¿De qué mueren los riojanos?

¿De qué mueren los riojanos?

Las enfermedades ligadas al envejecimiento ganan peso como causa de muerte en La Rioja

LUIS JAVIER RUIZ LOGROÑO.

Los riojanos nos hemos venido muriendo, más o menos, siempre igual. No hay grandes cambios en el proceso de despedirse del sufrimiento terrenal: las enfermedades de los sistemas circulatorio y respiratorio y una casi eterna lista de tumores han sido, estadísticamente, las patologías que más féretros han demandado en la región. A ellas, hace una década, se sumaban las patologías del sistema digestivo y las denominadas causas externas de mortalidad (el cajón de sastre en el que quedarían englobadas todas las muertes violentas independientemente de la voluntariedad del finado en alcanzar tal resultado). Diez años después, la situación se ha modificado ligeramente. El progresivo envejecimiento de la población, aliñado con la cada vez mayor esperanza de vida, han venido a conceder a otras dos patologías estrechamente vinculadas a la edad un espacio propio en las partidas de defunción: los trastornos mentales y del comportamiento y las enfermedades del sistema nervioso. Todas ellas, dice el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su estudio 'Defunciones según la causa de muerte', están detrás de ocho de cada diez fallecimientos que se registraron en la región durante el año 2017 (último ejercicio con los datos publicados).

En cifras absolutas, el 2017 fue, digamos, un mal año. En La Rioja se registraron un total de 3.052 fallecimientos (el segundo volumen de defunciones más alto de la última década y sólo por detrás del año 2015, cuando murieron 3.093 personas). De ese total, 941 óbitos se debieron a una patología del sistema circulatorio (el 30,83% del total de muertes), 818 a tumores variados (el 26,80%) y 329 más vinculados a enfermedades del sistema respiratorio (el 10,78%). En el conjunto del Estado esas son, también, las principales causas de defunción, si bien el peso porcentual de cada una de ellas es ligeramente inferior al riojano.

Esos datos absolutos del 2017 son superiores a los que se registraron una década antes, en el 2008. De hecho, en la comparación de ambas estadísticas tan solo retroceden los fallecimientos vinculados a enfermedades del sistema digestivo (de 155 a 133), los de las denominadas causas externas (de 123 a 110 y, eminentemente por el desplome de las muertes en accidentes de tráfico, que pasaron de 35 a 16), los relacionados con afecciones del periodo perinatal -tiempo que comprende desde las 22 semanas de gestación hasta 4 semanas después del parto- (de 13 a 3) y los vinculados a 'síntomas, signos y hallazgos anormales clínicos' (de 57 a 27).

Frente a esos descensos, el repunte que más llama la atención (tanto por su constancia a lo largo de la última década como por su entidad) es el de las muertes que están asociadas a trastornos mentales, 190 durante el 2017. Esa categoría estadística engloba los denominados trastornos mentales orgánicos, senil y presenil (180 fallecidos), los trastornos mentales debidos al uso de alcohol (1) y otros trastornos mentales y del comportamiento (9). Diez años antes, en el 2008, se registraron 80 fallecimientos, lo que supone un aumento del 137,5%.

La quinta causa de fallecimientos durante el 2017 fueron las enfermedades del sistema nervioso (207), capítulo dominado por los óbitos relacionados con el alzhéimer (104) y en el que además de otras patologías (103) se incluyen las dos muertes por meningitis (2).

Esas cinco causas de defunción representan el 81,4% de los óbitos registrados en la región durante el año 2017 y sus principales víctimas fueron personas mayores de 65 años: el 88% de los fallecidos rebasaban esa edad y, con la excepción de los tumores (tres de cada cuatro fallecidos por un tumor habían alcanzado ya la frontera de la jubilación), en las otras cuatro causas más habituales de muerte, más del 90% de los difuntos había cumplido esa edad.

Más allá de la alteración que han registrado las principales causas de mortalidad, también se ha equilibrado la mortalidad por sexos. En el 2008, el 52,7% de los fallecidos eran hombres. Desde entonces, si bien las defunciones masculinas se han mantenido en una horquilla que oscila entre los 1.500 y los 1.600 anuales, las de mujeres han aumentado progresivamente hasta alcanzar en el 2017 un equilibrio inédito a lo largo de la década: 1.532 hombres fallecidos frente a 1.520 mujeres.

