«Cuando te pierdes en tu ciudad y no sabes volver a casa es hora de acudir al médico»

Ana Ayensa, en la sede de AFA Rioja. :: jonathan herreros
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Ana Ayensa, en la sede de AFA Rioja. :: jonathan herreros

La Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer celebró ayer el Día Mundial con una cuestación y mesas informativas en las principales calles Ana Ayensa Presidenta de AFA Rioja

M. MAYAYO LOGROÑO.

Todo comienza con pequeños despistes, olvidos sin importancia. Pueden ser, pero conviene activar la alerta. Explica Ana Ayensa, presidenta de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer de La Rioja (AFA Rioja), que «cuando te pierdes en tu ciudad y no sabes regresar a casa, cuando no sabes cómo se llama tu hijo o no recuerdas en qué día estás» es hora de acudir al médico. Porque esta enfermedad está infradiagnosticada (se confunde con otras demencias) y, aunque no tiene cura, la atención precoz es capital, los tratamientos existen y consiguen ralentizar su progresión. La Rioja celebró ayer el Día Mundial del Alzhéimer bajo el lema 'Alzhéimer ConCiencia Social', con una cuestación y mesas informativas en Gran Vía, Vara de Rey, Espolón, Portales, Bretón de los Herreros y avenida de la Paz.

-AFA Rioja celebra este año su 25 aniversario en La Rioja. Hoy tiene 430 asociados, pero ¿recuerda los inicios?

-Comenzamos seis personas que acudimos a una conferencia. No sabíamos lo que era el alzhéimer. El doctor Delpón, entonces jefe de Geriatría, nos animó a organizar una asociación para la defensa de los familiares y de los enfermos, nos proporcionó los estatutos y le nombramos presidente el primer año. Nos ayudó lo inimaginable junto a otros compañeros suyos. Con el doctor Montero fuimos por los pueblos explicando lo que era el alzhéimer e informando de la asociación. El primer año el domicilio de la secretaria fue la sede. Poquito a poquito fuimos consiguiendo cosas. En 1995 el Inserso nos cedió una sala de usos múltiples y nació nuestro primer centro con cinco usuarios.

«Ellos no saben quién eres pero si les tratas con cariño, te lo devuelven. Su sonrisa vale mucho»

-¿Hace 25 años cómo se entendía o qué se sabía del alzhéimer?

-En esos tiempos no se entendía; el desconocimiento era general. Yo acudí a aquella charla porque tenía a mi padre y no sabía cómo tratarle. Recuerdo que le explicaba a mi madre que él no iba contra ella que era su enfermedad. El mundo de la medicina de familia no estaba al día, no te informaban; los geriatras, sí. Además, como los comportamientos de estos enfermos no eran muchas veces sociales, se ocultaban en casa. Había un estigma social sobre ellos. Gracias a Dios, se ha avanzado mucho.

-Si hay una enfermedad que es terrible con la familia, es ésta.

-Por supuesto, por eso tratamos tanto de ayudar al enfermo como al cuidador principal porque cuanto mejor esté atendido y ayudado el cuidador principal, así estará el enfermo; si no, acaba contigo.

-¿Hay pequeños gestos que recompensen el esfuerzo?

-Yo recuerdo los últimos momentos de mi padre. Le acariciaba. Ellos no saben que eres su hija, pero si les tratas con cariño ellos te lo demuestran. La sonrisa que te devuelven vale mucho.

-En 25 años los tratamientos han evolucionado mucho.

-Todavía no hay cura pero los tratamientos farmacológicos tratan de que se ralentice el avance de la enfermedad en las primeras fases y cuanto más se alargue, más autonomía tendrá el enfermo. Por eso, la detección precoz es fundamental. Luego, nuestros talleres de estimulación son claves y se nota muchísimo. Ves a los enfermos en el centro y lo compruebas día a día.

-¿A cuántos atienden?

-En los talleres grupales hay 70 personas y en los individuales, para los recién diagnosticados (a los que vienen gente de 50 a 60 años), hay 25 personas. Son de mañana y de tarde. El próximo mes inauguramos otro centro en la calle Manresa. Teníamos lista de espera y no podíamos acoger a más personas. No se puede masificar y el grupo debe ser homogéneo.

-¿Cuántos profesionales tienen?

-El centro está en Menéndez Pelayo con Somosierra. Contamos con un equipo de 12 profesionales (psicóloga, trabajadora social, terapeutas ocupacionales, auxiliares...).

-¿Qué les diría a las familias?

-Que acudan a nosotros porque les vamos a orientar en todo, en los servicios, las ayudas... Además, los grupos de autoayuda a las familias se reúnen una vez a la semana con la psicóloga y no hay nada mejor que contar con la experiencia de otras personas; compartir los mismos sentimientos y sentir que lo que estás pasando tú también lo sufren otras personas. Que no estás sola. La convivencia con estas familias iguales a ti es fundamental.

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