Protegidas y vacías

Julián Iñigo
JULIÁN IÑIGOLogroño

Duele leer que 283 viviendas de protección oficial construidas en La Rioja antes del 2015 continúan vacías. Sus promotores, públicos o privados, no las han podido vender y, pese a ello, se niegan a arrendarlas. ¿Sus motivos? Prefieren mantenerlas 'nuevas' y sin ocupar a la espera de un comprador que llevan años buscando infructuosamente antes que ofrecerlas en régimen de alquiler. Una situación enquistada y difícil de entender en pisos concebidos por las instituciones para fomentar el acceso a la vivienda a sectores con dificultades económicas y que hoy permanecen cerrados a cal y canto.

La burbuja inmobiliaria ha cambiado de hábitat natural y ya no se circunscribe al mercado inmobiliario de venta. Ahora flota a sus anchas también en el de alquiler. Los promotores niegan la mayor y acotan el hinchazón de los arrendamientos a las grandes ciudades, léase Madrid y Barcelona. No es cierto. Según publicó este periódico en base al informe de uno de los dos principales portales inmobiliarios de España, el precio medio del alquiler de un piso en La Rioja en el mercado libre alcanzaba ya a finales del pasado año los 649 euros, superando así la cuota mensual que se abona por un préstamo hipotecario en la región, en torno a los 550 euros. Hace sólo seis años, un inquilino pagaba de media en la comunidad por un piso tipo 470 euros al mes.

La demanda del mercado de alquiler se ha disparado por diferentes motivos y ello ha puesto los precios a punto de ebullición. La jaleada recuperación económica no encuentra eco en una población aún atemorizada por los rigores de la crisis y que no acaba de salir de sus garras. Factores como la inestabilidad laboral, los bajos salarios o el temor a perder el empleo son elementos disuasorios más que suficientes a la hora de meterse de cabeza en una hipoteca a veinte o treinta años vista. La crisis nos ha cortado de raíz aquellas alegrías patrias tan nuestras con el dinero que no teníamos y que pedíamos con animoso optimismo a los bancos. Consecuentemente, la opción del alquiler, tan boyante en otros países europeos, ha ganado enteros aquí.

Y en esta tesitura es donde resulta difícilmente admisible que esas 283 viviendas protegidas, que contaron en su día con el visto bueno y las ayudas de la Administración autonómica, permanezcan vacías y cogiendo polvo durante años. Así que, por pura cuestión de responsabilidad, debería tocar al Gobierno regional atreverse a meter mano al asunto con alguna propuesta imaginativa. Una fórmula que pueda satisfacer a la vez al sector y a futuros aspirantes a ocupar las viviendas, en el régimen que se acuerde, y que desbloquee semejante disparate. Sin embargo, la Consejería de Fomento no parece advertir un crecimiento de la demanda y afirma que existe oferta protegida o subvencionada suficiente para cubrirla. No sé cómo andará la demanda, pero ayer entré en el portal de la bolsa de alquiler del Gobierno de La Rioja como simple usuario y busqué piso en Logroño. Me encontré con dos ofertas. Dos. Igual era mal día...