Cumpliendo el sueño finés

María posa en el mercado de la plaza del Senado. :: M.M.G./
María posa en el mercado de la plaza del Senado. :: M.M.G.

DIEGO MARÍN A.

Afirma la joven María Martínez García que «desde cuarto de la ESO supe que quería ir de Erasmus, pero no solo eso, sino que quería ir a Finlandia». Y allí está, cursando su cuarto año de Ingeniería Agrícola gracias a una beca, después de haber iniciado sus estudios en la Universidad de La Rioja. Todo comenzó por un trabajo sobre la educación finesa que realizó y «se afianzó más aún cuando en un campamento internacional conocí a varios fineses y me enseñaron todavía más cosas maravillosas sobre ese país».

Asentada en Helsinki tras cuatro meses en Finlandia ya considera que «está siendo la mejor experiencia de mi vida». «La cultura finesa es tan distinta a la española que cada día que pasa descubro nuevas cosas que me sorprenden», expone, y añade que «la puntualidad finesa es lo que más me está costando porque como buena española suelo ir a los sitios 'pillada' con el tiempo, y que llegues tarde les sienta muy mal». Quizá por eso María, de 21 años, declara que no encuentra «ningún parecido entre los fineses y los españoles o riojanos ni a la hora de salir de fiesta, de estudiar, la forma de vida, nada». Y es que «la vida en Helsinki es muy cara en comparación con España».

No obstante, lo que más le gusta hacer es «quedar con amigos e irnos a tomar un café o una cerveza y jugar al billar», que está muy de moda en Finlandia. Ya con más tiempo aprovecha para viajar y visitar el país: «He hecho varios viajes a parques nacionales y creo que, de momento, lo mejor ha sido visitar Laponia con la villa de Papá Nöel, toda esa cantidad de nieve y haber sido capaz de sobrevivir a los veinte grados bajo cero que tuvimos una noche».

«No puedo estar más feliz por toda la gente que he conocido»

Por supuesto, añora pasear por el más cálido Logroño y abrazar a la familia y a sus amigos. «Ahora, en invierno, solo tenemos unas cinco horas de sol y siempre está nublado», subraya María, pero, «sobre todo, lo que más más echo de menos, sin duda, es la comida: ¡menuda gastronomía mediterránea, qué gusto tener tanta variedad!». «El Erasmus es algo que te hace madurar como persona y te abre la mente al resto del mundo porque conoces una gran cantidad de culturas y tradiciones de las cuales aprender y sobre todo disfrutar», reflexiona valorando que «aún me queda medio año y no puedo estar más feliz por toda la gente que he conocido y me queda por conocer».

 

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