Rincón recupera su tañido

Los rinconeros pudieron ver de cerca las cuatro campanas durante la mañana de ayer. / Sanda Sáinz

Las campanas del municipio vuelven a la torre parroquial tras ser reparadas en Valencia y Alemania

Sanda Sáinz
SANDA SÁINZRincón de Soto

A mediados de julio del año pasado la empresa '2001 Técnica y Artesanía' se llevó cuatro de las cinco campanas de la parroquia de San Miguel Arcángel de Rincón de Soto para su reparación y este martes fueron devueltas a la localidad.

El proceso de recuperación ha tenido lugar en Valencia y también en Alemania, país en el que una firma especializada soldó la llamada 'San Miguel', que tenía una grieta de más de 30 centímetros desde el día de San Valentín del año 2015.

La intervención en las cuatro contempla su limpieza, instalación de nuevos motores y también la sustitución de los yugos de hierro por otros de madera. El objetivo: recuperar los sonidos originales y mejorar su aspecto.

Las campanas fueron trasladadas a Rincón de Soto el lunes y el martes, utilizando una enorme grúa, se depositaron en la torre-campanario de la iglesia. A lo largo de esta semana se procederá a su instalación en sus respectivos lugares.

Además, la quinta campana, de nombre 'María', no pudo ser bajada por su tamaño (1,30 metros de boca y más de 800 kilos de peso) ya que no cabe por los ventanales. Se limpiará 'in situ' y se le dotará de un martillo nuevo, según indicó el párroco Miguel Ángel Rodríguez, quien explicó que se han invertido 32.000 euros (20.000 el Gobierno regional y 12.000 el Ayuntamiento) gracias a la 'orden de restauración de ermitas, iglesias, retablos y demás elementos singulares'.

Por último, los operarios colocarán unas mallas para impedir la entrada de aves y favorecer el mantenimiento de la torre.

Las campanas de cuartos y 'María' son fijas (góticas, fechadas entre 1500 y 1530) y la 'garbancera' (1947), 'el campanillo' (1950-1980) y 'San Miguel (1843), de volteo.

Un recuerdo

La expectación fue máxima en el municipio y muchas personas acudieron para ver las inscripciones, fotografiar las campanas, inmortalizarse con ellas, grabar vídeos y observar cómo las elevaban hasta el cielo mientras comentaban entre anécdotas e historias sobre estas piezas. «Algo así quizá no ocurra más, por lo menos nosotros no lo veremos», decían.

Por allí estaba el rinconero José García. A sus 96 años recordaba: «cuando fui concejal se puso el sistema eléctrico para las campanas y costó 44.000 pesetas. Cada vecino tuvo que colaborar con 25 pesetas».