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FERVOR POR EL RESISTENTE

Sánchez se hace un selfi con algunos de los jóvenes asistentes al acto. :: /Juan Marín
Sánchez se hace un selfi con algunos de los jóvenes asistentes al acto. :: / Juan Marín

Pío García
PÍO GARCÍALogroño

Hasta ayer a las 19.20 horas, yo pensaba que era el único mortal que se había leído enterito el Manual de Resistencia (junto con Irene Lozano y tal vez Pedro Sánchez). Me lo leí por obligación profesional y con ánimo un poco puñetero, porque quería ver cuantas veces salía Luena citado (sale una y de pasada), pero me lo leí de dos sentadas. El caso es que sentía yo la dolorosa soledad del bibliófilo hasta que ayer, a las 19.20 horas, descubrí con alegría que había en este mundo al menos otra lectora del Manual de Resistencia: la madre de Concha Andreu. La señora, según confesó su hija en el atril, lee un poco todas las noches. Quizá esa tranquilidad lectora sea la razón de que a ella le esté gustando mucho y a mí me pareciera un pestiño egocéntrico. También puede pesar el hecho de que yo lo leyera por obligación, como si me lo hubiera mandado el profesor del instituto, y eso nunca deja buen sabor de boca. La madre de Concha Andreu le dice a su hija cuando acaba un capítulo: «Este hombre se merece todo lo bueno que le pase». Yo no pensé exactamente lo mismo, aunque eso es lo que suele suceder con los clásicos: cada uno encuentra en ellos lo que quiere.