Cuando la historia se hizo arte

Uno de los cuadros de 'La Crónica', cuando aún se representaba en el interior del monasterio de Santa María la Real. ::/J. Pérez Garibay
Uno de los cuadros de 'La Crónica', cuando aún se representaba en el interior del monasterio de Santa María la Real. :: / J. Pérez Garibay

Las representaciones se hacían al principio en el Claustro de los Caballeros

Félix Domínguez
FÉLIX DOMÍNGUEZNájera

Corría el año 1968 cuando el catedrático de Historia y vecino de Nájera Justiniano García Prado leyó en público su obra 'La paloma y el azor', que estaba fundamentada en la historia de la ciudad en los tiempos del rey Don García, el que fuera conocido precisamente como 'el de Nájera'.

La lectura de dicho texto caló hondo en la ciudad y muchos fueron los que vieron en él el embrión de lo que podía ser la creación de un espectáculo histórico teatral de los que, por aquel entonces, comenzaban a surgir en las programaciones veraniegas de algunas poblaciones que vislumbraban que el turismo podía ser una fuente de ingresos que colaborase a sacar adelante sus titubeantes economías.

Con la idea ya más madurada, se pensó que el escenario ideal no podía ser otro que el interior del monasterio de Santa María la Real. En cierto modo, se trataba de transformar la historia en arte, y en su interior se hallaban fusionados ambos conceptos. Por si fuera poco, se iba a tratar de algunos personajes que en su día habían deambulado frecuentemente por el interior del cenobio y, aún más, varios de ellos reposan en el mismo.

La salida del espectáculo del Claustro de los Caballeros del monasterio fue un mazazo

Así las cosas, se pusieron en contacto con el prestigioso director teatral Roberto Carpio, quien se hizo cargo del proyecto, eligiendo como escenario el Claustro de los Caballeros. Para sacarlo adelante se buscó una fórmula que a la postre resultaría magistral en cuanto a la consolidación del espectáculo. El gran peso del mismo lo llevarían profesionales de la escena traídos desde Madrid. Actores de reconocido prestigio como José Luis Lespe, José Franco, Mercedes Borque...con el entusiasta complemento de los voluntarios najerinos, fueron sacando adelante el espectáculo que entonces se denominó 'Crónica Najerense'.

Enseguida, el incomparable marco de las representaciones y su impecable factura escenográfica se fueron propagando por la geografía riojana y se comenzaba a recoger el fruto. Por una parte, se estaba dando a conocer la historia de una ciudad que habiendo llegado a ser la capital de todo un reino, el de Nájera-Pamplona, parecía haberse quedado diluida, no se sabe bien por qué causa. Por otro lado, se estaba consiguiendo atraer a la ciudad a numerosos visitantes que, con el pretexto de acudir a presenciar la representación, dejaban una interesante inyección económica para hostelería y comercio.

Algunas puntuales controversias con el autor del primer libreto condujeron a los organizadores a tener que cambiar el nombre a las representaciones, pasando a denominarse 'El Caballo del Rey'. No sería éste el único cambio de nombre, ya que más tarde se ofreció como 'Códice Najerino', 'Anales de la Corte Najerina', 'Evocaciones Najerenses' o 'Crónica de Nájera', hasta llegar al actual 'Reino de Nájera'. No obstante, en el imaginario colectivo de los najerinos ha quedado como 'Las Crónicas' o 'La Crónica', pues de ambas formas se le suele denominar en lenguaje coloquial.

Uno de los momentos más delicados para las representaciones fue, cuando el Patronato del Monasterio de Santa María la Real, ante el deteriorado estado de las tracerías del Claustro de los Caballeros, conminó a sacarlas del interior del monasterio para no perjudicar la conservación del claustro. Aquello fue un mazazo para Nájera y de manera fundamental para los doscientos voluntarios najerinos que cada verano, hurtándole horas a su descanso, a sus vacaciones, a sus familias, se dedicaban durante un mes a sacar adelante 'La Crónica'.

Cuando todo parecía que iba a llegar a su fin, el tesón de estos najerinos logró que el cambio de escenario no supusiera el punto final, como muchos se temían, sino que se convirtiera en un punto y seguido que ha llevado a celebrar el pasado año las bodas de oro, y ahora esté todo dispuesto para levantar el telón de la 51 edición.