«El nivel de donaciones y transplantes al que ha llegado La Rioja es un éxito de toda la sociedad»

Martínez Soba, en el Hospital San Pedro tras la entrevista concedida a Diario LA RIOJA.
/JUAN MARÍN
Martínez Soba, en el Hospital San Pedro tras la entrevista concedida a Diario LA RIOJA. / JUAN MARÍN

Martínez Soba destaca la transcendencia del programa de transplante renal y contextualiza la alta tasa de donación Fernando Martínez Soba Coordinador autonómico de transplantes

E. SÁENZ LOGROÑO.

El día 8, el hospital San Pedro completó el transplante renal número cien. Más allá de una cifra redonda, la intervención constituye un hito dentro de un alambicado proceso en el que intervienen hasta 150 profesionales sanitarios de quince servicios.

-¿Qué supone alcanzar el centenar de trasplantes de riñón?

-Significa mucho. Sobre todo porque tras ése ha habido ya un 101 y se mantienen los parámetros de calidad y compromiso en cuanto a listas de espera que nos fijamos al inicio, en abril del 2011. Es un reto profesional y también político sanitario, dado que sólo 40 hospitales tiene un programa de transplantes de órganos y La Rioja es la comunidad más pequeña. Pero sobre todo, el nivel de donaciones y transplantes que ha alcanzado La Rioja es un éxito de toda la sociedad, por cuanto la ciudadanía percibe que ese órgano que se dona tiene un retorno.

-¿Era esa la meta cuando se completó la primera operación?

-El objetivo fundamental era poder dar a los pacientes riojanos en lista de espera el servicio en su propia casa. La cuestión no es que un transplante de este tipo se realizara en el Hospital de Cruces, sino que todas las valoraciones y revisiones también debían hacerse en Bilbao y obligaban a traslados constantes.

-¿Cuáles han sido los principales condicionantes para llegar a este punto? ¿Clínicos, técnicos, económicos, de coordinación...?

-Por un lado se imponen una serie de requisitos que actualmente cumplen 188 hospitales, como que exista una unidad de coordinación de transplantes, disponer de un laboratorio de inmunología, contar con especialistas no sólo capacitados sino con experiencia acreditada... Sin embargo, la clave reside en disponer de una tasa elevada de donación y, pese a su dimensión, la comunidad registra unos niveles altísimos. Por decirlo gráficamente, una parte (profesionales) puede conseguirse 'a base de talonario', pero la otra (los órganos) carecen de esa dimensión económica. Y todo, apoyado en el acuerdo de cooperación con el País Vasco, con quien compartimos un pool de órganos del que nos beneficiamos mutuamente atendiendo a la diversidad inmunólogica.

- ¿Por qué La Rioja se sitúa año tras años en los primeros puestos del ránking de donaciones, y además, en los diferentes órganos?

-No siempre ha sido así. Hasta el 2005, La Rioja había estado históricamente a la cola de la estadística.

-¿A qué ha obedecido la inflexión?

-Al cambio organizativo que se implementó entonces. El enfoque hasta el 2005 preveía un proceso clásico de donación que se iniciaba en la Unidad de Ciudadanos Intensivos cuando el paciente había fallecido, en el 40% de los casos, por accidente de tráfico. Ese grupo ha ido descendiendo hasta hacerse residual y ahora el 69% son personas mayores que fallecen por una hemorragia cerebral que les ocasiona un deterioro neurológico. No mueren en ese instante, pero desde el primer momento se sabe que el pronóstico es infausto a los pocos días. Lo que hicimos fue diseñar otro modelo que se iniciaba en Urgencias, cuando llegaba ese enfermo de avanzada edad en las condiciones descritas. Antes de que falleciera, planteábamos a las familias ingresar en la UCI para esperar el periodo que transcurre hasta la muerte cerebral y, en ese caso, donar. Aquella idea que entonces podía resultar transgresora ha supuesto un cambio radical en la donación. Hasta el punto de que La Rioja ha sido reconocida por el creador de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y el esquema, replicado en el resto de España.

-Pero nadie está obligado a la donación e implica un factor de solidaridad personal que excede cualquier mejora del sistema.

-Así es. La estadística indica que el 56% de la población está dispuesta a donar. Hay, por lo tanto, un sustrato social facilitador a partir del cual entendimos que las campañas directas de promoción no tienen impacto, y sí las acciones de sensibilización indirecta. Es decir, esta entrevista, el testimonio de la mujer de Baños de Río Tobía que ha protagonizado el transplante renal número cien... El desafío fue y es explicar a la familia la situación de gravedad del virtual donante. Ahí, nuestro modelo modificó la fórmula de comunicación en situaciones críticas. Invertimos largo tiempo en esta fase con cercanía, se valora mucho el momento y hacemos continuos cursos al respecto con el resultado de que el nivel de negativas a la donación es de los más bajos de toda España.

-¿Compensa al sistema sanitario el coste económico de una intervención de estas características?

-Hablar de dinero en un proceso que emana del altruismo es algo que crispa, porque se trata de salvar vidas y no puede ponerse precio a algo que no lo tiene. Eso no significa que cada intervención esté evaluada. El coste de un transplante de riñón programado ronda los 30.000, a lo que se suman después al año 8.000 de las revisiones y el tratamiento inmunosupresor. ¿Es mucho? Sólo le digo que la cifra es inferior a las estimaciones del Ministerio, que un día de Cuidados Intensivos supone 1.400 euros o que un año de diálisis asciende a 50.000. Sin embargo, me resisto a hablar en términos de ahorro, sino de salud y servicio del sistema público a los pacientes.

-¿Se plantea ampliar el programa de transplante de riñón a otros órganos en vista del éxito?

-A mi juicio, con la masa crítica de La Rioja respecto a corazón, hígado o páncreas y en la situación actual no se debería implementar ningún programa de transplante más, sino ahondar en el de riñón y seguir buscando donantes para continuar recortando la lista de espera.

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