Educación ha activado el protocolo por acoso escolar hasta diez veces en sólo cuatro meses

Alumnos del IES Escultor Daniel en una de las actividades de cohesión efectuadas en La Grajera. :: escultor daniel/
Alumnos del IES Escultor Daniel en una de las actividades de cohesión efectuadas en La Grajera. :: escultor daniel

Dos de los casos siguen abiertos y en otros dos se ha detectado 'bullying' real y se ha acordado el cambio de centro y de aula de las víctimas

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

El acoso en las aulas sigue siendo una asignatura pendiente no sólo en La Rioja, sino en el conjunto del país. Las distintas redes sociales, como Instagram, incluso el propio Whatsapp, amplifican un fenómeno en el que no hay ni vencedores ni vencidos; al final, todos pierden. Precisamente contra esta lacra el Gobierno regional emprendió hace ahora un año una nueva batalla poniendo en marcha un protocolo de actuación que prima la prevención y la inmediatez.

Sólo en los cuatro meses de este curso 2018-2019 el protocolo se ha activado hasta en diez ocasiones y en dos de ellas continúa abierta la investigación para saber si se trata de un caso real de acoso porque, en palabras del director general de Educación, Miguel Ángel Fernández, hay que diferenciar entre el acoso y una pelea en el patio que puede ser «algo propio de los chicos y chicas de esta edad». Por lo general, «tiene que haber una diferencia, un desequilibrio en fortaleza física o psicológica, que sea algo reiterado y que haya una intencionalidad».

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De los diez casos en los que se puso en marcha la guía de actuación, en dos de ellos se concluyó la existencia de un acoso real, es decir, que ni eran riñas esporádicas ni peleas de patio. En uno de ellos la decisión final, de conformidad con los padres, fue el cambio de centro del niño acosado, y en el otro, también con el acuerdo de los progenitores, se optó por cambiar de aula a la víctima.

En cuanto al nivel educativo, el 'bullying' se produjo en sexto de Primaria y en segundo de la ESO y en uno de estos dos casos confirmados, las redes sociales jugaron un papel de altavoz de una situación indeseable. El acoso trascendió el ámbito de las aulas y de las horas lectivas y llegó hasta el hogar y en cualquier momento del día.

Indicadores

Agresor
Incumplimiento de las normas del centro, actitud rebelde, prepotente y poco reflexiva, comportamientos agresivos, nula o escasa empatía, conductas disruptivas en el aula, continuas llamadas de atención, egocentrismo, hablar de modo despectivo de los compañeros, bajo rendimiento académico, papel dominante, disfrutar burlándose y humillando a familiares y amigos.
Víctima
Mostrarse nervioso o inquieto sin aparente causa justificada, cambios de estado de ánimo, evitar el contacto con determinados compañeros, comenzar a faltar a clase sin causa justificada, escasa relación con sus compañeros, empeoramiento del rendimiento escolar, escasas relaciones sociales y abandono de actividades, entre otros.

Ningún alumno está libre de sufrir acoso porque «puede ocurrir en cualquier sitio», apunta el director general de Educación, aunque, por lo general, el perfil del acosador es normalmente el de una persona con fortaleza física que no está motivada para el estudio. Respecto a la víctima, esta puede ser pasiva y activa, incluso en ocasiones «se confunde el acosado con el acosador». El resto de alumnos suelen jugar diferentes papeles, mientras unos jalean, les hace gracia o simplemente ríen las gracias al acosador, otros grupos miran para otro lado. No obstante, desde que se puso en marcha hace dos años el programa Tutoría Entre Iguales (TEI), la situación está revirtiendo y son los propios alumnos los que están consiguiendo dar la vuelta a este fenómeno. «Logramos que el pasivo pase a ser activo, no para apoyar al acosador, sino para apoyar a la persona acosada para que de alguna manera vaya dando a entender al acosador que no tiene sentido su actuación», apunta Fernández.

Este programa, en su opinión, se ha mostrado muy eficaz en la lucha contra el acoso y en él participan 30 centros escolares de la región, algunos de ellos con «mucho éxito», destacó Fernández, para citar a renglón seguido el IES Escultor Daniel en Logroño, donde los alumnos de tercero de la ESO acompañan a los de primero para detectar posibles problemas de acoso y ponerlos en conocimiento de los profesores. Se trata de hacer de la educación la mejor herramienta para facilitar la convivencia en los centros y animar a los compañeros a que sean activos que sean agentes antiacoso, que denuncien, que lo pongan en conocimiento de los profesores, que las burlas y las mofas que hace el acosador dejen de hacer gracia.

Un sistema que cuesta poner en marcha porque hay que implicar a muchos alumnos y profesores pero que después demuestra que «hay mejor convivencia entre alumnos de distintas edades».

«La educación es la mejor herramienta para facilitar la convivencia en los centros» Miguel Ángel Fernández Director general de Educación

Aunque no hay un manual ni un libro de instrucciones para saber cuándo un pequeño está sufriendo acoso escolar, sí hay una serie de indicadores que pueden activar las alarmas como que la víctima se muestre nerviosa o inquieta sin aparente causa justificada, cambios en el estado de ánimo y que evite el contacto con determinados compañeros, entre otros síntomas. El agresor también puede mostrar una serie de comportamientos como que incumpla las normas del centro, tenga una actitud rebelde o hable de modo despectivo de los compañeros.

De acuerdo con los últimos datos de Educación, durante el curso 2017-2018, en las aulas de La Rioja se contabilizaron 15 casos de acoso escolar. Un curso antes, se detectaron 16 y el grueso de ellos se solventó dentro de los centros educativos.