Las leyes del azar

'Los jugadores de cartas', obra de Cezanne, expuesta en el parisino Museo de Orsay.
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'Los jugadores de cartas', obra de Cezanne, expuesta en el parisino Museo de Orsay.

«El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos», WILLIAM SHAKESPEARE

JORGE ALACID

La peculiar coyuntura que mueve el mundo, con derivadas en España y en La Rioja, ha desembocado en un escenario bastante insólito para la política regional: sólo el PSOE llega a los días previos a la campaña con los deberes hechos en materia de elección de candidatos. Cuando hoy hablen las urnas de Logroño, se sabrá quién lidera su lista al principal Ayuntamiento de la región. Que unirá su nombre al de Concha Andreu como aspirante al trono del Palacete. Añádase a Elisa Garrido como virtual cabeza de lista por Calahorra y se tendrá más o menos aplacado el principal dolor de cabeza que tanto incordiaba tradicionalmente a los socialistas riojanos. Quienes sólo tendrán que despejar otras dudas menores: sus candidatos en el resto de cabeceras de comarca, donde todo apunta a la continuidad. Salvo algún caso.

Novedad extraordinaria. Antaño, eran habituales los vaivenes preelectorales por Martínez Zaporta, ahora limitados a los sobresaltos en las primarias de Logroño. Que han sido bastante intensos, aunque apenas hayan emergido a la superficie. Pero esas convulsiones poco tienen que ver con los tormentos recientes, esa pródiga historia en zancadillas que antes se daba por descontada ante cada cita con las urnas. Prueba de que el mapa político de La Rioja ha cambiado sus cimientos es que ya ni el PSOE es lo que era. Ahora, las tempestades visitan otras siglas.

Las del PP, por ejemplo. Que sigue sin proclamar a su candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma, más allá de que José Ignacio Ceniceros reclame para sí tal honor. Para el cual, no obstante, tendrá que aguardar el plácet de Génova. Más concretamente, de su comité electoral nacional, cuyo secretario resulta ser su consejero Conrado Escobar: los caminos de la política son inescrutables. Sólo cuando se mueva esa pieza se generará el efecto dominó subsiguiente para rellenar con nombres propios las demás casillas que faltan, porque el PP sufre a escala riojana la resaca del terremoto que siguió a la salida de Mariano Rajoy, el nombramiento de Pablo Casado (en segunda ronda: en la primera, perdió ante Soraya Sáenz de Santamaría, así en España como en La Rioja) y el desalojo de la vieja guardia de la sede nacional. Demasiadas novedades en demasiado poco tiempo, muy complicadas de digerir. A las que siguieron las sombras arrojadas por esas encuestas donde Casado no acaba de despegar y la convocatoria de elecciones en Andalucía, con feas perspectivas para sus ambiciones. Que pudieran modificar el mapa político español... también con derivadas en La Rioja.

De momento, las autonómicas andaluzas ya han obligado a alterar el calendario del PP, con las mencionadas consecuencias para la elaboración de listas a escala regional. Una cadena de decisiones que debería salir de la convención que el partido iba a celebrar en diciembre, aplazada luego hasta enero para que no coincidiera con la visita a las urnas en Andalucía. Una demora que ralentiza ese proceso general de elección de candidatos, así para el Parlamento como para los ayuntamientos de la región. Empezando por Logroño, donde identificar al potencial número uno de la lista supone «un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma», por recurrir a la célebre cita de Churchill.

La frase sirve también para resumir el estado que presentan otras siglas. Por la izquierda, Podemos y sus confluencias siguen encerrados en sus particulares conflictos internos, que presagian malas noticias cuando se abran las urnas allá en mayo: se necesita un especialista en neolengua para aclararse de cuál será el desenlace del cruce actual de declaraciones, candidaturas transversales y enredos de todo pelaje que primero desconciertan a los medios de comunicación y luego confunden a la ciudadanía. Una tendencia que Ciudadanos asimismo ha hecho suya. Con matices: todo indica a Julián San Martín como candidato incontestable por Logroño, habida cuenta de que su partido ni siquiera tiene que convocar primarias por la magra cifra de afiliación naranja en la capital. Pero en el Parlamento sí se aventuran cambios. Lo prueba el aire melancólico que distingue a su portavoz Diego Ubis, quien lleva un tiempo en que no sabe/no contesta. El mismo tono crepuscular que caracteriza a David Vallejo, sobrepasados los dos por el ímpetu de Rebeca Grajea: la única que puede dar por seguro que repetirá en la candidatura, ajena a los sinuosos movimientos que ejecutan a la espalda de su escaño Pablo Baena, María Luisa Alonso y el propio San Martín cada vez que acuden como público al Parlamento.

Todo lo antedicho demuestra que la elaboración de listas hace frontera con la nigromancia y refleja la importancia del azar en la política. Y en la vida, que no son escenarios tan distintos. Ambos mundos cuentan con su propio dios jugando a los dados. Quien tenga alguna duda respecto a tal vaticinio sólo tiene que mirar quién ocupa hoy La Moncloa. Y pensar que si también al actual inquilino lo desalojan de ese palacio, todas estas quinielas pueden saltar por los aires: habrá que rellenar las candidaturas a Madrid. Tal vez entonces el problema se convierta en solución.

 

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