Educación ha atendido este curso casi un millar de altas, bajas y cambios de centro escolar

Un grupo de alumnos del colegio Madre de Dios, en una clase el pasado jueves, 28 de febrero. /Miguel Herreros
Un grupo de alumnos del colegio Madre de Dios, en una clase el pasado jueves, 28 de febrero. / Miguel Herreros

Los movimientos de alumnado encadenan un lustro de constantes y tímidos incrementos en el periodo extraordinario de escolarización

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Cuando a principios de septiembre los estudiantes regresan a las aulas tras un intenso verano, el retorno es duro. Recuperar la rutina perdida, afrontar un posible cambio de compañeros de clase, el salto al instituto en función de la edad... Piedras en el camino que, a esas edades, parecen losas. Al final, todo fluye, las piezas encajan y el ritmo de trabajo (o de vagancia, según los casos) adquiere velocidad de crucero.

Otra cosa es afrontar esa misma realidad, por ejemplo, el 7 de noviembre o el 3 de febrero o mañana. Porque la escolarización en los niveles obligatorios nunca cierra, solo cambia de apellido para denominarse extraordinaria cuando se produce con las clases iniciadas. Es una realidad que presenta un ligerísimo repunte en los últimos años y que siempre se cierra con saldo positivo (llegan más alumnos de los que se van).

Las cifras absolutas, se excusan desde Educación, son complicadas de obtener. Los registros hablan de 'movimientos de alumnado', un concepto bastante más amplio en el que se engloban, básicamente, tres realidades: altas y bajas del sistema educativo y cambios de centro dentro de la educación riojana. Los únicos datos que ofrece la Consejería apuntan que en lo que llevamos de curso ha habido 416 variaciones en Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato. 852 si se incluye en el mismo saco a los alumnos de Formación Profesional (grados medios, superiores y básica). A esas dos cifras se une una tercera, más anecdótica, pero que viene a ratificar la tendencia: entre el primer día de colegio y el 15 de octubre, La Rioja ganó 47 alumnos en Infantil y Primaria. En poco más de un mes. En Secundaria, la cifra es superior, pero el balance aún abierto en algunos centros deja el dato en el aire.

LAS CLAVES

Escolarización extraordinaria
Es la que tiene lugar una vez que ha comenzado el curso escolar. Los trámites son similares y la plaza está garantizada en la educación obligatoria en centros con vacantes.
Quiénes llegan a los centros. Desde Educación apuntan que son dos grandes grupos
los hijos de trabajadores que llegan a La Rioja una vez iniciado el curso y los de temporeros que se mueven por la geografía nacional
Acoso escolar
Durante este año sólo se ha registrado un cambio de centro escolar.

El punto de partida siempre es el mismo, explica el director general de Educación, Miguel Ángel Fernández: «Cuando los alumnos están en un nivel obligatorio se les debe asignar una plaza en un centro de La Rioja». El procedimiento, dentro de su excepcionalidad, es idéntico al ordinario: los padres presentan una solicitud de admisión e indican, por orden de preferencia, los colegios en los que desean matricular a sus hijos. «Todo depende de las vacantes», dice Fernández, que apunta que en ocasiones «muy excepcionales», algún centro sí ha pedido ampliar la ratio de un aula concreta para admitir a un recién llegado. Son casos, insiste, «muy excepcionales» en los que «la administración no obliga a nadie a admitir a un alumno» sino que es «el centro quien realiza la petición».

El perfil de esos alumnos 'tardíos' es variopinto. No responden a un patrón concreto, si bien existen tres grandes grupos. Por un lado estarían los alumnos que llegan a La Rioja por un cambio de residencia familiar (habitualmente motivado por cuestiones laborales) desde otra comunidad autónoma. Por otro lado, relata Fernández, están los movimientos (altas y bajas) vinculados a las estancias prolongadas de determinadas familias en sus países de origen. «Observamos que muchas modificaciones son debido a que hay familias que, durante el curso, se desplazan en bloque a sus países durante uno o dos meses». Esa ausencia (más allá del expediente de absentismo que tramitará Educación) hace que la reserva de plaza, tras 15 días de ausencia injustificada, se pierda. «Finalizado ese viaje las familias regresan y solicitan de nuevo la escolarización». Educación reintegra a esos alumnos a las aulas, si bien no son infrecuentes disfunciones como la matriculación de varios hermanos en diferentes centros. «Si las plazas que perdieron no están ocupadas, se les matriculará en el mismo centro, pero si han sido ocupadas irán a otros colegios».

El tercer gran grupo sería el de los temporeros. Mayoritariamente de origen portugués, se desplazan por diferentes zonas en función del trabajo disponible, lo que obliga a la Consejería a analizar todas sus necesidades para darles una plaza.

EL DATO

416
altas, bajas y cambios de centro se han registrado en La Rioja entre Infantil y Bachillerato este curso.

Junto a ellos pero con menor impacto están las altas y bajas por cambios de residencia dentro de La Rioja. «Son pocos casos», dice el director general, que explica que en los padres optan por mantener a sus hijos en el centro escolar aunque ello implique desplazamientos más largos (urbanos o interurbanos). Además, este curso ha habido un único cambio vinculado a episodios de acoso escolar. En estos casos se adopta esa medida como vía de protección de la víctima, que, en ocasiones, es quien acaba cambiando de centro.

En cuanto al origen de esos alumnos, los datos también oscilan si bien desde Educación apuntan que cada vez son más los extranjeros que llegan a las aulas riojanas ya no de terceros países, sino desde las aulas de otra comunidad autónoma.

Para evitar la puerta gayola, para que el recién llegado se enfrente solo a un aula nueva, profesores y compañeros nuevos, son los propios centros los que tienen desarrollado un protocolo de bienvenida. Una hoja de ruta para que el alumno se integre de manera eficaz y rápida y evitar que tenga efectos en su expediente escolar. Participan el tutor, el equipo directivo y el orientador del centro, que se encargan de analizar capacidades y detectar necesidades.

Una de las principales trabas es la idiomática. Si presentan un desconocimiento de la lengua castellana, no suelen asistir a clase sino a «aulas de inmersión lingüística para adquirir las destrezas mínimas del castellano», explica Fernández. Esa primera adaptación puede prolongarse entre 6 y 12 meses, tras lo que se incorporan al sistema. «Si ya han estado en otro centro o vienen de otras comunidades, la integración es rápida y, en principio, tampoco requiere medidas excepcionales. Son procesos que están totalmente integrados y normalizados. La cifra, aunque va en aumento, no es alarmante».

El seguimiento del alumno queda en manos del propio centro. Ellos cotejarán sus resultados académicos y su proceso de integración para evitar que el nuevo de la clase se convierta también en el último.