Ortografía, una asignatura pendiente también en La Rioja

Errores ortográficos de un alumno de 3º ESO. :: /JÉNIFER MÉNDEZ
Errores ortográficos de un alumno de 3º ESO. :: / JÉNIFER MÉNDEZ

El auge de las redes sociales tiene consecuencias entre los más jóvenes | Los errores gramaticales y ortográficos se extienden de manera generalizada entre muchos alumnos, advierten profesores y lingüistas

DANIEL LAS HERAS Logroño

Desde hace un tiempo, expertos lingüistas y profesores de ese mismo área de las distintas etapas educativas advierten del problema que supone el mal uso de la lengua entre las generaciones más jóvenes. Sobre todo, debido a la influencia del auge de las redes sociales. Un debate que se ha recrudecido en los últimos días en distintos medios de comunicación, a raíz de desvelarse los resultados de las últimas oposiciones de profesorado a nivel nacional celebradas el pasado junio.

Unos exámenes que han puesto en entredicho las habilidades en materia redaccional de los opositores, tanto por su capacidad ortográfíca como por la del conjunto del sistema educativo en nuestro país. De las 20.000 plazas ofertadas de profesor de secundaria y formación profesional, el 10% de éstas quedaron libres, en gran parte por la cantidad de faltas de ortografía y gramaticales cometidas por los candidatos, como comprobaron los sorprendidos miembros del tribunal.

«Si no se hace nada al respecto, vamos a conseguir volver cien años atrás, y los más jóvenes acabarán por ser analfabetos funcionales», vaticinaba Clara Álvarez, vicepresidenta del sindicato de docentes ANPE Rioja y profesora de secundaria en el IES Celso Díaz de Arnedo.

La polémica generada en la últimas oposiciones a profesor suscitó la sorpresa y la preocupación. Los mismos que pretenden educar a las generaciones venideras usaron abreviaturas de palabras en sus exámenes, como si estuviesen escribiendo con sus amigos en las redes sociales o en algún grupo de WhatsApp. Los más significativos recogidos por parte de docentes riojanos coinciden con los casos más llamativos de la polémica a nivel nacional. Encontramos ejemplos como «xq» en vez de «porque»; «tb» en lugar de «también»; o expresiones coloquiales como «en plan» o «rollo que».

Según Álvarez, las faltas de ortografía no son el único obstáculo al que se enfrentan los adolescentes de este siglo: «Lo más común es la prosodia, desconocen dónde y cuándo deben usar los signos de puntuación correctamente». Y, al parecer, es una opinión que no solo detectan los profesores de Lengua española. Julián Bernal, profesor de Historia y Economía de Bachillerato en el Sagrado Corazón Jesuitas, corrobora lo expuesto por Álvarez, y añade otro error frecuente entre sus alumnas y alumnos: «Mis exámenes son de desarrollo y en ellos aprecio carencias en la redacción reseñables. Pero lo que más me llama la atención es el despiste por parte del alumnado de las mayúsculas en los nombres propios, como escribir España con minúscula». Y continúa: «Los estudiantes se justifican diciendo 'si lo sé, lo sé', pero la falta de costumbre les juega malas pasadas».

«Los más jóvenes acabarán por ser analfabetos funcionales»

¿Qué significa exactamente la idea de analfabeto funcional? La respuesta a esta pregunta que lanza la docente de ANPE es «aquella persona que no puede participar en todas aquellas actividades en las que se requiere adquirir competencias específicas para la actuación eficaz en su grupo y comunidad y que le permiten, asimismo, continuar usando la lectura, la escritura y la aritmética al servicio de su propio desarrollo y del desarrollo de su comunidad». Así lo definió el autor del término, Ali Hamadache, allá por el año 1976, cuando trabajaba en un informe sobre alfabetización para la UNESCO. En resumen, sería «la incapacidad del individuo de emplear de forma eficiente sus habilidades de lectura, escritura y cálculo en tareas comunes o cotidianas», como bien apuntó Álvarez.

