Mostradores con una historia secular

Mostradores con una historia secular

Apenas sobrevive una docena de tiendas con cien o más años en La Rioja y cada vez son más los que temen la desaparición de los comercios tradicionales ante el furor de las franquicias y la competencia de las ventas online

PILAR HIDALGO

Llevan un siglo subiendo y bajando la persiana, abriendo sus puertas al público y ofreciendo su servicio detrás de un mostrador. En La Rioja apenas queda una docena de comercios con cien o más años, señal inequívoca de que no resulta sencillo cumplir la centuria en el sector comercial. Algunos de ellos, como Gonlez (ahora Juguettos) o las librerías Santos Ochoa, están incluso en plena expansión; otros, como Sombrerería Dulín, mantienen su presencia icónica en el centro de Logroño.

«Es muy difícil alcanzar cien años en esta actividad porque es mucho el tiempo y muchas las vicisitudes: implica haberse adaptado a guerras mundiales y civiles, a momentos en que tu producto está de moda y otros en los que no, y que el relevo generacional no haya resultado problemático», expone David Ruiz, secretario de FER Comercio. Por esto reconoce a este puñado de establecimientos 'gran reserva' «su esfuerzo, sacrificio, capacidad de supervivencia y el haber sabido trasladar ese espíritu de padres a hijos».

Y es que bastantes de los que actualmente están al frente de estos negocios, los han 'mamado' desde niños. Han correteado entre estanterías y han despachado sin apenas levantar un palmo del suelo. «Desde pequeña he tenido trato con el cliente», admite Cristina Domínguez, dueña de Curtidos Domínguez, quien confiesa que ha vivido «más en la tienda que en casa».

Quienes llevan su tienda, no ya en la sangre sino en el ADN, viven con preocupación el momento actual. «El comercio tradicional tiende a desaparecer porque los jóvenes compran a través de Internet o en grandes superficies. Cada vez lo tenemos más difícil», sostiene. Y eso que algunos establecimientos como el calagurritano Textil Aznar lidiaron situaciones complejas en la guerra civil, como cuando les quitaron todo el género que tenían para vender y el abuelo de la actual responsable, Ana Aznar, tuvo que llamar a unos fabricantes, amigos suyos, para que les enviaran más desde Barcelona.

«El comercio tradicional en el centro de las ciudades va a morir», coincide Manuel Antoñana, de Sellos, Rótulos y Grabados Antoñana. Por la competencia del comercio online, por la presión fiscal («en España somos los que más impuestos pagamos de Europa») y porque «en este país nadie quiere ser empresario, crear y luchar». «Prefieren ser funcionarios o jubilados», remata Antoñana.

«Asistimos a un 'tsunami global'. Las grandes cadenas cada vez tienen más peso específico en nuestras ciudades y La Rioja tampoco se mantiene al margen de este fenómeno, pese a que históricamente ha tenido un buen pulso comercial», comparte el secretario de FER Comercio.

El secreto para alcanzar la centena en una tienda reside, según los establecimientos consultados, en «adaptarse a las demandas de los nuevos tiempos, ofrecer calidad, asesoramiento y un trato familiar». «Que el cliente se sienta en casa y salga convencido tras la compra», completa Cristina Domínguez. Sólo así se consigue, como sucede en su caso, que entre su lista de compradores fieles figuren gentes de Madrid, Zaragoza o incluso México. A su vez, resulta importante diferenciarse. Como la jarrera Calzados Prieto, cuya singular fachada admira a turistas y curiosos. Para el futuro esperan que las siguientes generaciones aprecien el valor de estos comercios históricos.

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