DE LA UVA GORDA

MANUEL RUIZ HERNÁNDEZ

Dela maduración 2018 y después de considerar el Boletín nº4, podemos decir que ya no son riesgo los mohos o mucho menos que hace un mes, pero debemos hacer consideración del peso de la baya.

En los datos de tempranillo de La Rioja Alta, el peso ha subido a 269 gramos por cien bayas. Es un peso alto y, para las mismas fechas, está a la altura de la curvas de peso de las cosechas del 2009 y del 2014. Pero lo más interesante es que esta subida ha ocurrido fundamentalmente entre el 2º y el 4º Boletín.

En general en el 2º era de 248 gramos y en el 4º de 269 gramos.

En suelos aluviales y de ribera, en el 2º Boletín era de 266 gramos y en el 4º de 275 gramos.

En suelos arcillo-calcáreos era en el 2º Boletín de 236 gramos y en el 4º de 255 gramos.

Se ve incidencia importante del suelo.

Pero lo más importante es el ritmo de ascenso de peso que es acusado en el 2018 y por ahora. Habitualmente trabajamos con estos datos a partir de las 15 primeras muestras de tempranillo que corresponden a la zona Alta pero es interesante reseñar que en esta campaña se muestra uva menos gruesa en tempranillos de Rioja Baja. Resulta prematuro imputar esto a la frecuencia de tormentas y localizaciones pero desgraciadamente hay uva gruesa.

En el año 2009 era para estas fechas el paso de 21º a 4º Boletín de 225 a 230. Y en el 2014 era de 227 a 237 gramos.

Nos agrada comprobar que distintos suelos son distintos comportamientos pero el tono general es, desafortunadamente, que en algunas zonas la uva es gorda.

 

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