Hombres entre mujeres: ellos tienen algo que decir

:: rafael lafuente/museo Würth/
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Hombres que son minoría entre mujeres nos cuentan qué significa para ellos la igualdad

Estíbaliz Espinosa
ESTÍBALIZ ESPINOSALogroño

En su ámbito laboral Germán, Jose y Martín se desenvuelven entre mujeres y responden a las directrices de una jefa. No es lo habitual, pero ellos no le dan ninguna importancia. Después de todo -y ahí coinciden los tres-, no se trata de hombres o mujeres, sino de personas. También coinciden en declararse 'feministas'. Más aún, «todo el mundo con dos dedos de frente debería serlo porque feminismo es igualdad. Por lo demás, cada persona es como es y punto», comenta Germán Mosquera.

Cuando él entró a trabajar en la Casa del Libro de Logroño no se planteó si el resto de la plantilla (suman 8 personas, con la directora, Cristina Saenz) eran mujeres o no. «Eso se mide por buenas o malas personas, trabajadoras o no, pero eso de que sean hombres o mujeres es algo que no me afecta y creo que no debería de afectarle a nadie».

En el caso de Jose Fernández Prado, son ya doce los años que lleva en el equipo del Museo Würth La Rioja como responsable del montaje de exposiciones. Un equipo de seis personas, con Silvia Lindner al frente, y donde Jose se considera 'una más'. «Estoy feliz en mi trabajo con las personas con las que trabajo, con la persona que dirige mi trabajo y con el ambiente y la cordialidad que tenemos entre todas. Soy feliz», sentencia casi en tono exclamativo.

El caso de Martín Sáenz Palacios es muy similar. Dice que «trabajar con mujeres es muy agradable, es un gustazo». Él lo hace en el supermercado Mercadona de avenida de la Paz desde su apertura, hace más de 25 años, donde calcula que serán unos 8 o 9 hombres en una plantilla de unas 70 personas. Martín se encarga del reparto a domicilio y hoy, precisamente, cumple 52 años.

La buena sintonía de los tres con sus compañeras se evidencia en la sesión fotográfica para este reportaje. Durante el posado, todas arropan a nuestros protagonistas sin pero alguno, con buen humor y cariño.

Ellos presumen de una relación de igual a igual en su entorno laboral. «En la tienda somos gente joven, explica Germán Mosquera. Ellas son mujeres cultas, leídas... y sus conversaciones no pasan por tópicos como la moda; hablamos de libros, de clientes, de temas que nos interesan a todos. La única cosa excepcional quizá sea que me siento muy arropado por ellas. Me tratan muy bien y yo me siento muy a gusto; claro que yo también intento que ellas lo estén». Su única duda surge a la hora de echar una mano a sus compañeras en trabajos de fuerza. «No me hacen ver que se lo tomen a mal, pero sí es cierto que muchas veces niegan esa ayuda, y me parece perfecto».

Jose Fernández se confiesa una persona muy emocional. «Pienso que tanto hombres como mujeres tienen su lado masculino y femenino, y si potencias ambos lados tienes una vida mucho más feliz. Yo creo que mi lado femenino está vivo, y las emociones que vivimos en el trabajo y las formas de expresarlas son muy normales».

También de igual a igual es el trato que se dispensan entre compañeros en Mercadona, explica Martín Sáenz, si bien considera a las mujeres algo más dialogantes; «es más fácil llegar a acuerdos con ellas». Y como jefas también salen ganando, según su experiencia. «Los jefes que he tenido eran más de ordeno y mando, pero con las mujeres, si sabes elegir el momento, te entiendes».

Sin brechas y conciliando

En sus respectivos trabajos la conciliación familiar se practica en igualdad de condiciones y la brecha salarial no existe. «En la librería se hace todo lo posible por facilitarnos las cosas (cambiar horarios, cubrir una ausencia, etc.). La directora es muy sensible con estas cosas y trabaja mucho la comunicación», apunta Germán.

