Profesores ven «imposible» que hubiera abusos en el despacho del logroñés procesado

Imagen del inicio de la sesión de ayer del juicio del 'caso Gaztelueta', que continuará hasta el jueves. :: fernando gómez/
Imagen del inicio de la sesión de ayer del juicio del 'caso Gaztelueta', que continuará hasta el jueves. :: fernando gómez

Docentes y exalumnos aseguran que era un «lugar muy transitado», aunque nunca nadie entró durante las tutorías entre víctima y acusado

K. DOMÍNGUEZBilbao

Tercera jornada del juicio del 'caso Gaztelueta'. Turno para cuatro profesores del colegio y tres exalumnos que cursaron sus estudios en los años que supuestamente se produjeron los abusos de los que está acusado un docente logroñés y por los que podría pasar hasta 10 años en prisión. Todos los comparecientes -en su mayoría propuestos por la defensa- coincidieron en afirmar que el despacho de J.M.M. -donde se habrían producido las agresiones sexuales- era un «lugar muy frecuentado» tanto por maestros como por estudiantes, y en el que «en cualquier momento podía entrar» alguien. «Lo hacíamos continuamente porque allí se guardaba el botiquín, las tizas, los boletines de notas, y además estaba el teléfono. Ibas y si la puerta estaba cerrada, tocabas y entrabas», afirmaron varios de los comparecientes.

La defensa del profesor insistió en este detalle a lo largo de la jornada para remarcar la idea ya apuntada en las primeras jornadas del juicio: en ese despacho es «imposible» que el profesor abusara de J.C. porque alguien, en algún momento, les habría sorprendido. Era de uso público y, según los testigos, durante el día no se cerraba con llave. «Tal es el movimiento que hay habitualmente, que es como si hubiera sucedido en la Gran Vía a las once de la mañana. El tráfico es continuo», valoró un profesor que en los cursos bajo investigación impartió Matemáticas al joven. «Era el despacho más solicitado del pabellón», remató uno de los alumnos.

A preguntas de la acusación y también del propio presidente del tribunal, Alfonso González Guija, los testigos admitieron que nunca intentaron entrar en esa dependencia mientras el acusado y la víctima estaban en la tutoría. Es decir, jamás vieron a los dos en su interior, ni durante los supuestos abusos, ni tampoco en una actitud normal entre preceptor y alumno. Además, ninguno de ellos pudo certificar si la puerta se podía cerrar por dentro con llave.

«Era algo raro que le sacara tanto de clase», afirmó ayer un compañero de clase de la víctima

A lo largo de sus testimonios, los docentes y los exalumnos confirmaron los argumentos ya expuestos en las dos sesiones celebradas la pasada semana. El principal, que J.C., durante los cursos 08-09 y 09-10, faltó «mucho a clase», «más que el resto de compañeros». «Era delicado de salud», resumió ayer el que fuera su entrenador en el equipo de fútbol del colegio, cuyos hijos, también alumnos de Gaztelueta, fueron preceptuados por el acusado. Según la defensa, la razón por la que J.M.M. sacaba de clase a J.C. con mayor asiduidad y durante más tiempo para realizar tutorías era, precisamente, para que no perdiera el ritmo de las asignaturas y no decayera su rendimiento académico. Este hecho no pasó desapercibido para el resto de compañeros de clase, que lo usaron para reírse de él y acosarle -varios alumnos fueron expedientados por ello-. «Era algo raro que le sacara tanto de clase», confirmó ayer uno de los exalumnos que testificó en la vista.

«Tal es el movimiento que hay, que es como si hubiera sucedido en la Gran Vía a las once de la mañana» Profesor del colegio gaztelueta

Acta notarial

Durante la sesión de ayer, la abogada de la acusación particular reclamó a los testigos relacionados con Gaztelueta -profesores y exalumnos- aclaraciones sobre un acta de manifestaciones que todos ellos firmaron ante notario una vez el caso de los supuestos abusos saltó a la luz pública. En ese documento, mostraban su confianza en el acusado y su incredulidad ante la posibilidad de que pudiera haber abusado de J.C. en su despacho. A preguntas de la letrada, todos los testigos afirmaron que ellos no escribieron esa declaración, sino que se la entregó ya redactada un responsable del propio colegio Gaztelueta, quien también se encargó de abonar los gastos notariales. «La leí, me gustó el texto y lo firmé. Me pareció correcto», apuntó uno de los docentes.

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