Con hijos a los 20

Andrea y Kiara (centro y derecha), junto a otra madre, en una sala para bebés del centro infantil La Cometa, que lleva APIR. :: díaz uriel/
Andrea y Kiara (centro y derecha), junto a otra madre, en una sala para bebés del centro infantil La Cometa, que lleva APIR. :: díaz uriel

La Asociación pro Infancia Riojana ofrece atención a jóvenes embarazadas y madres en situación vulnerable | Dos jóvenes usuarias de un programa de atención social explican su experiencia sobre la maternidad tras dar a luz a edades tempranas

GEMMA BENITO/J.E. LOGROÑO.

Se llama Andrea Sánchez, estudiaba Geología en Salamanca y... se quedó embarazada con 21 años. Ser madre siempre te cambia. Afrontar la maternidad siempre es complicado, se tengan los años que se tengan, pero a ciertas edades resulta más difícil. Hoy Andrea recibe la ayuda de la Asociación Pro Infancia Riojana (APIR).

Cuando se enteró de que se encontraba en estado de gestación aspiraba a ser geóloga, estaba formándose, pero el embarazo truncó sus estudios: «Mis padres no podían apoyarme económicamente, así que, como la carrera no me aportaba ningún ingreso, tuve que trabajar el doble de lo que ya lo hacia para poder pagar el piso en el que estaba», rememora. Entonces, se dio cuenta de que le faltaba algo, su familia, y decidió volver a Logroño. «Al principio bien, pero estaba acostumbrada a tener cierta independencia y al volver a vivir con mis padres, llegaron algunas diferencias», cuenta. Pero esas discrepancias quedaron en segundo plano porque al final «el niño nos aportó alegría y da igual cómo te lleves», señala.

Andrea conoció APIR a través de una amiga en su misma situación: «Me contaron que aquí hacían talleres y a mí, la verdad, me gusta mucho esta dinámica y este tipo de ambiente, de hecho, no he parado de venir, me gusta cómo nos tratan, tanto a nosotras como a nuestros niños», confiesa. Esta joven madre, que lleva varios meses acudiendo a esta asociación, destaca que, aparte de los talleres y las diversas actividades que se realizan, APIR también ofrece apoyo psicológico y todo tipo de ayuda desde su centro infantil de La Cometa.

«Ahora mismo mi vocación es mi hijo y eso es mucho más que cualquier otra cosa», afirma Andrea

Pese a los temores iniciales sobre la maternidad, para Andrea estar embarazada «fue una luz» y no le puso ningún obstáculo: «Cualquiera diría que he dejado la carrera por quedarme embarazada, pero yo no considero que estudiar fuera mi vocación. Ahora mismo, mi vocación es mi hijo. Y eso es mucho más que cualquier otra cosa», subraya la mujer.

Kiara Canales, otra de las usuarias de APIR, lleva en la asociación desde hace cuatro años. Con dieciocho años se quedó embarazada y fue el jefe de estudios de su instituto quien le recomendó acudir. «Las chicas me han ayudado mucho», afirma Kiara. Apunta que «aunque parece mentira, un embarazo a cualquier edad no siempre sienta bien, y más aún cuando tu cuerpo no lo asimila». Al principio, añade, «es un momento de susto y más cuando te enfrentas sola a todo», analiza antes de destacar que «al final del túnel hay una luz, y de todo se sale». «Nada es imposible si uno quiere», finaliza Kiara.

Las dos madres son beneficiarias de un programa de la Asociación Pro Infancia Riojana dirigido a madres y padres adolescentes y jóvenes gestantes en situación de dificultad social. Se ofrece una atención integral, con un plan individualizado y personalizado dependiendo de las demandas y las necesidades y así propiciar autonomía, capacidad de control y motivación al logro.

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