Los tumores de las vías respiratorias, los más mortales

Los tumores fueron, en el 2017, la segunda causa más frecuente de fallecimiento en La Rioja. En total, según los datos registrados por el INE, fallecieron 818 personas, 34 y 41 menos respectivamente, que en los años 2016 y 2015. Históricamente consolidados como una de las principales causas de muerte en La Rioja, su incidencia registra pequeñas fluctuaciones anuales, si bien desde el año 2008 se ha mantenido, de manera más o menos constante, en el umbral de los 800 fallecimientos por curso (las 772 muertes del 2008 y las 887 del 2012 marcan los extremos de esa horquilla). Donde sí que se percibe una tendencia es en la incidencia de esta patología en las mujeres. Año a año ha ido repuntando y si el porcentaje de mujeres fallecidas por un tumor en el 2008 era del 36%, en el 2017 representó el 40%, cuatro puntos más.

El principal tumor que afecta a la población riojana es el de tráquea, bronquios y pulmón, que en el 2017 se contrajo a los valores que tenía hace una década después de unos años en los que repuntó hasta alcanzar su techo en el 2012, curso en el que se registraron 156 muertes por este motivo. En términos porcentuales, los óbitos vinculados a este tipo de tumor representaron algo más del 4 por ciento de las muertes certificadas en la región durante el año 2017, en línea con lo que ha venido sucediendo a lo largo de los últimos años.

Los cánceres de colon (82 fallecidos), páncreas (59) y mama (56) completan la lista negra de tumores con mayor mortalidad en La Rioja. Además, se registraron 40 muertes por el de próstata, 39 por un tumor de estómago y 37 más por un proceso tumoral en el hígado.

Las patologías circulatorias suponen el 30% del total de fallecimientos

El espectro de patologías englobadas con fines estadístico por el INEes amplio y más allá de los grandes grupos que presenta el estudio, su desagregación no es, en algunas de las causas de defunción, excesivamente amplio. En todo caso, sí que es suficiente para hacerse una idea de que, en La Rioja, la principal causa de muerte fue una enfermedad del corazón, justificación apuntada en 220 certificados de defunción (128 mujeres y 92 hombres) registrados en el 2017. Eso representa el 7,2% del total de fallecimientos del año y, en relación a lo que sucedió hace una década, supone un considerable repunte: en el 2008 esa fue la causa de muerte de 152 personas en La Rioja (63 hombres y 89 mujeres).

Ligeramente por detrás se situarían las enfermedades cerebrovasculares, cajón de sastre bajo el que se agrupan diferentes patologías que acabaron con la vida de 217 riojanos (el 7,11% del total de defunciones). De igual manera, son las mujeres las que lideran esta causa de muerte: 122 frente a 95 hombres.

La tercera causa más habitual de fallecimiento en la región fue el infarto agudo de miocardio. En el año 2017 se logró contener considerablemente este motivo de muerte en relación a lo que sucedía hace diez años (125 fallecimientos frente a los 160 del 2008).

Esa cifra representa, en todo caso, el 4% del total de fallecimientos en La Rioja en el 2017 (en el 2008 era el 5,5%). Además, frente a lo que sucede con las dos patologías anteriores, las principales víctimas de los infartos agudos de miocardio son hombres (67 frente a 58 mujeres).

Caídas accidentales y suicidios, las razones externas de mortalidad

Más allá de las patologías que, durante el 2017, no encontraron una solución y acabaron por certificar el fallecimiento del paciente, el INE también recoge en su estudio las causas de muerte externas, aquellas que no están relacionadas propiamente dicho con una enfermedad y que incluyen desde asesinatos hasta suicidios pasando por accidentes de tráfico. En total, 110 personas perdieron la vida por estos motivos.

Es uno de los pocos indicadores que registró un descenso en relación al 2008 y su explicación se encuentra en las carreteras riojanas: frente a los 35 fallecimientos de hace una década, en el 2017 perdieron la vida en un vehículo 16 personas. Así, diez años después, los accidentes de tráfico han dejado de ser la principal causa de muerte externa en la región y su testigo lo han recogido las caídas accidentales que acabaron con la vida de 33 riojanos (en el 2008 encontraron la muerte de esta manera 26 personas). La cifra, en todo caso, continúa siendo una de las más altas de los últimos años.

Por detrás, y como segunda causa de muerte externa en La Rioja, se sitúan los suicidios. El INE contabiliza 25 muertes por este motivo durante el 2017, tres menos que en el 2008. Las cifras más altas de suicidios que se han registrado en la región datan de los años 2014 y 2012, con 31 y 30 fallecidos, respectivamente. En todo caso, desde el año 2011, se ha consolidado como la segunda causa de mortalidad externa en La Rioja.

Sin envenenamientos accidentales por cuarto año consecutivo, sí que el INEtiene contabilizados nueve fallecimientos durante el 2017 por intoxicaciones accidental por psicofármacos y drogas de abuso. Se trata de la cifra más alta de la última década.

Además, durante el año 2017, en La Rioja 13 personas fallecieron por ahogamiento, sumersión o sofocación, dos más por accidentes por fuego, humo y sustancias calientes y otras dos por complicaciones de la atención médica y quirúrgica.

 

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