Un futuro de temida incertidumbre

El sector remolachero cumple su primer año sin cuotas de producción con dudas ante el panorama que se abre en el 2020

SERGIO MARTÍNEZ

El sector de la remolacha azucarera mira al futuro con incertidumbre, cuanto menos, pero también con dosis de temor por lo que depararán los años venideros para un cultivo que el pasado año modificó las reglas del juego a nivel comunitario. La desaparición de las cuotas de producción abrió un nuevo panorama que, sin embargo, no ha supuesto demasiado por el momento para los agricultores riojanos, amparados por el acuerdo marco interprofesional hasta el 2020. Esa sí es la fecha que puede cambiarlo todo.

La Unión Europea ha dado pasos paulatinos hacia la liberalización de sus mercados agrícolas y uno de los cultivos en el que las cuotas de producción que imponía a los Estados aún estaban vigentes era el de la remolacha. En septiembre del pasado año esa situación desapareció, quedando el sistema de cuotas en el pasado y abriendo un panorama desconocido durante muchos años. José Antonio Torrecilla, secretario general de Arag-Asaja, reconoce que «la experiencia nos dice que cultivo en el que se quitan las cuotas, cultivo que se desmantela», apuntando además a la problemática asociada a estas medidas de liberalización de mercados: «A Europa llegan productos de todo el mundo, pero no tienen los controles de seguridad ni los reglamentos tan estrictos que cumplimos aquí, que nos suponen unos mayores costes de producción».

El acuerdo marco mantiene por el momento la estabilidad

La eliminación de las cuotas de producción, sin embargo, no se ha notado en exceso en el sector debido al acuerdo marco interprofesional, que establece unos criterios de superficie y precios que se mantendrán hasta el año 2020. Todavía no ha comenzado a negociarse el próximo acuerdo entre las organizaciones agrarias y la industria, ante las que José Antonio Torrecilla se muestra pesimista por la situación a nivel global del sector azucarero: «Existe una caída de precios y la industria está perdiendo dinero. Las empresas lo repercutirán en la compra del producto, pagando precios menores que no compensarán al agricultor. El cultivo podría desaparecer».

La remolacha se mantiene actualmente en torno a los 42 euros por tonelada en La Rioja, de los cuales 25 euros corresponden al precio y el resto a una serie de ayudas acopladas. El acuerdo marco se fraguó después de que la reforma comunitaria del año 2006 «desmantelase el sector, recortándose a la mitad las ayudas y cayendo por ello el número de remolacheros, las fábricas y los precios», apunta Torrecilla. Otros precios inferiores a los actuales parecen inviables para la supervivencia del cultivo, «ya que los costes son muy altos y esos 42 euros son incluso ajustados para ellos», comenta el secretario general de Asaja, que apunta además al dato de que en España se consume el doble de azúcar de que se produce.

La Rioja se caracteriza por ser una región con peculiaridades idóneas para la remolacha, que arroja unos altos rendimientos que permite a los agricultores mantener el cultivo de forma rentable. Su superficie se mantiene estable desde hace unos años, pero el histórico arroja unos datos preocupantes. El pasado año la remolacha ocupó 1.304 hectáreas en la región, una cifra que se triplicaba hace poco más de dos décadas. La situación es por el momento favorable para los remolacheros, o al menos estable, pese a la desaparición de las cuotas de producción. El año 2020, con una nueva PAC a la vista y el acuerdo sectorial a renovar, supondrá un temido punto de inflexión.

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