Logroño | Marqués de Vallejo
«Mi hijo solo pregunta por su maleta, quiere volver al internado»Familias afectadas por el cierre del servicio del Marqués de Vallejo donde viven 24 alumnos reclaman respuestas y una solución
Hace ya dos semanas que una veintena de familias recibieron una llamada desde el centro de educación especial Marqués de Vallejo que removió su día ... a día: el internado cerraba por riesgo de desprendimientos. El 'shock' inicial dio paso a una adaptación improvisada y forzada de rutinas familiares, mientras que los días pasan, la incertidumbre y la frustración crece y la necesidad de una solución para esos chicos y chicas se hace inmediata.
«Allí nuestro hijo es súper feliz, volvía a casa el viernes y era otra persona. Ahora está con ansiedad, nervios, apatía con las cosas que le gusta hacer... Solo pregunta por su maleta, quiere volver al internado, lo echa mucho de menos», comenta Jesús Manuel Gil, padre de Manuel, un chico de 16 años con autismo que había encontrado en el internado del Marqués de Vallejo un hogar. Y ese hogar se encuentra ahora clausurado. Un desprendimiento de parte del techo en una habitación provocó el cierre de un espacio en el que viven, de lunes a viernes, 24 alumnos con discapacidad de diferentes puntos de La Rioja e incluso de comunidades vecinas. Una gota que colmó el vaso de la comunidad educativa de un centro con numerosos desperfectos acumulados con el paso del tiempo.
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Ahora, las familias afectadas tratan de adaptarse a una complicada rutina, ya que el internado no solo era fundamental para su conciliación, un apoyo, sino que repercutía muy positivamente en la salud y el ánimo de sus hijos. «Después de estar ahí te das cuenta de lo necesario que es», apunta el padre de Manuel, que tras «un periplo por colegios de Calahorra y estar en un centro en San Adrián, donde empezó a salir adelante», acabó en el Marqués de Vallejo:«Y no nos estamos arrepintiendo, hay un grupo de profesionales maravilloso y el AMPA se porta genial con todas las familias».
Sara García es madre de Natalia, una chica de 19 años con un 99% de discapacidad y que lleva once años en el internado «por necesidad y por su mejoría, allí está atendida y tiene sus terapias y actividades durante todo el día. Es algo primordial para ella y sus compañeros». «Son chicos que notan mucho cualquier cambio, necesitan sus rutinas y pautas», comenta Sara García, que como todos los padres, ha tenido que adaptar su día a día a esta nueva realidad. Entran variables como el cuidado del resto de la familia o las exigencias laborales. «Hemos visto todo alterado. Vas a todo correr, no llegas a nada», añade.
«Allí nuestro hijo es súper feliz, ahora está con ansiedad, nervios, apatía...«
Jesús Manuel Gil
Padre de Manuel
«Este servicio es una necesidad y supone una mejora en su día a día, está atendida y tiene terapias»
Sara García
Madre de Natalia
«Por lo menos, nos gustaría saber algo, si van a meterlos en otro sitio o que cada uno se apañe»
Elena Martínez
Madre de Iratxe
Desde hace dos semanas, cada día deben acercar a Natalia al autobús que la recoge en Nájera, como ocurre con Manuel en Calahorra, «y es un momento que les estresa mucho», coinciden desde ambas familias. Tras pasar la jornada lectiva en el Marqués, regresan a sus casas. Más dificultades en este aspecto tienen los alumnos que vienen desde otras provincias, como Iratxe, una chica de 18 años con síndrome de Dravet que vive en la localidad navarra de Genevilla y que eligió el Marqués sobre otras opciones en Pamplona. «Le gustó más el centro de Logroño y fuimos allí, está muy contenta, feliz», explica Elena Martínez, su madre. «Pero ahora se ha complicado todo, tenemos que hacer dos viajes de ida y vuelta todos los días (160 kilómetros). Yo soy autónoma e intento apañarme, hacemos malabares porque nos parece importante que baje al colegio», añade. Además, ha tenido que dejar las actividades de natación y chiquirritmo que realizaba en Logroño Deporte: «Es algo menor, pero fastidia porque iba muy a gusto».
Mientras sus hijos van y vienen cada día, las familias esperan una solución para el regreso del servicio de internado. «Por lo menos saber algo, si van a meterlos en otro sitio o que cada uno se apañe como pueda el resto del curso», subraya Elena Martínez. «La incertidumbre es lo peor», comenta por su parte Jesús Manuel Gil, que valora como «positivo que se reclame un centro nuevo, pero qué hacemos ahora, hay chicos que ni siquiera están yendo al colegio. Necesitamos una respuesta y que sea viable, no un parche».
«Deberían haberse puesto en la piel de las familias y habernos dado ya una solución, agilizar todo esto. Si no hay nada, que nos lo digan, para bien o para mal, pero que nos informen de algo», concluye Sara García.
Las familias esperan, ajustando como pueden su día a día a una realidad sobrevenida. Mientras, desde Educación responden que siguen «estudiando soluciones para el servicio del internado».
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