«La religiosidad popular aglutina mucho y la Iglesia está todavía muy viva en La Rioja»

El obispo Carlos Escribano, en un momento de la entrevista concedida a Diario LA RIOJA en la mañana del pasado martes. :: /Juan Marín
El obispo Carlos Escribano, en un momento de la entrevista concedida a Diario LA RIOJA en la mañana del pasado martes. :: / Juan Marín

El obispo anima a crear espacios de diálogo para crear una sociedad mejor y recuerda que «muchas veces lo que quiebra el respeto es manejarnos con prejuicios» | A 24 horas de la mayor demostración de religiosidad popular que se recuerda, Escribano se defiende: «No es un acto rancio»

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

Aragonés por los cuatro costados aunque en su dni figure como lugar de nacimiento, en 1964, Carballo (La Coruña), el obispo Carlos Escribano destila estos días emoción e ilusión. Pasado mañana, sábado, emprende el mayor reto desde que se pusiera al frente de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño: el inicio de una misión diocesana de cuatro años que arrancará por todo lo alto con una misa en la plaza de toros y una procesión con 61 imágenes por las calles de Logroño que serán multitudinarias y a las que invita a todos los riojanos.

- ¿Es consciente de dónde se han metido?

- Claro que es un momento complejo para la organización, pero cuando hay tanta gente empujando con ganas y con ilusión las cosas son más fáciles. Barajamos distintos planteamientos para poner en marcha la misión y nos pareció que hacer un encuentro de la religiosidad popular podía ayudar a que nuestra gente se sintiese protagonista de esta acción que va a durar cuatro años. La religiosidad popular ayuda porque al final es la fe de nuestro pueblo, que está muy arraigada, y es, además, un momento de gratitud a nuestros mayores que han sabido conservar la fe y transmitírnosla.

«Hay que perdonar, pero muchas veces el perdón requiere reparación y justicia», avisa Escribano sobre los casos de abusos

- La iniciativa tiene el apoyo expreso del Papa Francisco.

- Yo participé recientemente en Roma en el sínodo de los obispos y en uno de los intermedios hablé con el santo padre y grabamos un pequeño vídeo con mi móvil en el que envía su apoyo y ánimo. Pero hace ya tiempo, cuando empezamos a madurar la idea de iniciar una misión, se lo transmití y me dijo que adelante con un rotundo «metele» argentino porteño. Eso te da mucha alegría e ilusión, claro.

- ¿Por qué es necesario hacer esto ahora? No digo que hubiese dado la espalda a la sociedad, pero ¿había renunciado durante años la iglesia a acercarse a ella?

- Quizá en el fondo porque somos conscientes de que, como dice el Papa muchas veces, no es que estemos en una época de cambio, sino en un cambio de época. La realidad social que tenemos delante ha ido cambiando y se ha producido una mutación. Esto tiene elementos que son enormemente positivos, eso es evidente, y tenemos que estar muy orgullosos de nuestra sociedad, pero entendemos también que hay aspectos que pueden seguir siendo iluminados por la luz del Evangelio y por el mensaje de Jesús. Quizá una de las dificultades que podemos tener es cómo podemos llegar a esa realidad que tenemos delante, ese es el reto. Por eso la misión tiene distintos escenarios planteados: por una lado, la realidad de la gente en nuestras parroquias, que es a la que hemos convocado expresamente; pero también hay que diseñar espacios para acercarnos tanto a esa gente que pudo estar en la Iglesia y que se ha ido separando, como a aquellos que están ausentes absolutamente, aquellos para los que el hecho religioso no tiene ningún significado o que piensan que formamos parte o somos una reliquia del pasado. Nosotros creemos que podemos seguir caminando juntos y crear espacios de diálogo.

- Lo del sábado, ¿es una muestra de fortaleza, del músculo que mantiene en la región la iglesia católica?

- Yo no lo calificaría como tal, aunque puede interpretarse así. Lo que sí es cierto es que la Iglesia en La Rioja está todavía muy viva, aunque muchos piensan que hay momentos en los que parece que languidece. Cuando tú haces una convocatoria y de una manera espontánea e ilusionada hay una respuesta como la que esperamos, quiere decir que sigue habiendo muchos elementos que siguen articulando la realidad de nuestros pueblos y de nuestras parroquias y que hay mucha gente comprometida. La religiosidad popular aglutina mucho y hay un entramado social muy importante que está impregnado de una fe y eso un gran aliado para nosotros.

