de Alergología.

CONSEJOS PREVENTIVOS

No se acerque a colmenas, panales de abejas ni a nidos de avispas
Si accidentalmente ocurre, aléjese con movimientos lentos.
No haga aspavientos
Si una abeja o avispa se posa sobre su cuerpo, no intente espantarla, permanezca quieto o haga movimientos lentos y suaves hasta que se marche.
Huya de colores llamativos
Cubra su cuerpo con prendas de colores discretos y no camine descalzo. Evite cualquier espacio con abundancia de flores.
Olores
No use perfumes, lacas o desodorantes de olor intenso porque atraen a los insectos.
Evite comer al aire libre, sobre todo frutas y compruebe que no hay abejas o avispas en su comida o bebida antes de llevarla a la boca.
Ojo con las latas abiertas
No ingiera de latas de refresco o botes de bebidas dulces que hayan quedado abiertos al aire libre sin asegurarse de que no haya entrado un himenóptero. Una picadura en lengua, paladar o garganta puede dificultar la respiración.
Sacuda la ropa antes de vestirse, puede haber algún insecto.
Si ya le ha picado aléjese de la zona porque las feromonas liberadas pueden atraer a más insectos y sufrir nuevas picaduras.

«En la actualidad tenemos a 35 personas con vacunas por la alergia al veneno de las avispas o las abejas: 20 por avispas, 8 para polistes y 12 para véspula; y otros 15 para abejas, apis. Para la avispa asiática o vespa velutina no hay una vacuna específica porque, aunque son más grandes y parece que pueden inyectar más veneno, los componentes de éste son similares a los de la véspula», explica el doctor Teófilo Lobera, jefe de Alergología del sistema público de Salud de La Rioja, que detalla que otros 58 pacientes-30 para avispa, 21 para véspula y 9 para polistes; y los 28 restantes para abejas- han concluido ya el latoso pero efectivo tratamiento.

«La reacción suele ser muy rápida y, en ocasiones, fulminante»

«La reacción suele ser muy rápida y, en ocasiones, fulminante» TEÓFILO LOBERA / JEFE DE ALERGOLOGÍA

Las picaduras de estos insectos producen la mayoría de las veces una reacción solo local, más o menos intensa y extensa. «Las sustancias que inyectan los insectos son vasoactivas y pueden producir una reacción localizada, que debe tratarse con agua y jabón y aplicando frío local», aclara el doctor, que recuerda que «hay personas que pueden responder de una manera más exagerada y en esos casos lo recomendable es acudir al médico o tener a mano una pomada con antihistamínico y corticoide».

«Estos pacientes son preferentes y entre dos semanas y un mes se empieza el tratamiento de 5 años»

«Estos pacientes son preferentes y entre dos semanas y un mes se empieza el tratamiento de 5 años» TEÓFILO LOBERA / JEFE DE ALERGOLOGÍA

El problema llega cuando la persona picada es alérgica y el veneno le produce una reacción sistémica, la más grave. «La reacción suele ser muy rápida y, en ocasiones, fulminante. Cuando se produce, suele aparecer un cuadro generalizado de urticaria, inflamación de ojos, dificultades respiratorias, mareos e incluso, pérdida de conocimiento, que es lo que marca la gravedad. Entonces hablamos de un shock anafiláctico, que puede provocar incluso la muerte, como ha ocurrido recientemente en Galicia», resalta el experto.

Aproximadamente el 3% de los españoles -unos 9.000 riojanos- sufre reacciones alérgicas generalizadas por el veneno de avispas y abejas, y la tasa de mortalidad anual se estima en 0,08 por millón de habitantes, lo que significa que unas tres o cuatro personas podrían fallecer cada año por esta causa, según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

«Aquí en La Rioja no hemos tenido ninguna muerte», se felicita el jefe de Alergología, que aporta otros datos claves sobre la incidencia: «Hace tres años, la doctora Idoia González Mahave hizo un estudio sobre reacciones de anafilaxia recogidas en el servicio de Urgencias, el seguimiento duró un año, y de los 99 casos registrados, nueve habían sido por picaduras de himenópteros, avispas o abejas, todos ellos ocurridos entre los meses de junio y octubre. Este año pasado hemos participado en un estudio nacional recogiendo de nuevo los casos y ha vuelto a repetirse la cifra de nueve episodios».

La dosis de dos picaduras

Cuando se da un caso de estos, los pacientes son remitidos a Alergología, en el CARPA, donde se realizan pruebas específicas para descubrir el agente causal de la reacción. «Los pacientes que nos llegan son preferentes y entre dos semanas y un mes, tras realizar los análisis, el estudio y el informe, se empieza el tratamiento con la vacuna necesaria frente al veneno del himenóptero concreto. Todos los que han tenido una reacción sistémica están con vacuna, porque esa reacción es grave y peligrosa; además, los estudios indican que si vuelve a haber una picadura la reacción puede ser ya gravísima», relata el doctor Lobera.

Según los estudios, la vacuna supone más del 90% de protección y el paciente, aunque deberá llevar la ampolla de adrenalina autoinyectable por si acaso, no necesitará otra medicación, ya que lo que se inyecta en la dosis de mantenimiento es el equivalente a dos picaduras de insecto, para garantizar una protección muy alta. «Las vacunas se fabrican con los componentes del veneno y las porciones sensibilizantes y la proporción que se alcanza en la dosis de mantenimiento es el equivalente a dos picaduras», concreta el doctor, que recuerda que «todas las vacunas contra las picaduras de himenópteros las controlamos aquí en Alergología, no se ponen en los centros de salud, porque todos los estudios demostraron que se producen reacciones».

Por eso, prosigue «en estos casos, en vez de la clásica de las vacunas de pólenes o ácaros, hacemos una pauta rápida y en tres o cuatro días alcanzamos la dosis de mantenimiento, que es la eficaz. Empezamos con una pequeña cantidad y se va aumentando poco a poco la cantidad y la concentración, tratando de engañar un poco al organismo por así decirlo, hasta que se alcanza la dosis de mantenimiento. Esa dosis máxima se repite luego cada cuatro semanas, y luego cada seis, durante cinco años».

Concluido ese periodo, el paciente abandona el tratamiento, presuntamente ya inmunizado. «Aquí solo hemos tenido un caso en el que, al cabo de un tiempo, el paciente volvió a sufrir una reacción sistémica, por eso deben llevar la ampolla de adrenalina», aclara el jefe de Alergología.

Aunque no es lo habitual, una persona puede ser alérgica a más de un tipo de veneno. «Nosotros tuvimos un caso en el que el paciente era alérgico al veneno de abejas y avispas y hubo que ponerle dos vacunas; y otro, que lo era al veneno de las dos familias de véspidas -polistes y véspula- y lo mismo, se le trató con las dos vacunas», explica el experto.

Como en todas las alergias, en éstas también se desconoce la razón. «Te han podido picar varias veces y no ha pasado nada, pero de repente un día el organismo reacciona así y se sensibiliza a algo a lo que nunca lo ha sido», detalla el doctor Lobera, que recuerda que «los apicultores, como sufren continuas picaduras están continuamente, entre comillas, inmunizándose o vacunándose, pero a la vez son el colectivo que tiene más riesgo de reacciones de anafilaxia».

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