Aquí no hay playa... ni hace falta

Arnedillo. Las pozas y sus afamadas propiedades terapéuticas siguen siendo destino turístico preferente en La Rioja Baja. :: ernesto pascual/
Arnedillo. Las pozas y sus afamadas propiedades terapéuticas siguen siendo destino turístico preferente en La Rioja Baja. :: ernesto pascual

Ezcaray, Bañares, El Rasillo y Arnedillo son cuatro pueblos riojanos que multiplican su población en verano por los turistasLos municipios de La Rioja hacen su 'agosto' con los veraneantes, atraídos por sus ríos, pozas y embalses

DIEGO MARÍN A.

Pueblos apacibles en invierno hierven en verano. Y no sólo por el calor. En La Rioja no hay playa pero tampoco parece que haga falta. A veces un embalse, un río, una poza, si no hay piscina, es suficiente para refrescarse. O aunque la haya. En Ezcaray, por ejemplo, la poza de la cascada del río Oja es un pastel para los sofocados veraneantes. El pueblo bulle estos días en que, además del puente de la Asunción, ha celebrado San Lorenzo.

Las terrazas de las plazas de la Verdura y del Conde de Torremúzquiz se cotizaban al alza a la hora del vermú y al anochecer. Los hosteleros, por supuesto, lo han notado para bien. Francis Paniego, miembro de la familia Paniego Sánchez que regenta cuatro negocios hosteleros en Ezcaray (La Arboleda del Sur, Echaurren, El Portal del Echaurren y El Cuartito), más un hotel de cuatro estrellas, reconoce que «en agosto está todo el país de vacaciones y siempre es cuando más se trabaja».

En el municipio riojalteño se da todo tipo de turismo, el residencial y el esporádico, mucha gente visita la villa durante una jornada y otra tanta tiene allí su segunda vivienda. «Nosotros tenemos clientes de todos los tipos, hay muchos habituales de toda la vida que han hecho de Ezcaray su lugar de veraneo y vienen a comer al Echaurren cada día; y otros muchos de los que se alojan en nuestro hotel lo hacen con un claro perfil gastronómico, para comer o cenar en El Portal, visitar bodegas y descubrir el paisaje riojano», explica Francis Paniego. Aunque el cocinero con tres estrellas Michelin considera que es pronto para comparar este verano con el del 2017, cree que «en general, se ven menos extranjeros que otros años, probablemente debido a la recuperación de otros destinos, como Egipto y Grecia, así que no creo que España bata este año el récord de turistas porque arrastramos los efectos de un invierno muy duro en lo meteorológico y de una primavera muy lluviosa». En ese sentido, Ezcaray, considera Paniego, «es muy sensible y el mal tiempo nos perjudica».

«Es el momento de mayor trabajo y hemos de compensar la tranquilidad que reina el resto del año», afirma Francis Paniego

Los 2.069 habitantes censados con los que cuenta la 'primera villa turística de La Rioja', fácilmente pueden multiplicarse por diez en momentos puntuales del verano. «Es el momento de mayor trabajo y los negocios hemos de compensar en este mes la tranquilidad que reina en el pueblo el resto de año entre semana», advierte Paniego, eso sí, destacando «los profesionales de la hostelería» con los que cuenta Ezcaray, que «cada día lo hacen mejor, la oferta es de una altísima calidad».

No muy lejos sucede un caso significativo, el de Bañares. Sus 268 vecinos se convierten en más de 2.500 gracias al camping. Incluso, durante el puente de San Ignacio, en julio, contaron con sus 2.400 plazas 'completas' con una estancia media de entre cinco y siete días. La mayoría son parejas jóvenes con niños que encuentran allí una auténtica ciudad con cafeterías, médico, parafarmacia, parques, piscinas y toda una programación cultural con juegos, conciertos, animación... No hace falta salir del recinto de cerca de 200.000 metros cuadrados para vivir. «Ofrecer tantos servicios es lo que hace que la gente no necesite salir del camping en sus vacaciones», explica Jon Salgado, quien regenta los campings de Bañares y Navarrete, además de presidir la Asociación de Campings de La Rioja.

La mayoría de los clientes del camping son vascos «pero desde que montamos el 'splashpad' notamos un aumento de clientela de La Rioja (Logroño, Lardero, Villamediana), algo que nos ha llamado la atención, aunque también vienen cántabros, madrileños y catalanes», explica Salgado, quien detalla que este año está siendo similar al 2017, que fue histórico para el camping.

Francisco García, onubense que reside en Bilbao, suma 23 años veraneando en Bañares junto a su esposa, Mayte Londrín, y en principio también con sus hijos. «Vinimos porque nos recomendaron el clima para uno de nuestros hijos, que tenía asma, y le vino de maravilla: se curó; aunque ahora él es el que menos viene», recuerda Francisco, quien intenta acudir todos los fines de semana a su propio módulo.

«Al completo o casi»

Por otra parte, y según informa Javier Ezquerro, en El Rasillo de Cameros es comentario general el gran ambiente que reina en las calles durante este verano, quizás más que otros años. Tras una primera quincena de julio «horrible» por las intensas tormentas que azotaron la comarca, ha seguido un mes «estupendo», describen los hosteleros y residentes del pueblo. En estas fechas todas las casas rurales se encuentran «al completo o casi», apunta María José, una de las pioneras en el turismo rural camerano, impresión que corrobora Matías, del bar Plaza, quien registra una «frenética actividad» en su negocio desde hace semanas, igual que el vecino bar La Garlopa, donde su propietario, Nacho, no para de servir consumiciones. En el Hostal Cameros, que ofrece servicio de restaurante, el trasiego de vehículos en su aparcamiento y clientes en el establecimiento también es intenso.

Buena parte del atractivo de El Rasillo para los turistas es el embalse González Lacasa y su club náutico. Su responsable, Roberto Fernández, apunta a que «el hecho de que este año haya tanta agua en el embalse ha ayudado a que la gente venga porque es más fácil bañarse», además de que «aquí el calor no es tan fuerte como en Logroño y la zona ribereña del Ebro».

Igualmente en La Rioja Baja, concretamente en Arnedillo, informa Ernesto Pascual, es complicado encontrar durante estas fechas un vecino nativo. Manteniendo el pálpito de todo el año, la villa de las aguas termales sigue siendo un referente turístico. «Durante los primeros días de la semana, y más por el cambio de quincena y el relevo de turistas que supone, vivimos unos días más tranquilos», describe el alcalde arnedillense, Pedro A. Montalvo, y añade: «Pero a medida que vaya llegando el fin de semana volveremos a llenarnos». La sensación de lleno la ratifica el Balneario, el mayor hotel de La Rioja. «La ocupación en este verano está en el 95%, aunque varía mucho de un día a otro con reservas de última hora», expone su director, José Miguel Guzmán. Como en el de los otros establecimientos de la villa del Cidacos, el perfil del cliente es, en su mayoría, el de familias con niños que se divierten en su piscina de olas, pero también se mantiene el terapéutico.

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