Se trata de un tipo de analfabetismo que afecta a países desarrollados en donde la escolarización es total y los sistemas educativos están consolidados, a diferencia del analfabetismo absoluto, que se da en países subdesarrollados. En concreto, un informe del 2013 la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) posicionaba en los últimos puestos a España entre los países desarrollados que sufren este problema, muy lejos de Japón o Finlandia que encabezaban la lista: allí el analfabetismo sí tiene cura.

El contexto social, el mayor obstáculo

A las voces de alarma que se detectan entre el profesorado riojano se unen otras opiniones autorizadas surgidas del ámbito académico. Enrique Balmaseda, coordinador de la Cátedra de Español y profesor de la Universidad de La Rioja (UR), considera que es el contexto social el principal obstáculo de las nuevas generaciones: «Vivimos en una época de muchos discursos y poca atención a una elaboración madura». Además, Balmaseda hace una reflexión sobre lo que se considera hoy una persona culta y formada, así como del cambio de valores que este concepto necesita: «Hay una especie de ostentación social en no escribir correctamente. Hacerlo es algo reaccionario, de carcas, o vete tú a saber por qué... y eso se contagia».

Una consideración que los más jóvenes corroboran. La logroñesa María Santos prepara oposiciones actualmente para convertirse en profesora de Lengua y coincide con Balmaseda, de quien curiosamente fue alumna: «El problema de la mala ortografía tiene que ver con el contexto en el que vivimos». Y pone un ejemplo: «Muchas veces he escrito correctamente por WhatsApp y he obtenido un 'Vale, borde', como respuesta». María proporciona además un dato alarmante, que a su juicio se sitúa en la raíz de la controversia: «Me llama la atención que la ortografía no se tiene en cuenta en las oposiciones de La Rioja, ni siquiera en las que optamos a convertirnos en profesores de Lengua. El tribunal valora el examen de forma oral. En otras comunidades no sucede así».

Otra opositora y, al mismo tiempo doctoranda en Humanidades por la UR, Jénifer Méndez, opina que su correcta formación, tanto ortográfica como redaccional, es fruto de la educación recibida por parte de profesores que sí le han dado importancia a este aspecto: «Yo he tenido suerte, pero no existe ningún temario específico que lo trate. De hecho, el Máster de Formación del Profesorado, el antiguo CAP (Certificado de Acreditación Pedagógica), el requisito que debe cumplimentarse para acceder a la red docente, ya daba por hecho que nos habían preparado en materia de ortografía». Y añade: «Creo que es un problema que se repite en todos los ciclos por lo que pasamos». No obstante, como futura profesional de la docencia, tiende a excusar al profesorado, reclamando un cambio en las bases de la educación. «El modelo educativo actual obliga a los profesores a impartir un temario prácticamente inabarcable».

¿Remedios? Penalizar, las faltas, recuperar los dictados...

Los centros educativos llevan ya tiempo percatándose de este error común entre el alumnado, y han adoptado diversas formulas para tratar de paliar esta 'epidemia'. Colegios como el Sagrado Corazón Jesuitas optaron por tratar la ortografía como una cuestión común entre todas las materias una vez comenzada la Secundaria, restando puntuación en los exámenes o trabajos. Su director, Juan Carlos Marañón, docente de Lengua Española hasta que la dirección le exigió su tiempo al completo hace 4 años, lo aclara: «Antes, como profesor, buscaba el 'impacto' del alumno. Una falta de ortografía grave suponía un cero. Si hiciésemos eso ahora, los padres se nos echarían encima». Asegura la eficacia de este método, puesto que hacía que los alumnos no olvidasen la falta cometida, pero matiza: «Esto no puede hacerse en edades tempranas, por supuesto. Destrozaríamos la motivación del chaval, y eso es fundamental».