En el caso del Museo Würth, comenta Jose, «todos somos exactamente iguales. La conciliación es algo muy importante y la vivo de cerca tanto por parte de mi mujer como de mis compañeras, algunas de ellas con reducción de jornada, y soy el primero que defiende a ultranza que esto tiene que ser así, es un derecho».

Para Martín, «el tema de la conciliación, no solo en Mercadona sino en la sociedad en general, es más la mujer la que lo soporta, pero aquí se dan facilidades a todo el mundo por igual. Hay un buen entendimiento entre empresa y trabajadores, que tienen un horario conocido con bastante anterioridad, generalmente de mañana o de tarde, es decir, hay unos buenos horarios, y en los casos de madres jóvenes la empresa los intenta adaptar. Muchas compañeras tienen jornada reducida, otras no, y eso se lleva bien. Yo no tengo hijos, pero sí he tenido que atender a mis padres y me han dado las mismas facilidades». Las nueve tiendas que Mercadona tiene en territorio riojano están dirigidas por mujeres, y tanto en su plantilla como en cargos directivos el 83 por ciento son mujeres.

Pero la situación de normalidad e igualdad que viven en sus entornos laborales no les libra de ser diana o testigos de ciertos micromachismos, que generalmente achacan a personas de más edad.

A lo largo de sus 18 años de vida laboral Jose Fernández dice haber notado una evolución positiva en este sentido. Con todo, ha tenido que escuchar cosas como ¿Qué tal con tantas tías?, ¡Te pondrán la cabeza como un bombo! o ¿Qué tal llevas que te mande una mujer? «Y yo no me había percatado que tuviese que llevarlo de una manera u otra», dice, para luego volver a insistir en que él trabaja con personas, que en su caso concreto son chicas.

Tanto Martín como Germán y Jose han vivido la misma situación en sus trabajos, cuando algún cliente o visitante se ha dirigido a ellos directamente, sorteando a la compañera que estaba al lado. «Normalmente es gente mayor la que tiende a hablarme a mí, así que yo miro a mi compañera y así rompo la dinámica», explica Jose. Germán es más directo. «En esos casos le digo al cliente, y además es cierto, que mi compañera sabe más del tema que yo. Cuando la gente es así intento que les atiendan ellas para que vean que lo van a hacer de maravilla». «La gente joven no cae tanto en eso, la educación que ha recibido es muy distinta», matiza Martín.

Tras la normalización

Comprometidos con la lucha por la igualdad, ellos tienen claro el camino avanzado y el que resta. También tienen su opinión. «Personalmente, como Jose, me parece muy mal que a esto se haya tenido que llegar por cupos obligados y que no haya sido la sociedad la que, de forma natural, lo haya normalizado. Si lo conseguimos normalizar gracias a esos cupos, maravilloso, pero me da pena tener que hacerlo de forma obligada».

Para Martín Sáenz la clave está en educar desde la infancia. «La educación influye mucho y, desafortunadamente, los clichés siguen muy presentes; a las niñas las sigues viendo con su carrito y a los niños con su metralleta».

«No quiero que las mujeres cambien ni nada, quiero que cada uno seamos como somos -opina Germán-. Me fastidia incluso que hoy en día se tengan que hacer noticias sobre esto, cuando en realidad tendría que estar más que normalizado. Por desgracia, queda por hacer».

Para cerrar este reportaje propongo a Jose Fernández que me rebata falsos mitos machistas a partir de su experiencia. Y lo hace de carrerilla: «Se lleva extremadamente bien que te mande una mujer. Yo en el trabajo tengo compañeras y son mis amigas porque nos queremos todos con locura; llevamos doce años tirando del carro y eso se nota. No estamos todo el rato hablando de bolsos ni aquello es un gallinero ni soy el jefe de ningún harén -me han llegado a llamar sultán-. Para nada. Yo soy una chica más del Museo Würth La Rioja».