El San Pedro implanta un marcapasos al día, 300 anuales, el triple que dos décadas atrás

El doctor Luis Alonso, en una de las consultas de Cardiología del hospital San Pedro en las que se realizan las revisiones de los dispositivos implantados. :: /Antonio Díaz Uriel
El doctor Luis Alonso, en una de las consultas de Cardiología del hospital San Pedro en las que se realizan las revisiones de los dispositivos implantados. :: / Antonio Díaz Uriel

El envejecimiento de la población riojana eleva ya a más de 3.500 la cifra de pacientes con dispositivos cardíacos, 600 de ellos con monitorización telemática

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

La implantación de dispositivos cardíacos se ha triplicado en las dos últimas décadas en La Rioja hasta alcanzar en la actualidad casi una intervención quirúrgica diaria en el hospital San Pedro de Logroño. Cada año, el servicio de Cardiología del centro implanta 300 marcapasos y entre 30 y 35 desfibriladores, a los que habría que añadir los resincronizadores cardíacos y otro tipo de dispositivos.

«¿Las causas del incremento de la implantación de dispositivos? Evidentemente el envejecimiento de la población», asevera el doctor Luis Alonso Pérez, jefe de Cardiología, un servicio en el que «pese a haber personas jóvenes e incluso pacientes pediátricos, la mayoría han rebasado ya los 75 años e incluso los 80».

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Así las cosas, a día de hoy en la región hay ya 3.500 personas que viven gracias al pequeño artilugio de titanio implantado en su pecho. Los más numerosos, tres millares de pacientes, los que portan un marcapasos, un dispositivo, que oscila entre los 2.500 y los 5.000 euros, y que consta de una carcasa en cuyo interior alberga las baterías de alimentación y los circuitos generadores de impulsos eléctricos necesarios en aquellos corazones que presentan frecuencias cardiacas lentas, con pausas y paradas.

Luis Alonso, con el doctor Diego Lorente, presidente de la Sección de Estimulación Cardíaca de la Sociedad Española de Cardiología.
Luis Alonso, con el doctor Diego Lorente, presidente de la Sección de Estimulación Cardíaca de la Sociedad Española de Cardiología. / Antonio Díaz Uriel

«A los cinco segundos de la parada, el paciente percibe el mareo y a los seis, pierde el conocimiento. Si se prolonga más allá de cinco o diez minutos, puede haber problemas neurológicos e, incluso, un desenlace fatal», explica el doctor, que asevera rotundo: «No hay duda de que los marcapasos, realmente, salvan la vida a la gente. Es una terapia muy agradecida porque un paciente con muchos problemas, una vez implantado el marcapasos puede vivir muchísimos años más perfectamente. Incluso aquí hemos tenido un paciente al que le hicimos un recambio de batería del marcapasos con 100 años».

«El control ambulatorio remoto es seguro, eficaz, evita viajes al paciente y nos da una vigilancia diaria» Luis Alonso Pérez / Jefe de Cardiología

Cada vez más numeroso es también el colectivo de pacientes que deben su vida a un desfibrilador o DAI, un dispositivo cuyo precio oscila entre los 12.000 y 19.000 euros y cuya misión es vigilar el ritmo cardíaco para que cuando se presente una taquicardia o fibrilación ventricular, arritmias letales que producen muerte súbita, cancelarla con una pequeña descarga eléctrica.

Finalmente, la implantación de resincronizadores, que rondan los 5.000 euros, también ha crecido en los últimos años, ya que la Consejería de Salud puso en marcha una consulta monográfica de insuficiencia cardíaca en el 2014 y un año después el hospital San Pedro incorporó en la planta de Cardiología un sistema de monitorización de la telemetría cardíaca, que permite realizar un diagnóstico preciso de las arritmias cardiacas de los pacientes ingresados.

Distintos dispositivos cardiológicos, guías, cables y electrodos que son implantados en el pecho de los pacientes. / Antonio Díaz Uriel

Con anestesia local y una intervención relativamente rápida -entre 40 minutos y hora y media un marcapasos; dos horas el desfibrilador; y entre dos y tres horas un resincronizador- los grandes cambios recientes han llegado con los avances de los sistemas de control de los dispositivos.

Vigilancia remota diaria

Para los instalados antes del 2009, los pacientes acuden cada seis meses o un año a las consultas de Cardiología del hospital San Pedro, donde el médico accede a todos los datos de funcionamiento y estado de las baterías; pero muchos de los implantados a partir de ese año se controlan ya desde el propio centro médico.

«De los 3.500 pacientes riojanos que tienen un dispositivo implantado, hay ya unos 600 que están vigilados con telemetría, con monitorización ambulatoria remota y, cuando se acuestan por la noche, el dispositivo se conecta a un pequeño aparato ubicado en la mesilla que envía toda la información por Internet al hospital, donde nosotros podemos revisar a diario cómo ha funcionado, qué arritmias ha tenido, cuánta batería le queda, cómo están los electrodos, cuánto voltaje precisa o cuánto tiempo ha estado funcionando», detalla el doctor Alonso.

Durante los primeros años los pacientes eran seleccionados. «Empezamos con los pacientes que vivían lejos, con aquellos que tenían problemas de desplaza miento y con las personas mayores con dificultades de deambulación, pero hoy en día, una vez demostrado que el sistema es, además de seguro, muy eficaz, se ha convertido en una rutina y en el futuro todos o casi todos los pacientes riojanos tendrán telemetría remota ambulatoria».

Un dispositivo electrónico.
Un dispositivo electrónico. / Antonio Díaz Uriel

Tanto en el sistema de vigilancia presencial como en el remoto, el servicio de Cardiología conoce, gracias al programador, el tiempo de vida restante de cada dispositivo, que oscila entre 8 y 12 años dependiendo del tipo y de su funcionamiento. «Cuando va a entrar en indicación de recambio, el dispositivo emite unos suaves pitidos cada seis horas, pero el margen de seguridad, porque sigue funcionando igual, y la vida útil de sus baterías es aún muy amplio, un mínimo de 6 meses. No obstante, nosotros lo cambiamos siempre mucho antes», remacha el especialista médico.

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