Pérez llama a mejorar las infraestructuras para lograr «que La Rioja no esté aislada»

El  delegado del Gobierno conversa con Ana Lourdes Fernández, José Ignacio Ceniceros y Cuca Gamarra tras prometer su cargo. :: sonia tercero/
El delegado del Gobierno conversa con Ana Lourdes Fernández, José Ignacio Ceniceros y Cuca Gamarra tras prometer su cargo. :: sonia tercero

El delegado del Gobierno reivindica en su toma de posesión a las mujeres maltratadas, alerta de las debilidades de La Rioja y defiende la España diversa

JORGE ALACID LOGROÑO.

Contaba ayer José Ignacio Pérez, en el discurso que sucedió a su toma de posesión como delegado del Gobierno, que hace unos días sorprendió al grupo de amigos con quienes comparte afición por la bici cuando les avisó de lo siguiente: «No he visto gente más íntegra en mi vida que en la política». «Estuve a punto de destrozar el pelotón», ironizó. Fue la manera que el nuevo titular de la Delegación eligió para apalancar su intervención sobre el elogio del servicio público, la reivindicación del noble sentido de la política, sobre cuya deteriorada imagen alertó en estos términos: «No me extraña que los ciudadanos piensen lo que piensan, pero la culpa la tenemos nosotros, los políticos».

Para cuando llegó a esta fase de su mensaje, Pérez Sáenz tenía ya ganada a su audiencia. O a su mayoría, formada por mandatarios actuales y antiguos de su partido, que venían a asistir al relevo de Alberto Bretón convencidos de antemano. Reconfortado por el amable eco de que gozaban sus palabras, el delegado del Gobierno se permitió un largo capítulo de agradecimientos. Empezando por el presidente del Ejecutivo, José Ignacio Ceniceros, a quien prometió lealtad institucional «para que los riojanos sepan que somos capaces de entendernos», y ampliándolo a los demás dirigentes del PP presentes: Cuca Gamarra, Ana Lourdes Fernández y los consejeros Begoña Martínez, Conrado Escobar y Carlos Cuevas.

Gracias y más gracias. A su partido, a su presidente Pedro Sánchez, al secretario general Francisco Ocón y al puñado de altos cargos de la Administración central cuya supervivencia en el puesto depende hoy del nuevo delegado. Quien protagonizó por cierto una interesante intervención, rica en los lugares comunes que ha trillado durante su dilatada carrera. Y que ayer amplió con su encendida defensa de la seguridad que las fuerzas policiales deben prestar a las mujeres, especialmente a las maltratadas. Fue el momento más intenso de su discurso. Acto seguido, Pérez Sáenz, que había prometido su cargo sin precisar crucifijo, construyó una encendida defensa de la noción de España, apelando al sentido diverso de los territorios que la forman. «Yo amo a España», avisó. Y concluyó con una nueva idea-fuerza: su intención de contribuir a que prosperen las condiciones de vida de los riojanos. Dirigiéndose entonces a Ceniceros, alertó de las debilidades que observa en La Rioja. Reclamó perfeccionar la cohesión social, combatir la despoblación y procurar un mejor desarrollo económico, perfeccionando el mapa de infraestructuras: «Necesitamos que La Rioja no esté aislada».

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