Un nuevo mundo en las alturas

Sofía Bastida, en Chur, una ciudad cercana a Grüsch. :: s. b. m./
Sofía Bastida, en Chur, una ciudad cercana a Grüsch. :: s. b. m.

Sofía Bastida Muñoz Alberitense en Grüsch (Suiza)

P. HIDALGO

Sofía Bastida Muñoz ha cambiado las fértiles huertas en la ribera del Iregua de su Alberite natal por las montañas suizas. La joven alberitense lleva desde el pasado agosto viviendo en Grüsch, un pequeño pueblo rodeado de cumbres que cuenta incluso con estación de esquí. «No sé esquiar, por lo que espero aprender un poco», señala esta riojana que hizo las maletas rumbo al país alpino para, principalmente, «aprender alemán y vivir una nueva experiencia; pero, por supuesto, también para conocer su cultura y costumbres».

Sofía finalizó en el 2018 sus estudios de grado de Técnico Superior en Educación Infantil, que completó con unas prácticas en un 'kindergarten' o centro infantil en Berlín. Los tres meses que pasó en la capital alemana supusieron «una experiencia increíble» para la alberitense y un primer contacto con el idioma germano, en cuyo conocimiento quiere profundizar.

Así que como siempre quiso trabajar un tiempo como 'au pair' y anhela mejorar su nivel de alemán, buscó familias que hablaran esta lengua para encargarse del cuidado de sus hijos. La riojana tuvo suerte porque el mismo día que se inscribió en una página para 'au pairs', una familia suiza se interesó por su perfil y ahora está al cargo de cuatro pequeños. «Dos gemelas de 2 años, un niño de 4 años y una niña de 7 años», detalla.

La joven estudia alemán, mientras cuida de cuatro niños de entre 2 y 7 años

«Los fines de semana suelo viajar, además de pasear por la naturaleza. Y los lunes me gusta ir con las chicas del pueblo a hacer deporte», continúa.

Durante ese tiempo libre, que le permite adentrarse en el estilo de vida suizo, le ha ocurrido alguna que otra anécdota. «Una noche unas chicas del pueblo me invitaron a cenar y, mientras cenábamos, me dijeron que luego iríamos a una fiesta con vacas. ¡No imaginaba cómo iba a ser aquella fiesta! Pero cuando llegamos al lugar, vi que había mucha gente y que se trataba de una exposición de vacas, que estaban en venta para el público y, a la vez, había música. Cuando acabó la exposición, las vacas siguieron allí, por lo que bailamos rodeadas por ellas», sonríe.

Otras costumbres helvéticas las lleva peor, como cenar a las seis de la tarde. «Apenas son las nueve de la noche y ya vuelvo a tener hambre», afirma.

Sofía está disfrutando de la experiencia. «No me importaría quedarme aquí unos años a vivir y a trabajar», asegura, antes de añadir que «eso sí, ¡como en La Rioja no se está en ningún lado!».