«La droga te arrastra y te quita todo, solo controla quien no la consume»

«La droga te arrastra y te quita todo, solo controla quien no la consume»

Gonzalo 41 años, consumidor de cocaína desde los 20, cuenta su infierno por el consumo de cocaína

Roberto G. Lastra
ROBERTO G. LASTRALogroño

«La droga no me ha dado nunca cosas buenas; al revés, me ha quitado un montón de cosas, porque me convirtió en otra persona y me apartó de mi familia. Yo buscaba una vía de escape a mi frustración, una forma de evadirme de los problemas y al final estos son muchísimo más grandes. Pensaba que podía gestionar la situación, pero no la controlas, la cocaína te arrastra; el único que la controla es el que no consume». Tras varias recaídas, Gonzalo lleva siete meses en Proyecto Hombre para tratar de deshacerse de su adicción a la cocaína, una traicionera compañía que ha estado con él más de la mitad de su vida.

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«Empecé con 20 años, lo típico de los fines de semana con amigos e incluso cuando me quedaba en casa, pero después de casarme el consumo empezó a ser ya diario y casi las 24 horas del día: en casa, cuando iba a hacer deporte, en el trabajo... Tres y cuatro gramos cada semana, con el fin de semana incluso más», relata, para admitir que a su mujer no se lo confesó, «aunque ella lo sospechaba», hasta el año 2015, «cuando llevábamos cinco años casados, más otros casi cuatro de novios, y teníamos ya a nuestras dos hijas».

Su lucha contra la adicción empezó entonces, pero fracasó una y otra vez. «Me empecé a dar cuenta de que tenía un problema pero no podía dejarlo y cada quince días llegaba un consumo premeditado, entonces desaparecía de casa durante dos o tres días y me metía 5 o 6 gramos, mezclados con alcohol y tragaperras. Tengo que pedir créditos, me ahogan las deudas, me ahoga estar en casa... Todo», relata del tirón para pararse de repente. Los ojos se le empiezan a empañar de lágrimas y duda antes de seguir: «Realmente yo estoy en Proyecto Hombre por mis hijas. Una noche que mi mujer trabajaba tuve una recaída muy fuerte y me fui a la 1 de la madrugada de casa y dejé a las nenas, que tenían 3 y 5 años, solas toda la noche, hasta que volví casi a las 9 de la mañana. Eso no lo olvidaré nunca, no sé si me lo perdonaré alguna vez o al menos lograré cicatrizarlo de alguna manera», remacha con la voz entrecortada por la emoción.

Fue el chispazo definitivo y Gonzalo decidió llamar a la puerta de Proyecto Hombre. «Empecé en septiembre del año pasado en tratamiento ambulatorio en el centro de Proyecto Hombre de Salvatorianos, pero en marzo pasado volví a caer y ahí es cuando decidí ingresar en la comunidad terapéutica, donde llevo ya casi un mes», concreta con una sonrisa de ilusión, que refrena de inmediato: «La cosa va muy bien, el tratamiento funciona y aquí nos ayudamos unos a otros; la gente tiene un concepto muy equivocado de lo que es Proyecto Hombre». Y la sonrisa vuelve a pugnar por salir. «Estoy contento, pero no quiero pensar en el futuro, voy poco a poco, semana a semana», medita, sin poder evitar una mueca de felicidad al despedirse: «Tengo el apoyo de toda mi familia y mi mujer, que está encantada, me dice que soy otro cuando salgo los viernes para pasar el fin de semana con ella y nuestras hijas».

 

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