'Caso Gaztelueta'

Ningún testigo entró en el despacho durante las tutorías entre acusado y alumno pese a ser un «lugar muy frecuentado»

Un momento de la sesión de este lunes del juicio por el 'caso Gaztelueta'./FERNANDO GÓMEZ
Un momento de la sesión de este lunes del juicio por el 'caso Gaztelueta'. / FERNANDO GÓMEZ

En la tercera jornada del juicio del 'caso Gaztelueta', el pediatra del joven desvela que sufría crisis de ansiedad años antes de los hechos y que le recetó Orfidal

KOLDO DOMÍNGUEZ

Tercera jornada del juicio del 'caso Gaztelueta'. Turno para varios profesores del colegio y exalumnos que cursaron sus estudios en los años que supuestamente se produjeron los abusos de los que está acusado un docente y por los que le piden 10 años de prisión. Todos los comparecientes han coincidido en afirmar que el despacho de José María M. –donde se habrían producido las agresiones sexuales– era un «lugar muy frecuentado» tanto por maestros como por estudiantes y en el que «en cualquier momento podía entrar» alguien. «Lo hacíamos continuamente porque allí se guardaba el botiquín y las tizas, además estaba el teléfono. Ibas y si la puerta estaba cerrada, tocabas y entrabas», han afirmado varios de los comparecientes.

La defensa del profesor ha insistido en este detalle a lo largo de la jornada para insistir en la idea que ya apuntó en las primeras jornadas del juicio: en ese despacho es «imposible» que el profesor abusara de Juan C. porque les habría sorprendido alguien. Era de uso público y, según los testigos, no se cerraba con llave. «Es como si hubiera sucedido en la Gran Vía a las once de la mañana. Me resulta imposible», ha valorado un profesor de Matemáticas que dio clase al joven. «Era el despacho más solicitado del pabellón», ha añadido uno de los alumnos.

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Sin embargo, a preguntas de la acusación y también del propio presidente del tribunal, los testigos han admitido que «nunca» intentaron entrar en esa dependencia cuando el acusado realizaba la tutoría con la víctima. Es decir, jamás vieron a los dos en su interior, ni durante los supuestos abusos, pero tampoco en una actitud normal entre preceptor y alumno. Además, ninguno de ellos ha podido certificar si la puerta se podía cerrar por dentro con llave.

Con sus testimonios, los docentes y los exalumnos han confirmado los argumentos ya expuestos en anteriores sesiones. El principal, que Juan C., durante los cursos 08-09 y 09-10, faltó «mucho a clase», «más que el resto de compañeros». «Era delicado de salud», ha testificado el que fuera su entrenador de fútbol. Por ello, según la defensa, y para que no perdiera el ritmo de las asignaturas, José María M. celebraba con él sesiones individuales más allá de lo habitual y durante más tiempo. «Era algo raro que le sacara tanto de clase», ha apuntado uno de los exalumnos que ha testificado hoy.

Polémica acta notarial

Durante la sesión, la acusación particular ha reclamado a los testigos procedentes de Gaztelueta –profesores y exalumnos– aclaraciones sobre un acta de manifestaciones que todos ellos firmaron ante notario, y en la que mostraban su confianza en el acusado y su incredulidad ante la posibilidad de que pudiera haber abusado de Juan C. en su despacho. Todos los testigos han afirmado que esa declaración se la dio ya redactada el propio colegio Gaztelueta, quien también se encargó de abonar los gastos notariales.

El testimonio del pediatra

En la sesión de este lunes también ha comparecido el pediatra que atendió a Juan C. desde que era un bebé. Fue el médico al que la familia llevó al niño cuando este comenzó a sufrir problemas de salud en 2006, es decir, dos años antes de que se produjeran los supuestos abusos. En el historial del paciente anotó que acudió a su consulta por «ataques de ansiedad, aceleraciones del corazón, dolor abdominal, cefaleas, diarreas, sudoración..., sin que supiera la causa de esos problemas. A preguntas del abogado defensor, ha reconocido que los «cuadros de ansiedad» no se volvieron a repetir posteriormente cuando coincidió con el acusado como su preceptor.

El pediatra también ha reconocido que en 2006, cuando el niño tenía 10 años, le recetó Orfidal –«medio comprimido», ha matizado–, aunque ha asegurado que la familia le dijo posteriormente que no llegó a administrárselo.

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