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Juanjo Fernández, en la sede logroñesa de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) de La Rioja. Irene Jadraque/Sadé-Visual

Juanjo Fernández | Paciente de cáncer. 50 años

«Hay que mirarse, hay que eliminar el miedo y no esconderse en él»

«Cada día vivo para vivir, para ser feliz, para ayudar al que necesite ayuda», asegura el voluntario de la AECC, olvidada la pesadillatras el cáncer de próstata

Domingo, 16 de noviembre 2025, 08:15

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«Estoy agradecido con la vida, con mi próstata, con la ayuda y feliz de que no haya quedado nada, ninguna secuela. De hecho estoy muchísimo mejor, soy una persona totalmente diferente y muchísimo mejor en todos los sentidos». Juanjo Fernández ha logrado, a sus 50 años, dejar atrás una pesadilla que hundía sus raíces en su infancia.

«Mi historia empezó ya mi con mi padre, siendo yo un niño, porque tuvo un tumor de colon que era benigno, pero que a mí me impactó bastante. Siempre fui un niño muy sensible y con bastante resistencia a la muerte, porque sí que tuve varios procesos de fallecimientos en la niñez», arranca su relato.

Con 40 años, prosigue, «me decidí a iniciar una transformación interna empecé a hacer meditación y a entenderme a mí mismo, pero arrastraba esa infelicidad desde la infancia y el miedo a la muerte». En ese proceso aprovechó que tenía un seguro privado para someterse a un chequeo completo. «Me hicieron de todo, pero el médico descartó la de próstata por mi edad, 44 años, aunque al final la pidió. Salió un marcaje leve, pero por encima para mi edad, dio 4,3 cuando el límite es 4. Me hicieron resonancias magnéticas y no se veía nada, pero entré en una fase de angustia y el PSA subió a 5,5. Yo no tenía ninguna molestia ni síntoma alguno, pero estaba magnificando todo mentalmente así que me decidí a ir a Pamplona por lo privada, a la Clínica Universidad de Navarra. Allí me hicieron una biopsia de 12 punzadas y me detectaron dos tumores, uno prácticamente invisible, y el otro de grado a uno y que no llegaba ni a 8 milímetros».

Un golpe letal

El impacto fue demoledor. «Yo me desnudé a mí mismo, pero sin querer oír nada de cáncer, para mí era un tumor pequeño. Llegue al Cibir y el golpe fue letal. Tenía muchísimo miedo, muchísimas angustias, volví a la niñez y el miedo a la muerte me atravesó otra vez. Estaba en fase de negación y caí psicológicamente a muerte, tuve una muerte psicológica, sentí lo que siente un paciente en fase terminal y lo que necesita una persona que va a morir. Yo necesitaba compañía, no quería morir solo. Fíjate qué cosas, es increíble, todo estaba en mi cabeza», confiesa Juanjo. Pasaron tres meses. «Me ayudó mucho el doctor Ossola, aunque yo llegaba al Cibir y cuando entraba por la puerta estaba fatal, porque era una persona joven rodeada de gente mayor», explica para recordar también la dureza del tratamiento y las sesiones de radioterapia. «Fue muy difícil también, tenía miedo a no poder contener la orina a quedarme impotente… Pero me dije, 'si la vida me da una oportunidad, la voy a aprovechar'».

«En el momento en que quité el miedo a la muerte, empecé a quitarle el miedo a la vida, empecé a vivir»

Juanjo Fernández

Y despegó. «Era joven, tenía ganas de vivir y quería aprender, empecé a buscar en la neurociencia, a aprender de mi cerebro. Tenía un niño herido que fui eliminando, empecé a controlar las emociones y empecé a entender la muerte y en el momento en que quité el miedo a la muerte, empecé a quitarle el miedo a la vida, empecé a vivirla, a vivir el presente, a quererme más a mí mismo, a construir mi propia autoestima y a amar incondicionalmente. He estudiado, me he formado y ahora estoy preparado también para poder ayudar a otros», asegura a punto de prestar su apoyo a la AECC como voluntario.

Hoy, con revisiones ya solo anuales, está plenamente recuperado. «Tengo los valores en 0,005 que no es nada y cada día vivo para vivir, para ser feliz, para ayudar al que necesite ayuda», insiste Juanjo, que no quiere dejar la oportunidad de aprovechar su testimonio para lanzar un mensaje clave a otros hombres: «Yo animaría a todos a mirarse, que eliminen el miedo y no se escondan en él porque es mejor que si hay algo se detecte cuanto antes mejor», concluye con un guiño cómplice.

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«Hay que mirarse, hay que eliminar el miedo y no esconderse en él»