La Retina: Marqués de Vallejo, el gran benefactor

El soteño Diego Fernández de Vallejo, marqués de Vallejo y gran benefactor. :: /Archivo Jerónimo Jiménez y Eusebio Juliá (Biblioteca Digital Memoria de Madrid)
El soteño Diego Fernández de Vallejo, marqués de Vallejo y gran benefactor. :: / Archivo Jerónimo Jiménez y Eusebio Juliá (Biblioteca Digital Memoria de Madrid)

En 1902 Logroño puso el nombre del ilustre soteño a la hasta entonces calle de la Compañía

En enero de 1902, semanas después de su fallecimiento, el Ayuntamiento de Logroño acordó dar el nombre de Diego Fernández Vallejo, Marqués de Vallejo, a la calle de la ciudad que durante siglos se había denominado de la Compañía y de Jesús.

Diego Fernández de Vallejo Segura y Baños había visto la luz el 14 de marzo de 1824 en Soto en Cameros. Como muchos jóvenes de la serranía riojana, se trasladó a Madrid en busca de un mejor futuro, en su caso al amparo de su tío Pedro González Vallejo, arzobispo de Toledo y expresidente de las Cortes durante el Trienio Liberal, y de su primo Buenaventura González Romero, quien iniciaba una prometedora carrera política.

Calle Marqués de Vallejo de Logroño a finales de los años 20.
Calle Marqués de Vallejo de Logroño a finales de los años 20. / Archivo Jerónimo Jiménez y Eusebio Juliá (Biblioteca Digital Memoria de Madrid).

Con un especial olfato para los negocios, muy pronto se dedicó Pedro González Vallejo a la Bolsa, al comercio y a la banca, y también aprovechó la Desamortización de Mendizábal para adquirir fincas, edificios y otros bienes de la Iglesia que habían sido puestos a la venta. Tal fue así, que el soteño se convirtió en uno de los hacendados más poderosos de España. Varias veces diputado a Cortes por el distrito de Torrecilla en Cameros, en 1864 recibió de la reina Isabel II el título de marqués de Vallejo y senador vitalicio del reino, si bien desde 1877 desempeñó el cargo de oficial mayor de la secretaría de Cámara Alta.

En 1902 Logroño puso el nombre del ilustre soteño a la hasta entonces calle de la Compañía

Íntimo amigo de Cánovas del Castillo, ostentó grandes condecoraciones de la nación, como las de Caballero del Collar de la Gran Cruz de Carlos III, Gran Cruz de Isabel la Católica, Cruz Blanca del Mérito Militar o Cruz Pontificia de San Gregorio el Magno.

Sin embargo, las tempranas muertes de su primera esposa y de sus hijos sumieron al marqués de Vallejo en la desesperanza, lo que le empujó a abandonar los negocios y a volcarse en los más necesitados. A la fundación del Colegio-Asilo para Huérfanos de la Guardia Civil en Valdemoro, le seguirían colegios, hospitales, conventos en Madrid o el Patronato para Pobres y Estudiantes en su natal Soto.

Toda una fortuna

Cuando Diego Fernández de Vallejo falleció el último día de 1901, su fortuna «pasaba de cinco millones de duros», según el periódico LA RIOJA. En su testamento, el finado donó cien mil pesetas para que fueran distribuidas entre los pobres de Logroño.

La céntrica calle que la ciudad dedicó al benefactor camerano comunicaba la antigua muralla sur con la calle Mercado, junto a la que los Padres Jesuitas levantaron su convento en el siglo XVI. Fue por ello que la rúa se llamó de la Compañía o de Jesús. A raíz de que el rey Carlos III dictara en 1767 la expulsión de España de la orden de San Ignacio de Loyola, el edificio fue transformado en Seminario Conciliar.

El caserón de piedra que aparece en la imagen que conserva el Archivo Jerónimo Jiménez, tomada a finales de los años 20, corresponde al citado Seminario, que dejó de funcionar en 1929 y que poco después fue derribado. Como curiosidad, en la citada calle se ubicaron algunas de las más famosas posadas con las que contó Logroño, entre ellas la posada de las Ánimas (actual hotel Marqués de Vallejo) y la de la Virgen del Pilar.