El IES Celso Díaz de Arnedo, centro en el que Álvarez imparte clase, también ha puesto en práctica este método: «Se hizo un acuerdo entre los profesores y se acordó bajar entre 0,5 y 1 punto según la falta, siempre y cuando no se suspendiese al alumno». No obstante, esta utopía en la que la ortografía es controlada por todos, según la profesora, no es tan idílico como debería: «Algunos profesores suelen hacer la vista gorda». Y sentencia: «Lamentablemente, el problema está en que otros profesores no tienen el conocimiento adecuado de la lengua». Por ello, la vicepresidenta del sindicato de docentes recomienda tomar de referencia tanto otros países como los métodos que han funcionado tradicionalmente. «Hay que mirar a otros países como Francia que, al darse cuenta del bajo nivel de sus alumnos, están volviendo a métodos de enseñanza antiguos en los que se instruía mediante la práctica, no sólo con reglas memorísticas, como los dictados», comenta.

¿Los universitarios tienen el nivel adecuado?

Balmaseda, que además de profesor de la UR es coordinador de la EBAU (prueba antes denominada PAU o selectividad), reconoce que en estas pruebas hay cierto grado de tolerancia respecto a las faltas ortográficas, aunque se tomen en consideración a la hora de valorar: «Existe un margen del veinte por ciento que puede influir negativa o positivamente en la nota». Considera que se hace porque «se supone que la educación o exigencias ortográficas deberían continuar en la universidad». A su juicio, sí que existe una deficiencia generalizada entre los jóvenes actuales que también encuentra entre sus estudiantes: «Otra cosa es su competencia para la construcción textual, que resulta ser un problema extendido entre el estudiantado y la sociedad».

Sobre este particular, Balmaseda apunta que algunos autores especializados en la defensa del correcto uso del idioma, como Alex Grijelmo, periodista y teórico lingüista español, hace tiempo que concluyeron que «todos los profesores son profesores de Lengua, pues es un conocimiento que debería ser transversal». Opinión que comparte con Clara Álvarez, quien lo ejemplifica con un error muy extendido en La Rioja: «Mi madre es riojana y no le voy a marear con el uso correcto del condicional. Pero un alumno ,al salir de nuestras fronteras, parecerá un inculto si lo emplea en lugar del subjuntivo. Por eso, es importante que cuando un profesor esté en clase, sea de la materia que sea, utilice bien el condicional».

Aunque los profesores de Lengua sí que tienen en cuenta el buen uso del idioma, no ocurre en la misma medida entre los profesores de otras materias. «En general, no cometen errores de este tipo», señala Sergio Pérez, que estudia Ingeniería Agrícola en la UR, «aunque es verdad que en las presentaciones se les cuela alguna falta, pero la corrigen al momento». Un compañero del campus, Alberto Ruiz, que estudia Informática, completa la opinión de su compañero argumentando que «en mi carrera, prácticamente no hay exámenes de redacción, pero compañeras mías de Magisterio sí que han encontrado faltas graves en los enunciados de sus exámenes, que dificultan su comprensión».

Conclusión

Para Clara Álvarez, «la ortografía arrastra a la comprensión del texto y, sin ella, no existe la comunicación». Parte de la culpa, alega la responsable de ANPE, reside en los procesadores de texto, «que autocorrigen sin conocimiento del que escribe» pero, sobre todo, a la escasa o inexistente dieta de lectura actual entre los más jóvenes y en el conjunto de la sociedad. «Nuestro cerebro funciona a través de la lengua y, al entender lo más abstracto, entendemos mejor la compresión de cualquier proceso», resume. Para Álvarez, «la ortografía arrastra a la compresión del texto y, sin ella, no existe la comunicación». Asimismo, alerta sobre la importancia de acometer esta cuestión cuanto antes, desde Primaria. Es decir, no esperar a que los futuros profesores se presenten a una oposición: «El cerebro humano funciona por ventanas, y la ventana de la lengua se cierra entre los ocho y los diez años».