(DES)IGUALDAD EN EL TERCER SECTOR

TERESA LAPRESA

Mira, Rosa, Mada, Patrizia, Evelin, Helen, Paola, Barbara, Leni, Petra, Tabea, Simay, Svetlana, Sabrina, Isabella, Janire, Bea, Celeste, Laura, Gabriela o Marian son solo los nombres de algunas de ellas. Siempre que he colaborado en organizaciones de carácter social ha sido con mayoría de mujeres a mi alrededor como compañeras. Profesionales que me han enseñado y guiado para sumergirme en un ámbito en el que, contando solo con formación en comunicación y periodismo cuando empecé, he dado pequeños pasos para enfrentarme y ser capaz de gestionar situaciones de lo más inimaginables de la misma manera que podría hacerlo cualquier hombre, aunque esto no debería ser necesario aclararlo.

Según un informe del 2017 de la Coordinadora de organizaciones de cooperación para el desarrollo, el 67% del personal remunerado en España es femenino. Sí, el Tercer Sector es un entorno muy feminizado, ya que la mayoría de personas con formación en Ciencias Sociales y Humanidades somos mujeres. Pero, ¡atención! El cuento cambia cuando hablamos de cargos ejecutivos, ya que solo un 32% accede a puestos de dirección o presidencia en este tipo de organizaciones. El 68% son ejercidos por hombres. No cuadran los números, ¿verdad?

Aunque la perspectiva de género es uno de los ejes fundamentales en el ámbito de los derechos humanos, el techo de cristal y la discriminación a la que nos enfrentamos sigue siendo una desagradable y sorprendente realidad. ¿A qué se debe? Aún vivimos en una sociedad heteropatriarcal en la que nuestro rol es el de madres, el de cuidadoras. Seguimos siendo quienes mayoritariamente sacrificamos nuestra carrera profesional para quedarnos en casa, y esta es la realidad a la que nos enfrentamos, independientemente del ámbito laboral. Es triste que todavía debamos recordar que nuestro papel no se limita a procrear, a velar y a dar placer.

¿Qué necesitamos para cambiar estas dinámicas de desigualdad? Educación para que desde la infancia entendamos que todas las personas tenemos los mismos derechos y merecemos las mismas posibilidades, independientemente de nuestro género u orientación; y políticas de conciliación laboral suficientes para conseguir que mujeres y hombres dispongamos de idénticas condiciones y oportunidades.

La igualdad de género ocupa el quinto de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030. Las mujeres no solo nos vemos afectadas por todos estos objetivos, sino que poseemos la capacidad para desarrollarlos. El esfuerzo desde las organizaciones defensoras de los derechos humanos debe centrarse en defender la erradicación de la violencia de género en todas sus formas, en combatir el machismo y en que niñas y mujeres tengamos acceso universal a la salud reproductiva, a la escolarización y a los recursos económicos, entre otras muchas cosas. Pero su tarea no termina ahí. Las entidades del Tercer Sector, del mismo modo que todas las demás, también deben hacer un ejercicio de examen, análisis y autocrítica con el propósito de darnos las mismas posibilidades a mujeres y hombres, desde sus cimientos hasta los puestos más altos.

Hoy, 8 de marzo, y el resto de días del año, gracias a las mujeres que no se callan, que enseñan, que inspiran, que han sacrificado todo para conseguir lo que tenemos ahora y a las que continúan luchando para que, por mucho que algunos se empeñen, no volvamos atrás.