- Hay quien estos días les ha criticado por ese acto que consideran rancio y propio de épocas pasadas. ¿Qué les diría?

- Yo creo que no es un acto rancio. El hecho de que convoquemos a las imágenes es mirar al pasado con agradecimiento porque las imágenes al final representan esa fe que se ha mantenido en nuestra tierra.

- ¿Se ha perdido el respeto a las creencias, a los ritos... A todo?

- Puede ser, pero yo creo que el respeto surge también de la capacidad de conocernos mutuamente y de saber que tenemos muchas cosas que aportarnos. Lo que muchas veces quiebra el respeto es el manejarnos con prejuicios, si al final yo tengo un estereotipo de lo que tú eres o de lo que tú haces, automáticamente no sé realmente qué hay en tu trasfondo y en tu corazón. Esa es una de las cosas que ha surgido con gran fuerza en el sínodo, la importancia de la escucha, de acercarnos. Puede haber estereotipos que nos descalifiquen, pero hay muchísimos elementos que tienen una grandísima riqueza y que pueden ser factores que construyan socialmente.

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- Muy a menudo, quienes critican a la iglesia católica parece que evitan toda censura a otras religiones. ¿Lo siente así?

- También es lógico, porque es la religión mayoritaria y tiene más presencia. No obstante, yo considero que las críticas que puedan existir no nos pueden desanimar; al contrario, nos tienen que llevar a mejorar. Hay críticas que son injustas, es cierto; pero otras nos vienen bien para entrar en el proceso al que nos ha llamado el Papa, a la conversión personal y la conversión pastoral. A veces hay críticas que sencillamente expresan necesidades y eso es bueno no olvidarlo, a veces pueden ser la queja de un corazón que en un momento determinado plantea cuestiones a las que hay que salir al paso. Las críticas nos pueden hacer crecer, pero entiendo que tienen que ser críticas constructivas y basadas en una escucha mutua y en un querer construir juntos.

- Hay quienes les reclaman avances, una modernización y una limpieza que pasaría por la expulsión y la condena de aquellos que se han portado como auténticos monstruos. ¿Por qué a las religiones les cuesta tanto pedir perdón?

- Esa es una realidad profundamente dolorosa y en ese tema hay que estar siempre muy cerca de las víctimas, estar a su lado, ver las necesidades que puedan tener y apoyarles. Evidentemente, hay que acometer, además, procesos que nos permitan actuar de una manera preventiva y pidiendo perdón. Yo creo que es una realidad ante la que hay que salir al paso y hay que hacerlo de la manera adecuada, como empezó el Papa Benedicto y ha seguido el Papa Francisco. Es verdad que ha podido haber gente que ha hecho cosas que son monstruosas, pero yo quiero romper una lanza por todos aquellos que han hecho tanto bien a tantas y tantas generaciones. Es bueno no olvidar esto para centrar el problema.

- ¿Se puede perdonar todo pecado?

- Hay que perdonar, pero muchas veces el perdón requiere reparación y justicia. Una cosa es el perdón y otra que si se ha hecho un daño que trasciende hay que repararlo.

- ¿Le ha fallado la fe alguna vez?

- Buena pregunta... No la fe no, pero sí es cierto que a veces las tareas son más complicadas y es cierto que el Señor a uno lo pone a prueba, pero en el fondo siempre aparece esa presencia de Dios en la que uno puede apoyarse y seguir creciendo. Eso lo ha vivido el obispo como joven creyente, como seminarista, como cura y ahora, hay veces que hay que pasar pruebas, pero al final siempre tienes la realidad de una presencia que a uno le termina fortaleciendo.

- ¿Se puede ser católico, un buen cristiano, sin ir a misa ni orar? ¿No es más importante ser buena persona y ayudar al prójimo?

- Ser buena persona y ayudar al prójimo es muy importante, pero la experiencia de la fe no solo es concreción moral de una serie de acciones, sino que es el encuentro con alguien, con Jesús, que ha tocado mi corazón y ha cambiado mi vida y que me exige coherencia y consecuencia. El cristiano cuando lo es de verdad no tiene más remedio que ser bueno.