SE LLAMA EL PERSEGUIDO

Sanz atiende la intervención de un diputado. :: justo rodríguez/
Sanz atiende la intervención de un diputado. :: justo rodríguez

JOSÉ ANTONIO DEL RÍO

Sostiene Pedro Sanz que para los diputados de la comisión articulada para aclarar la aprobación del Plan General de Villamediana el asunto urbanístico sólo es una excusa, un pretexto; sostiene que el ordenamiento villametrense les interesa más bien nada a sus señorías y que lo han utilizado como coartada para «perseguir a Pedro Sanz» (sic, que el expresidente habla de sí mismo como si no fuera él mismo). Y sostiene, sin rubor, que se ha sentido perseguido -«muy perseguido», detalló-, como epítome del discurso tan cargado de victimismo como de suficiencia en el que se apalancó para no dar respuestas, para no ofrecer aclaraciones; para atacar, incluso, a sus parlamentarios interlocutores rememorando la mejor versión del Pedro Sanz omnímodo que durante 20 años atendió la Presidencia del Gobierno de La Rioja.

No le falta alguna razón al expresidente. Es verdad que, para los diputados, lo del Plan General de Villamediana es como oír llover. Ni a ellos ni a la ciudadanía se les escapa que esta comisión de investigación es un trampantojo que camufla un puesto de privilegio en una montería de caza mayor con una pieza a abatir con rango. Y hace bien en sentirse perseguido, muy perseguido incluso, el expresidente, que no se aconseja en ningún manual bélico perder de vista al enemigo. Ni despreciarlo. Y en este error sí se precipitó el compareciente con una impropia insistencia y bajo una inverosímil tolerancia del presidente de la Comisión, Jesús María Fernández, azote intransigente de tantas causas y ayer insustancial árbitro de la que le ocupaba. Tanta tolerancia cuando despreció a la podemita Rodríguez, tanta comprensión cuando descalificó a Ocón, tanta condescendencia cuando se paseó por Galapagar... Tanto, que Sanz se vino muy arriba y remató a la carga por falta de imparcialidad contra el presidente mismo de la comisión que encajaba la greguería como si le hablasen del Plan General de Villamediana, como quien oye llover.

La Comisión, en fin, cumplió las expectativas. Nada se esperaba mas nada aclaró más allá de evidenciar dudas, de airear sospechas, de menudear preguntas sin esperanza de encontrar respuesta. Más allá de propiciar la inusual imagen del expresidente en el estrado porfiando, especulando una certeza axiomática: «Si yo no fuese Pedro Sanz, no estaríamos aquí». Seguramente no. Y si su casa de aperos de Villamediana no hubiera pasado de los 250 metros, tampoco. Pero las cosas son como son.

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