Los críticos denuncian que se les negó ofrecer explicaciones y dar su versión a la asamblea

Javier Rubio, discretamente, en las últimas filas de la asamblea. /  DÍAZ URIEL
Javier Rubio, discretamente, en las últimas filas de la asamblea. / DÍAZ URIEL

A. G. LOGROÑO.

Lo esperaban y ayer se consumó. Los catorce expedientados, y ahora expulsados, del sindicato agrario ARAG-Asaja tienen recurrida judicialmente la decisión al considerar que incumple los estatutos, aunque este asunto llevará su tiempo. La otra fórmula para haber anulado la decisión de la directiva era haber logrado que al menos el 50% de los compromisarios de la asamblea hubiera votado en contra: «Hablamos de una organización que presume de tener 3.000 asociados y el hecho es que se ha decidido nuestra expulsión con únicamente 195 votos», explica Agustín del Campo, exvicepresidente de ARAG-Asaja con Javier Rubio y con una trayectoria de 25 años de militancia. «La presión que ha habido -continúa- ha sido enorme para que se votara a favor de echarnos y está claro que, con las condiciones que pusieron para las elecciones y nuestra votación, informando mal y tarde a los asociados de las mismas, iba a salir adelante».

Del Campo denuncia asimismo que «pedimos a los órganos directivos, incluso al presidente nacional, que nos dejaran explicar nuestra postura y nuestra actuación ayer ante la asamblea antes de la votación pero se nos denegó cualquier opción de dirigirnos a nuestros compañeros». «Lo que sabemos -continúa- es que mucha gente no ha ido a la asamblea por no enfrentarse».

 

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