Una mujer de armas tomar

Alegría Vallejo, a la que le hubiera gustado pilotar helicópteros, posa ante la característica aeronave de Dulces El Avión. /Juan Marín
Alegría Vallejo, a la que le hubiera gustado pilotar helicópteros, posa ante la característica aeronave de Dulces El Avión. / Juan Marín

Alegría Vallejo fue la primera riojana que intentó ingresar en el Ejército | Vallejo soñaba con manejar helicópteros o tanques, pero a mediados de los 80 no pudo enrolarse en Artillería por el mero hecho de ser una chica

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Tiene una sonrisa luminosa y una forma de ser amable y cercana. Y, sin embargo, Alegría Vallejo Pascual es una mujer de armas tomar, o eso le hubiera gustado. Esta logroñesa fue la primera mujer en La Rioja que solicitó ingresar en el Ejército, concretamente en el de Tierra, en un momento en que tanto Defensa como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado estaban vedados para ellas.

Hace cerca de tres décadas, Alegría rondaba la veintena con más incertidumbres hacia dónde encauzar su futuro que certezas. «Salí del Bachillerato y no tenía nada claro qué estudiar o qué hacer con mi vida», cuenta. Entonces se topó con una entrevista a la fallecida senadora y diputada por La Rioja Pilar Salarrullana, que le pareció esclarecedora. «Pilar hablaba de por qué una mujer no podía ingresar en el Ejército», señala.

Y a ella, que carecía de cualquier vínculo personal con la milicia, la propuesta le resultó reveladora. Así, envió por carta una solicitud de ingreso a la academia de suboficiales de Lérida, con el objetivo de cumplir su sueño de lograr una plaza en Artillería. «Me hubiera gustado manipular cualquier tipo de aparato: helicópteros, tanques...», confiesa.

«Las mujeres podemos ser cualquier cosa que nos propongamos, no debemos ponernos barreras»

Vallejo y Salarrullana, que intercedió por la ilusionada joven
Vallejo y Salarrullana, que intercedió por la ilusionada joven / L.R.

Contactó con Salarrullana, ferviente defensora de los derechos de la mujer, para tratar de que le allanara un camino que ya presagiaba empinado. Y no erró. Sus deseos no tardaron demasiado en darse de bruces con la realidad de la España de mediados de los 80, en la que para ellas todavía no había hueco entre las tropas. «Me contestaron que lo sentían mucho, pero que las mujeres no podían entrar en el Ejército», recuerda.

La negativa le resultó «frustrante». «Es inconcebible que porque seas hombre puedas ingresar y porque seas mujer, no. ¿Acaso nosotras no cargamos peso, tenemos inteligencia y capacidad estratégica?», se pregunta.

Evoca que en otras comunidades más chicas sentían la misma inquietud. «Mujeres de otras provincias, que también querían enrolarse en el Ejército, me escribieron para mostrarme su apoyo», indica. Esto generó un caldo de cultivo que, en poco tiempo, consiguió que el Estado diera su brazo a torcer.

Autorización

La autorización gubernamental llegó un par de años después, pero para la riojana ya era tarde. «Oposité en la primera promoción de la Policía Local que admitía a mujeres y, pese a sacar un 10 en todas las pruebas físicas, no superé la prueba psicológica», relata. Y es que admite que, por aquel entonces, ella se mostraba muy tímida y retraída.

«Me sirvió para espabilar y marcó un antes y un después en mi vida. Desde entonces no callo», ríe.

Cuando se abrieron las puertas de los cuarteles para la población femenina, Alegría sopesó volverlo a intentar. «Lo pensé, pero se me habían quitado las ganas. Había empezado a trabajar y me resultaba duro regresar a los estudios», rememora.

Dice que «me quedé con lo fácil», aunque nada más lejos de la realidad. Su nuevo rumbo profesional la dirigió a la construcción, otro sector muy masculinizado. «No me arrepiento de la decisión que tomé al no intentar de nuevo entrar en el Ejército, el pasado se queda ahí. Y al mismo tiempo, me siento orgullosa de haber aportado mi granito de arena para que otras lo consiguieran».

A Alegría la vida le ha enseñado que «las mujeres podemos ser cualquier cosa que nos propongamos». Por eso, les dice a las futuras generaciones que «no se pongan barreras para no destacar».