Los ladrones de El Villar de Arnedo: veteranos, violentos y armados

Les constan numerosos antecedentes por robo con violencia e intimidación en entidad bancaria, tenencia ilícita de armas y pertenencia a organización criminal. En sus atracos exigían a los clientes la entrega de su DNI para tenerles identificados y evitar que alertaran a los cuerpos de seguridad

L.R.

Estaban más cerca de alcanzar la edad de la jubilación (si es que los ladrones se jubilan) que de seguir pululando por las oficinas bancarias de la región en busca de nuevas víctimas. Pero lo cierto es que P.M.A y M.F.A, de 60 y 64 años de edad, respectivamente, seguían en plena actividad. De momento todos sus planes se han paralizado: el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 2 de Valladolid les ha mandado a prisión después de ser detenidos en El Villar de Arnedo instantes antes de asaltar el pasado 8 de julio la oficina de Ibercaja de la localidad, como ya informó Diario La Rioja. P.M.A. y M.F.A., más allá de su edad, son dos históricos atracadores bien conocidos por los investigadores.

Ambos contaban con numerosos antecedentes por robo con violencia e intimidación en entidades bancarias, tenencia ilícita de armas y pertenencia a organización criminal. Además, uno de ellos estaba cumpliendo condena en tercer grado por hechos similares mientras que el otro había sido detenido en 2010 acusado de atracar bancos. 

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Por eso, cuando agentes de las Unidades Orgánicas de Policía Judicial de las Comandancias de Valladolid y Zamora comienzan a investigar dos atracos registrados en ambas provincias (en marzo y en mayo), enseguida vieron elementos de conexión con otro registrado en Navarra (en febrero). Todos habían generado una gran alarma social por la peligrosidad y contundencia de su ejecución, en ellos se había empleado violencia e intimidación y en todas las imágenes captadas se veía la misma arma de fuego.

Las investigaciones apuntaron hacia los dos detenidos que, pese a haber sido detenidos y condenados, seguían actuando bajo el mismo patrón en todos sus golpes: Uno entraba en la sucursal mientras que el segundo de los delincuentes se quedaba en la puerta principal vigilando y esperando a que su compañero, ya en el interior, redujera a los empleados y clientes, momento en que accedía el segundo de los atracadores. Su objetivo era la caja fuerte. Si no conseguían forzarla, se conformaban con lo que hubiera en las ventanillas de atención al público.

Su rúbrica final siempre era similar: exigían a los clientes la entrega de su DNI y les recordaban que desde ese momento los tenían identificados al tiempo que les recomendaban no avisar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Las sospechas las confirmaron las cámaras de seguridad del entorno de las sucursales atracadas: en ellas aparecían, en diferentes momentos, dos personas con una complexión física similar a la de los ahora detenidos. Desde ese momento, todos sus movimientos estaban monitorizados. También el que les llevó hasta El Villar de Arnedo.

El trabajo previo antes de dar los golpes era intenso. Recorrían pequeñas localidades con sus propios vehículos para planificar posibles atracos. Estudiaban el entorno, las medidas de seguridad, las vías de escape, los horarios de apertura y cierre... No dejaban hueco a la improvisación.

Detenidos por la Unidad Especial de Intervención

En El Villar de Arnedo tampoco... pero no contaban con la presencia de la Guardia Civil. Llegaron a primera hora de la mañana hasta la localidad riojabajeña y comenzaron a ejectura su plan. Ante la estrecha mirada de los agentes, se colocaron pelucas, gafas, pasamontañas y guantes para no dejar rastro en la sucursal.

En sus manos, una arma corta del calibre 9 milímetros. Salieron de su vehículo y se dirigieron hacia su objetivo. A escasos metros de la oficina de Ibercaja «con el fin de evitar un evidente y real peligro para la vida e integridad personal de empleados y clientes que pudieran encontrarse en el interior de la entidad» los agentes les daban el alto y detenían a ambos en el mismo instante en que se disponían a acceder a la misma. Una operación de máximo riesgo para la que se activó a un equipo de la Unidad Especial de Intervención (U.E.I) de la Guardia Civil. La élite de la élite de la Benemérita que tuvo una «participación fundamental».