«Mi hija se pasaba la tarde durmiendo»

Julia, madre de una menor acosada

I.Á.CALAHORRA.

«Tu pelo huele a coco y me hace vomitar». «Eres fea, fofa». «Tu culo es gordo»... Y así, día tras día. Un calvario de insultos y vejaciones que «nos hicieron sufrir muchísimo», relata Julia, nombre ficticio de la madre de una adolescente de Calahorra que durante años sufrió acoso escolar en un colegio de la localidad.

«Para la familia de la menor es muy doloroso. Mi hija llegaba a casa y se pasaba la tarde durmiendo o con los ojos hinchados de tanto llorar. Llegas a temer hasta que pueda quitarse la vida», prosigue esta madre, que pide a los colegios que ante cualquier sospecha de acoso en el aula «actúen desde el primer momento». En su caso ella asegura que se sintió «sola».

«Hablé con todo el mundo en el colegio y sí que me escuchaban, pero nadie tomaba medidas», lamenta esta madre. Su lucha y la de su hija, que ha podido superar esa angustiosa etapa, continuó por la búsqueda de apoyo fuera del centro. «Fui al psicólogo, al médico, a la asistente social...», comenta Julia, para quien ante todo fue vital «el soporte que se le dio en casa». «Afortunadamente, ella nos contaba lo que le pasaba y nosotros intentábamos contrarrestar todo lo que le decían. Le hacíamos ver que era bella», añade.

Las acosadoras de su hija eran un grupo de compañeras de clase. A Julia lo que más le apena es que ninguna de ellas salió en ningún momento en defensa de su hija. «Yo creo sinceramente que muchas tenían miedo. Tenían miedo de que si la defendían o decían que eso no estaba bien el resto se volviese en su contra», sostiene.

Todo eso acabó cuando le cambiaron de aula: «Ahora está muy feliz. Ha encajado muy bien en el nuevo grupo y hasta ha mejorado las notas. Ahora puede ser ella misma», dice por fin aliviada esta madre. Pero a pesar de la dureza de lo vivido, Julia saca algo positivo. «Mi hija se ha hecho mucho más fuerte. Ahora sabe quiénes pueden llegar a ser sus amigos de verdad», valora.