Un juez riojano ante el 'procés'

Andrés Martínez-Arrieta, segundo por la derecha, durante el inicio del juicio del 'procés'/EFE
Andrés Martínez-Arrieta, segundo por la derecha, durante el inicio del juicio del 'procés' / EFE

Martínez-Arrieta, nacido en Logroño hace 63 años, es uno de los siete magistrados que juzgan desde hoy a los líderes secesionistas catalanes

Pío García
PÍO GARCÍALogroño

Cuando los líderes del movimiento secesionista catalán se sienten en el banquillo de los acusados, experimentarán el peso litúrgico de verse declarando en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo, iluminados por una colosal lámpara de araña y abrumados por una barroca decoración de mármoles, vidrieras y cortinones. Frente a ellos, seis hombres y una mujer ocuparán siete sillones de madera tapizados en terciopelo rojo y examinarán los sucesos que condujeron a la fugaz proclamación de la república catalana.

En el centro del tribunal, bajo un escudo labrado por Mariano Benlliure, ocupará su sitio Manuel Marchena, el presidente de la Sala Segunda del Supremo. A su lado tomará asiento el magistrado más veterano de la Sala: Andrés Manuel Martínez-Arrieta. Un hombre sosegado, amable y discreto, cuyo sobresaliente currículum empezó a escribirse hace 63 años en Logroño.

La carrera

Origen
Nació en Logroño en 1955
Estudios
Se licenció en Derecho en la Complutense e ingresó en la carrera judicial en 1979
Primeros destinos
Debutó como juez en Azpeitia. Con 25 años, fue vocal del Consejo General del Poder Judicial
En el Supremo
Accedió al Alto Tribunal a los 43 años. Es el magistrado más veterano de la Sala Segunda

Martínez-Arrieta se enfrenta al caso más peliagudo de su carrera, pero no parece probable que le entren vértigos ni sofocos: desde que le tocó, con apenas 29 años, instruir el polémico caso de 'El Nani' –en el que tres policías acabaron condenados por la desaparición del atracador Santiago Corella–, ha tenido que lidiar con varios procesos tremebundos, algunos con eco mediático. A los 43 años, se convirtió en el magistrado más joven en acceder al Tribunal Supremo. En una entrevista concedida entonces a este periódico, dejaba caer algunas ideas que pueden dar pistas sobre su prodecer: «No conviene mezclar las responsabilidades penales con las políticas. El juez debe actuar en función de lo que la ley consienta y autorice».

Andrés Manuel Martínez-Arrieta nació en Logroño el 13 de abril de 1955. Su familia procede de Lumbreras. Estudió en el colegio de los Hermanos Maristas, aunque no llegó a terminar el bachillerato en La Rioja porque su padre fue destinado primero a Galicia y luego a Madrid. En la capital de España acabaron afincándose y ahí nacieron sus hermanos. Martínez-Arrieta, que ya tenía clara su vocación desde los catorce años, se matriculó en Derecho en la Universidad Complutense. «Fueron años muy intensos, con la muerte de Carrero, de Franco y la Transición –confesó a Diario LA RIOJA–. Los profesores de la Universidad no querían colaborar con el régimen y la forma de hacerlo era otorgar aprobados generales. Así que, como la carrera fue relativamente fácil, ya en cuarto me puse a estudiar las oposiciones para juez».

Las aprobó a la primera. Su primer destino, a los 24 años, fue en el juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Azpeitia (Guipúzcoa) –un territorio nada fácil en plena efervescencia etarra– y en 1980 fue elegido por sus compañeros vocal del Consejo General del Poder Judicial, cargo en el que estuvo tres años. Luego ocupó el juzgado de Instrucción número 11 de Madrid y de ahí saltó a la Audiencia Provincial de la capital de España y, finalmente, a la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Su primera mujer fue la conocida fiscal –hoy en excedencia– María Dolores Márquez de Prado. Tiene cuatro hijos, a los que llevaba a pasear por la sierra de Cebollera y por los Cameros «para que conociesen sus raíces».

Martínez-Arrieta, fundador de la asociación de jueces 'Francisco de Vitoria' (una escisión centrista de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura), dedica buena parte de su tiempo libre a desarrollar proyectos solidarios, con instituciones como la Fundación Tutelar San Juan de Dios, que se ocupa de «velar por la dignidad de las personas con discapacidad y enfermedad mental». Fue uno de los impulsores de la Plataforma 'Salvemos la Hospitalidad', que en el año 2013 se movilizó –con éxito– en contra de la intención del Gobierno del PP de tipificar como delito la ayuda a los inmigrantes sin papeles. «La asistencia humanitaria y la solidaridad no se pueden penalizar cuando son movidas por sentimientos de hospitalidad y altruismo», clamaba aquella Plataforma.

Si Manuel Marchena hubiese sido finalmente alzado a la presidencia del Consejo General del Poder Judicial –como recogía el polémico acuerdo alcanzado en noviembre entre el PSOE y el PP–, al magistrado riojano le hubiese tocado dirigir la vista oral contra el 'procés'. Tras la renuncia de Marchena al CGPJ, Martínez-Arrieta será uno más entre los siete miembros del tribunal. No lo tendrán nada fácil. Así que tal vez algún día, entre sesión y sesión, lo vean paseándose por los Cameros, huyendo del aire viciado que ya ha empezado a correr entre los opulentos mármoles del Salón de Plenos.