Neumáticos para consumir menos

Neumáticos para consumir menos

Las ruedas más baratas (y gastadoras) no podrán fabricarse desde el jueves | Los neumáticos de la clase «F» que ya estén fabricados tienen un periodo de gracia, pero luego quedarán vetados

Pablo Álvarez
PABLO ÁLVAREZLogroño

Los neumáticos también tienen etiqueta. Como todo en esta vida, y más en el territorio UE. En concreto, sus etiquetas informan de tres factores: la resistencia a la rodadura (de la A a la G), la capacidad de frenado en mojado (también e la A a la G) y el ruido que provocan, en decibelios.

Los tres factores son importantes, pero el primero es quizá el más desconocido, y eso que tiene su importancia. La mayoría de los consumidores tienen bien claro que un neumático más caro deberá frenar antes en una superficie resbaladiza, y quizá también disminuir el ruido de rodadura, sobre todo a altas velocidades. Pero no está tan claro en la mente del consumidor el primer factor: que las ruedas gastan (o ahorran) combustible. O ayudan (otra manera de decirlo) a que el coche contamine más o menos.

Todos los neumáticos oponen una cierta resistencia a la rodadura, porque en contacto con la carretera se deforman, y además se calientan. Un cierto grado de deformación es necesario para el agarre, evidentemente. Pero si esa resistencia es muy grande, el coche necesita utilizar más energía, y por tanto gastar más combustible, para moverse.

Los neumáticos ya comprados pueden seguir usándose, y los que estén en stock, vendiéndose

Deformación

Los neumáticos de bajo consumo intentan minimizar esa deformación aunque manteniendo en lo posible sus prestaciones de agarre. Eso se consigue con un dibujo especial, con la presencia de materiales como sílice para controlar la temperatura y con refuerzo en los laterales, para evitar el «hundimiento».

Así se calcula que los neumáticos suponen más o menos el 20% del consumo del coche. Es un porcentaje grande, pero hay una parte de él que viene, digamos, de fábrica: no puede reducirse. Porque, como queda dicho, una cierta resistencia es necesaria.

De ese modo, entre un neumático de la clase A y uno de la G hay una diferencia que podría suponer para el conductor un ahorro de carburante del 7,5%. Es bastante: medio litro cada cien kilómetros, por ejemplo, para un coche que gaste 7 litros en esa distancia. Una diferencia significativa, aunque evidentemente se paga también en el coste de los neumáticos.

La Unión Europea lleva tiempo lanzando medidas contra la contaminación procedente del tráfico rodado, y más desde el escándalo del «dieselgate», que provocó, entre otras cosas, que cambiara el modelo de medición de las emisiones en las ITV, ahora en teoría algo más restrictivo.

Pero esas medidas no tienen final, o al menos no en los próximos tiempos, puesto que la Unión Europea sigue en pos de conseguir por todos los medios sus objetivos de reducción de las emisiones de CO2 para el 2030. Un objetivo en el que todos nos jugamos mucho, viendo al extensión del cambio climático y las alertas que se están dando desde todos los ámbitos.

F o E

Así, la próxima en entrar en vigor es la prohibición de la fabricación de las ruedas que en esa primera categoría (la resistencia a la rodadura) tengan la calificación 'F'. Las 'G' ya llevaban prohibidas desde el 2014, y ahora la exigencia sube una escala. De hecho, en el caso de las furgonetas la prohibición es una escala más alta: quedarán vedados los neumáticos tipo E si el coeficiente de rodadura es mayor de 9.

La prohibición no afecta a los consumidores que ya tengan esos neumáticos (los más baratos, evidentemente) en sus vehículos, y hay una moratoria para los vendedores que ya tengan en stock esas ruedas, ya que podrán seguir comercializándose durante 30 meses más. Aunque desde el punto de vista del consumidor, evidentemente, no sean la mejor opción, sobre todo para algunos usos.

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