Manual de identidad colectiva

Uno de los marfiles de la arqueta de San Millán, custodiada en Yuso./
Uno de los marfiles de la arqueta de San Millán, custodiada en Yuso.

«Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada»

NAPOLEÓN BONAPARTEJORGE ALACID

Día de La Rioja bajo los vientos de cambio que acaban de barrer de La Moncloa al presidente que parecía eterno. Imposible no reparar en las semejanzas con las vicisitudes que conoció la política riojana hace tres años, cuando también el huracán de la historia se llevó por delante al titular perenne del Palacete. Lo cual debería obligar a los actores principales de la vida pública a adecuar su perfil a los renovados tiempos que reclaman cuidar con mimo los detalles, evitar los gestos rutinarios, huir del protocolo plomizo. Innovar, así en el fondo como en los gestos. Aviso ignorado. Aunque José Ignacio Ceniceros estuvo muy elegante en sus recientes declaraciones, dando la bienvenida gentil a Pedro Sánchez en un tono que escapa de actitudes pasadas, la cita anual de Yuso insiste en el modelo entronizado desde hace demasiado tiempo. Una estupenda metáfora de cómo vive la región entera cada día. El 9 de junio y el resto del año: aquí no pasa nada.

Pero claro que pasa. La necesaria solemnidad, a la que aludió por persona interpuesta el premiado Alberto Corazón, puede muy bien compatibilizarse con una agilidad en el orden del día desacostumbrada por la región desde esos tiempos en que precisamente el prestigioso diseñador se ocupó de renovar la imagen comunitaria. Han pasado cerca de cuarenta años. Llega el momento de que la sociedad riojana protagonice una nueva travesía por el desierto, guiada por un manual de identidad colectiva que en algo copie los consejos reunidos ayer en las palabras de Corazón y en la manera en que ejecutó el encargo del Gobierno socialista de la época. Lo cual significaría que esta tierra fuera capaz de abandonar como entonces La Rioja del escudo, La Rioja de profundo aroma feudal y medieval, para abrazar un territorio basado en los altos principios del humanismo. Una región con genuina personalidad propia que merece gobernantes a la altura de ese desafío.

También reclama, sobre todo, ciudadanos dispuestos a seguir los pasos de sus líderes si detectan en ellos algo similar a la grandeza. Cierta audacia. Desde luego, no tropezarán con ella en el discurso de su presidente del Gobierno, quien se entregó a las fórmulas más estereotipadas para pronunciar las mismas palabras de siempre. Más o menos. Con la salvedad de que Ceniceros parece dar por perdida la reforma del Estatuto, proyecto hace poco del todo trascendente que apenas ocupó ayer un parrafito de su mensaje. Seis páginas de áspera sintaxis, a mayor gloria de esa idea principal antes mencionada: aquí no pasa nada. De modo que el conjunto del Gobierno, tres años después de renovar su fisonomía, continúa a lo suyo: felices sus integrantes de haberse conocido como consejeros, según el modelo de satisfacción dibujado en la imborrable sonrisa de su jefe. Cada cual pensando ya en el día después del día después: a todos se les va poniendo cara de qué hay de lo mío, habida cuenta cómo se comporta el muy volátil escenario político nacional (y sus derivadas riojanas). Dichosos de vivir en la paradoja de quienes alertan de que combatirán a quien desde Moncloa entronice a partir de ahora privilegios entre regiones... idénticos a los consagrados bajo la etapa del presidente recién depuesto. Beligerancia contra las siglas ajenas, resignación ante las propias.

Nada nuevo bajo el sol de San Millán que a ratos asomó por el patio del monasterio, donde daba gusto ver cómo se filtraba la espontaneidad de la calle contenida en la gozosa música de Pablo Sainz Villegas o en la alegría desatada entre las gentes de Pioneros cada vez que se mencionaba su nombre desde el atril. Dos imágenes donde se resume muy bien el espíritu que podría vertebrar una promesa de renovada identidad regional, que necesitará desde luego un manual aún más ambicioso que el de Alberto Corazón. O un ataque de patriotismo bien entendido, ese tipo de inconformismo cívico que engrandece a la ciudadanía de cualquier territorio. El que por ejemplo anima los compases de 'Britannia rule the waves', el poema de Thompson y Arne cuyos emocionantes sones preludiaron el acto de Yuso. El himno que los británicos entonan recordando aquello de que nunca serán esclavos. El tipo de inyección anímica que La Rioja precisa cada día. No sólo el 9 de junio.

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