«Lo primordial es buscar ayuda, la denuncia y lo demás ya vendrán luego»

Bárbara Romo. :: /Antonio Díaz Uriel
Bárbara Romo. :: / Antonio Díaz Uriel

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

«Estamos en una situación mejor que hace unos años porque las mujeres empiezan a saber que tienen apoyo y recursos de ayuda a los que acudir que antes no existían y, además, hay un compromiso mayor por parte de toda la sociedad. Pero, pese a esa evolución increíble a nivel social, asistencial y judicial, queda muchísimo por hacer, porque estamos viendo que hay un retroceso de actitudes y conductas machistas que pueden llevar a la violencia de género a los jóvenes». El diagnóstico llega de una voz experta, Bárbara Romo (Logroño, 1976), jurista y responsable desde el 2012 de la Oficina de Asistencia a las Víctimas del Delito.

Tras destacar que «el avance en todas las comunidades no es igual, aquí por nuestro tamaño y por la red que se ha establecido desde la Comunidad Autónoma la coordinación no puede ser mejor», Romo recuerda que la Oficina de Asistencia funciona como ventanilla única desde el 2015. «Ofrecemos a las usuarias una atención integral. Pueden venir aquí sabiendo que es el lugar de confianza, el espacio en el que puede contar su historia, donde se le va a ayudar a nivel social, jurídico, psicológico, sociolaboral... Se trata de incorporarlas de nuevo a la vida, pero no como víctimas, sino como mujeres, madres, trabajadoras...».

Problema juvenil

Algunas llegan por propia iniciativa, otras lo hacen derivadas y al resto van a buscarlas por partes del SOS Rioja 112 o tras recibir la orden de protección judicial. «Lo importante es que busquen ayuda antes incluso de denunciar, eso es primordial, primero lograr la ayuda, todo lo demás ya vendrá luego cuando esté preparada o cuando sea necesario», aclara la responsable del recurso, que comparte la preocupación mostrada por otros expertos: «Nos falta profundizar en la educación para lograr algún día acabar con el problema de raíz, algo que se está haciendo ya en los centros educativos pero que hay que completar en casa también.

No entendemos qué ha ocurrido en el salto generacional, porque había actitudes que antes teníamos claro que no eran tolerables y ahora sí se toleran», advierte, para destacar que «lo más preocupante es que está bajando muchísimo la edad de víctimas y agresores, con casos de 15 años, y nos encontramos con una incapacidad intergeneracional para transmitirles lo que está bien y lo que no. Los adolescentes de ahora normalizan muchísimo las conductas de celos y de control».